Xavi Torres, durante la entrevista con ABC
Xavi Torres, durante la entrevista con ABC - GUILLERMO NAVARRO
Paralímpicos

Xavi Torres: el reto de llegar a lo más alto sin tener piernas ni brazos

El nadador mallorquín nació con tetracofomelia pero eso no le impidió conquistar 16 medallas paralímpicas. Ahora publica su biografía de la mano de Gabriel Forteza

MadridActualizado:

Nació «con sorpresa», como él mismo dice. Corría el año 1974 y por aquel entonces los avances científicos no permitían que unos padres supieran siquiera el sexo del que iba a ser su primer hijo. Ni mucho menos podían saber que el pequeño Xavi iba a nacer completamente sano, pero con una sorpresa llamada tetracofomelia. No tenía ni brazos ni piernas. A Vicente y Juana Mari se les planteaba un horizonte con dos opciones: patalear y quedarse de brazos cruzados o mirar hacia adelante y asimilarlo. Optaron por la segunda. Visitaron a varios médicos buscando la ayuda que algunos les prestaron, mientras que otros lo dieron todo por perdido. «Este chico no andará nunca», les llegó a decir uno de los doctores. Hoy, 44 años después y de pie sobre sus dos piernas ortopédicas, Xavi Torres cree que aquellas palabras «no tenían malicia». «Probablemente querría que mis padres no se hicieran ilusiones», comenta en una entrevista con ABC.

Si sus padres hubieran hecho caso aquel día a ese médico, quizás hoy Xavi Torres no sería quien es. No se habría convertido en uno de los mejores nadadores españoles de la historia, con 16 medallas en seis Juegos Paralímpicos, 15 en Mundiales y 24 en Europeos. Y puede que su vida tampoco hubiera dado para escribir una biografía que empieza con una clara declaración de intenciones: «Me llamo Xavi Torres y no cambio mi vida por la de nadie». «Sin miedo a caerme» (Editorial Rapitbook), escrita por Gabriel Forteza, es la historia de «un deportista top, sin ningún tipo de distinciones» que revolucionó el mundo paralímpico y consiguió atraer a los patrocinadores. «Igual que nos acordamos de Indurain, Nadal o Contador, siempre tendríamos que tener un recuerdo para Xavi Torres, por lo que hizo y por cómo es», asegura el autor.

Los padres de Torres fueron claves en su futuro, pero también su optimismo y su sentido del humor, algo que lució desde bien pequeño. Con año y medio ya calzaba unas prótesis y las entendía como un juego en el que tenía que aprender a no caerse. También eran un divertimento cuando llegaba a la playa y le pedía permiso a su madre para quitárselas. Ocultaba sus piernas en la arena y cuando veía a alguien pasar por la orilla salía corriendo sin las prótesis. Con ellas parecía un chico serio, pero cuando se las quitaba era una atracción. «No siempre las cosas son como esperas o como quieres que sean, así que no está mal saber reírse de uno mismo, es un buen ejercicio», recomienda Torres. Y sigue su propio consejo en las redes sociales, donde ironiza continuamente con su discapacidad, llegando a convertirse en viral al comparse con un trofeo sin brazos que le entregaron a Messi.

Susto en la piscina

Su idilio con el agua empezó con un susto. Cuando tenía tres años, Xavi jugaba en la piscina con sus primos sin ningún tipo de miedo; se tiraba de «bomba» una y otra vez, pero en una de esas veces los manguitos se le escaparon y se fue directo al fondo. Su padre se lanzó corriendo para sacarlo y él salió del agua riendo y queriendo volver a saltar. Para él fue un juego más, aunque para sus padres fue un susto del que salió una gran decisión: había que enseñar al niño a nadar. «Me gustaba el agua porque no había gravedad y no tenía miedo a caerme», recuerda.

Primero aprendió a flotar con una boya atada a una cuerda y a los 11 años se lo tomó más en serio. Lo que al principio fueron unas clases de natación terapéutica para fortalecer la espalda y evitar desviaciones de columna por el uso de las prótesis se acabó convirtiendo en un aspecto clave de su vida. «Me cuesta pensar que sin la natación hubiese tenido una vida tan intensa. El deporte te ayuda a conocerte y a mí me ha servido para afrontar la discapacidad», asegura Torres.

Aquello fue el germen de un gran deportista que aún guarda su primera medalla, que no fue en la piscina sino en un campamento de verano en el que tuvieron lugar unos pequeños «Juegos Olímpicos». Al terminar, los monitores les dieron un poco de arcilla y Torres creó su propia medalla con la inscripción «Barcelona 92». Toda una premonición, ya que solo seis años después cambiaría el barro por un oro, dos platas y dos bronces en los Paralímpicos que se celebraron en la Ciudad Condal. Fue el inicio de una larga carrera que se cerró con 16 metales en Londres 2012.