Fórmula 1

Fórmula 1, mil vidas del deporte extremo

La F1 ha pasado de la artesanía y los coches sin cinturón a la exclusividad y el auge social de carreras nocturnas en países emergentes

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Sesenta y nueve años atrás, el 13 de mayo de 1950 cuando se inauguró un deporte de apariencia extrema denominado Fórmula 1, el italiano Giuseppe Farina ganó en el circuito de Silverstone sin un casco en condiciones, más bien una gorra de cuero, con un coche de aspecto artesanal que no tenía cinturón de seguridad y promedió una velocidad de 176 kms/h. Mañana se celebra en Shanghái (China) el Gran Premio número 1000 de la historia de la F1. Y todo ha cambiado de modo radical.

Hamilton venció el último GP, el 999 en Bahréin, con un Mercedes de motor híbrido que recupera energía en cada frenada y calor del escape como carburante, con un mono ignífugo, un habitáculo para el piloto a prueba de bombas y un apéndice que protege su cabeza (el halo). Condujo en un circuito en medio del desierto de un país del Golfo Pérsico cuya economía emerge por encima de la media mundial. Como Abu Dabi, Azerbayán o Singapur, nuevos destinos en Asia para un deporte captador de dinero. Hamilton ganó a una velocidad promedio de 239.288 km/h.

«Ha cambiado todo –analiza para ABC el expiloto Emilio de Villota, de 72 años–. El cambio principal es que antes las carreras consistían en tomar la salida y correr. Los pilotos no pensábamos en nada más que conducir bien y acelerar. Ahora los pilotos tienen que ser medio ingenieros, deben medir muchos parámetros: reparto de frenada, autobloqueantes, control de tracción, el mapa motor».

Otro tipo de variaciones palpables afectan a la sociabilidad de la Fórmula 1. En los 50, 60 y 70 era un deporte de condición extrema, un perro verde entre las especialidades nobles, en la que los pilotos se jugaban la vida si equivocaban la trazada y se salían de la pista. Eran héroes que fumaban y bebían antes de los grandes premios y que no aplicaban grandes estrategias porque no había repostajes ni cambios de ruedas. «El equipo que tenía un camión con elevador para los coches ya era un privilegiado», recuerda De Villota.

Hoy los pilotos y las escuderías viven en la burbuja de su exclusividad, camerinos privados en motorhomes de varios pisos, habitantes de un paddock cerrado al que solo se accede con acreditaciones vip personalizadas e intransferibles. Los aficionados, que antes casi podían cruzar la pista como si fuese una prueba de ciclismo, no tienen acceso ahora a las estrellas del volante, a su día a día en los grandes premios.

«Los circuitos son ahora algo decepcionantes. Una salida de pista no es definitiva. Las zonas asfaltadas y los tramos de tierra van contra la competitividad», juzga Emilio de Villota.

Ha cambiado de signo la geopolítica. Europa ya no es el maná, sino los países asiáticos con reservas de petróleo o gas. En 70 campeonatos, incluida el presente 2019, la F1 habrá visitado 32 naciones y 72 circuitos, todos los continentes salvo África. Y solo un equipo, Ferrari, ha concursado en todas las ediciones desde aquel día de mayo que Farina estrenó la F1.