Dopaje

Vuelve el veneno de Juanito Muehlegg

El antidopaje español detecta de nuevo el uso de Aranesp 17 años después del positivo del esquiador

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El asunto va de dopaje retro porque en el laborioso mundo que trabaja para señalar a los tramposos en el deporte se ha detectado una sustancia antigua, que creían en desuso los investigadores y que se hizo célebre no tanto por su nombre (Aranesp, la darbepoetin alfa) como por su consumidor, el insigne esquiador Johann Muehlegg, que fue Juanito mientras era un héroe nacionalizado procedente de Alemania y volvió a ser Johann cuando dio positivo por este producto en los Juegos de Invierno de Salt Lake City en 2002.

Cuando se temía la irrupción del dopaje genético y la invasión de deportistas convertidos en robots mediante la introducción de un gen artificial en el cuerpo que podía modificar su expresión génica, en los laboratorios españoles y en la Agencia para la Protección de la Salud en el Deporte (AEPSAD) se comprueba que la crisis también ha hecho efecto en el tránsito de sustancias ilegales. Se ha producido un retorno a medicamentos prohibidos de los que no se tenía noticia desde hace tiempo.

Es el caso del Aranesp, que ha sido revelado en alguno de los expedientes que se han tramitado en los últimos tiempos pos los especialistas de la lucha antidopaje. A Johann Muehlegg se le acabó la vida deportiva el 25 de febrero de 2002 cuando se descubrió que detrás de sus hazañas en el esquí de fondo, de sus pulmones colosales, se escondía una variante de la famosa EPO que hasta ese momento era indetectable, el Aranesp. Juanito perdió sus medallas, su aureola de ídolo popular y su credibilidad como deportista. Desapareció de la faz de la tierra hace 17 años.

El Aranesp, marca registrada por los laboratorios americanos Amgen, era una EPO cara y más cómoda en su modo de empleo. Su ventaja terapéutica respecto a la eritropoyetina venía determinada por la vida media del fármaco en la sangre del usuario, ya que reduce el número de dosis a un tercio. Tres dosis de EPO equivalen a una de darbepoetin alfa. Uno o dos pinchazos al mes son suficientes para el deportista con ganas de hacer trampa.

Más glóbulos rojos

La darbepoetin alfa basa su función en la estimulación de la médula ósea al producir un estimable aumento de las células rojas, del mismo modo que lo haría la propia eritroproyetina producida por el riñón de manera natural. Entendían los usuarios que a menor número de pinchazos, menos posibilidad de ser descubierta.

Sucede algo parecido ahora en los deportes de resistencia que vigila con especial dedicación la Agencia Antidopaje (ciclismo, atletismo, natación o triatlón). Hace tanto tiempo que el Aranesp parecía fuera del mercado que los defraudadores podían pensar, según las fuentes consultadas por ABC, que los laboratorios ya no estarían adecentados para captarla.

Muy cara y muy arriesgada también, ya que un uso abusivo del fármaco multiplica los síntomas dañinos por dos: dolores musculares, hipertensión, hipotensión y a más largo plazo, un espesamiento de la sangre que podría provocar trombosis venosas.

En esa vuelta al dopaje retro, las autoridades del antidopaje español avistaron hace tiempo algunos productos que se consideraba habían pasado a mejor vida desde hace décadas. Es el caso del carphedon, una sustancia de la familia de los nootrópicos ligados al piracetam, que se desarrolló en 1983 en la antigua Unión Soviética y que, tratándose de un dopaje light, se utilizó por costumbre en los deportistas de la antigua URSS. El carphedon tiene propiedad antiamnésicas, antidepresivas, ansiolítica y favorecedoras de la memoria.

La misma retentiva que hizo falta en el antidopaje español para evocar la sustancia que acabó con Muehlegg.