Vuelta a España

Parar o no parar, fuerte bronca en Toledo

El Movistar aceleró en una caída de Roglic a 60 kms y su director dijo que la UCI benefició al líder. Triunfo de Cavagna

TOLEDO Actualizado: Guardar
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Fair play. Juego limpio. Cuestiones gruesas que enlazan con la conducta moral de los deportistas y que en el ciclismo confluyen en la eterna disyuntiva de parar o no parar cuando se produce una caída de un primer espada. ¿Qué hacer? ¿Mirar, acelerar, esperar, aprovecharse? Decisiones divertidas que forman parte del show y que quedan al criterio de cada cual. Sucedió camino de Toledo. Cayó el líder Roglic y el Movistar apretó de inmediato el paso para sacar partido al percance a 60 kms de meta. Una maniobra que pareció indecorosa porque el equipo telefónico no estaba en cabeza. «Pero estaba previsto –protestó su director, José Luis Arrieta–. Analizamos recorridos y sabíamos que habría viento». Roglic llegó a ceder un minuto junto a Supermán López, pero el Movistar se detuvo al cabo de unos minutos, según dijeron, por la acción de los comisarios de la UCI. Los árbitros. «Entendemos que la UCI ha dicho que iba a traer a todos a rueda de los coches. Si esto es ciclismo y la UCI decide quién va a ganar una carrera, pues perfecto», lamentó Arrieta. No sucedió nada. Quedó el debate eterno. La ética. Parar, esperar, machacar... Como la vida misma. En Toledo, en el brillante final empedrado en cuesta, venció otro Deceuninck, el francés Remi Cavagna.

La Vuelta se trabaja la suerte. No da tregua una carrera que se presentó sin grandes figuras, sin un referente español al margen del eterno Valverde, sin un líder del Ineos ingobernable en el Tour. Esta ronda siempre ofrece un aliciente, no se concede un mínimo margen para el aburrimiento o el bostezo.

El día dio la salida en Ávila en una estampa única, frente a la muralla soleada y el monumento al ciclismo abulense en la rotonda de acceso a la Ronda Vieja, donde tantas figuras (aquel Vandenbroucke indomable) forjaron la leyenda de la ciudad castellana. Con Carlos Sastre, Ángel Arroyo, Julio Jiménez en representación de la tradición abulense hacia un deporte venerado en la provincia.

Parecía la etapa tonta, el día insípido. Un error más de pronóstico. Al atravesar Escalona se produjo una caída que capturó, entre otros, a Roglic y Supermán, condenados en esta Vuelta a perseguir a los hombres del Movistar en el llano. Con la gente en el suelo aceleraron los corredores del Movistar, según explicó Luis León Sánchez «por orden de la dirección del equipo. Me lo comentó Valverde en carrera». No fue ninguna ilegalidad, y puede ser respetable, pero pareció un detalle poco honorable. Propio de los típicos trepas que todo el mundo cala en un trabajo o colectivo. Acelerar justo en el desliz de otro. El ciclismo aún se maneja con códigos. Cuando el líder para a orinar, todos paran. En los avituallamientos no se ataca. Esto no es el fútbol, donde el engaño se aplaude...

El Movistar avivó el ritmo, mantuvo a Roglic a un minuto, diagnosticó la situación y finalmente paró. Y descargó las culpas en el árbitro. Hubo coches intercalados que favorecieron el enlace de Roglic con el grupo y Arrieta descargó contra la UCI: «No comparto lo de la UCI y he dicho a los corredores que se paren, pero otras veces nos ha ocurrido a nosotros y la UCI no ha tomado esa decisión».

Valverde, que es un tipo inteligente y con escamas para calibrar la repercusión de sus declaraciones, optó por darse media vuelta nada más cruzar la meta y omitir sus impresiones a los medios que le esperaban con interés desusado.

Ajenos al berenjenal que ocasionó la intervención del Movistar, los diez fugados de la jornada midieron su fatiga en la aproximación a Toledo, una estupenda ascensión al casco viejo de la ciudad, vistoso empedrado en rampa, una delicia para Valverde... Allí venció el campeón de Francia contrarreloj, Remi Cavagna, incontestable el Deceuninck con la victoria a la vista. Su cuarta pieza en la Vuelta, su triunfo 61 en la temporada. Una bendición para cualquier carrera.