Nolito, en la concentración de la selección española en Las Rozas
Nolito, en la concentración de la selección española en Las Rozas - Isabel Permuy
Selección Española

Nolito, el gol callejero de España

Criado por sus abuelos en una barriada de Sanlúcar lejos de su madre reclusa, el jugador del Celta recuerda su complicada infancia

Actualizado:

Nolito paga estos días la cuota del novato, reclamado por la mayoría de los medios de comunicación porque siempre se agradece una cara nueva. Y él, además, tiene historia, una historia alejada del glamour de la pelota, una historia conmovedora con final feliz. Tiene 28 años, brilla con el Celta y Vicente del Bosque le abre las puertas de la selección, el premio al trabajo de «un currante». Así se define Manuel Agudo Durán, nombre común para un jugador de la calle.

Va de lado a lado en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas, sin poner reparos a una foto o a un posado. Sonríe y exhibe el corrector dental y se sienta para hablar de su vida, marcada por una infancia complicada. Su madre biológica, que no pudo ocuparse de él por estar en prisión, tuvo que renunciar a su educación y entregó al niño a sus padres, a los abuelos de Nolito. De ahí que cuando el jugador habla de papá y mamá se refiere a la abuela Dolores y al abuelo Manuel, a quien dedica todos los goles porque falleció en 2008. «A veces sí he podido echar de menos a mis padres, aunque para mí son mi abuela y mi abuelo. Fueron ellos mis padres, los que me educaron. Toda la vida. A todos los niños les iba a recoger el padre o la madre y a mí mi abuelo, que era un poco mayor. Pero he sido muy feliz en mi infancia. He tenido problemas como muchas personas, aunque mi vida es esta y me gusta».

Juguetes, los justos

«Mi abuelo era marinero, y nosotros éramos muchos. Había que comer antes que jugar»

Problemas comunes en una familia interminable (su abuela tuvo 11 hijos y son una treintena de primos), que peregrinará desde Sanlúcar de Barrameda a Huelva para verle con España. Su abuela, a la que define como su madre, admite sin vergüenzas que tenía que pedir papillas a Cáritas para dar de comer al chico y Nolito habla ahora de ese trayecto con orgullo. «Sí, claro que recuerdo esa etapa. Todos mis tíos son como hermanos porque me crié con ellos». Y con ellos compartía momentos y risas, despreocupados desde la inocencia de los niños que se contentan con lo que tienen. «Juguetes, los que podía. Mi abuelo era patrón de barco, era marinero, y nosotros éramos muchos. Había que comer primero antes que jugar. Mis amigos tenían tres regalos y yo tenía uno, si llegaba. Y para compartir. Nos conformábamos con poco porque lo primero era comer y vestirse. Estoy contento de la familia que me ha tocado». De ahí que celebre su momento, emocionado cuando habla de su mujer y de su hija.

Después de dar tumbos por el mundo, se gusta en Vigo y Del Bosque le tiene en cuenta. «Me acuerdo de muchos momentos malos, de las personas que han estado conmigo toda la vida, me acuerdo de la mierda, como yo digo. Son muchas cosas malas y ahora estoy en un momento muy feliz, muy contento». Él mismo describe esa «mierda» de la que habla, ganador en la pelea de la vida. «Me tuve que ir joven de casa, me separé de la familia y de mis amigos. Me acuerdo de cuando mi abuelo me llevaba a entrenar. Me acuerdo de todo, de amigos que me han apoyado y que siempre han confiado. De cuando no he jugado, de cuando lo he pasado mal. De mi mujer, que cuando llego a casa cabreado por algo lo pago con ella. Son cosas que no se ven y parece que ser futbolista es muy bonito y que todo es fácil. Ahora mire, ha llegado el premio y hay que seguir. Lo mejor está por llegar».

Habla un delantero callejero, de los que quedan pocos porque al niño le gusta más gastar horas con maquinita en vez de estar fuera de la casa. Y eso a Nolito le irrita, espontáneo en su respuesta. «Se está perdiendo el fútbol de la calle. Con la Play y la PSP de los cojones los niños están atontados. He jugado mucho en la calle y me gusta. En verano sigo jugando en la pista con mis amigos», desvela. Lo ha hecho toda la vida, aunque no siempre había pelota. «Casi siempre jugaba con la de otro amigo. Éramos de una barriada humilde y a lo mejor las madres no nos podían comprar un balón. Pero siempre había alguien que tenía uno de los buenos».

El papel de Luis Enrique

Es Nolito, que ha pasado por muchas pizarras, pero que tiene claro quién ha influido más en su carrera. «Luis Enrique (le tuvo en el filial del Barça y en el Celta) me ha marcado para lo bueno y para lo malo. Siempre ha sido directo y claro conmigo, me enseñó a ver el fútbol de otra manera. Él me hizo ver que podía vivir de esto. Me decía que era buen futbolista, pero que me lo tenía que creer y cuidar aspectos como el de la alimentación. En esa etapa, o iba para arriba o iba para abajo. Fue clave».

Vivió en una montaña rusa desde que su papa-abuelo vio que le daba bien, que había futuro en el deporte. «Va para figura», explicó a su mujer. Algaida de Sanlúcar, Atlético Sanluqueño, Mestalla, Écija, Barcelona, Benfica, Granada y ahora Celta, de punta a punta para cumplir con una ilusión. «Lo que me hizo madurar fue cuando me fui a Valencia con 16 años. Me fui solo, a otra vida diferente. Desde ahí he estado siempre fuera. Llevo fuera mucho tiempo», relata, algo nostálgico porque en el fondo le tira su gente y su tierra. «He aprendido de todo en esta vida. De lo bueno y de lo malo. En todos los sitios te enseñan cosas y ves otras realidades».

Para terminar, un lema. «No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita». Lo suscribe el gol humilde de esta nueva España, Manuel Agudo Durán.