Roi Rodríguez, tras una de las series del pasado Europeo
Roi Rodríguez, tras una de las series del pasado Europeo - RFEP
Piragüismo

Roi Rodríguez, un ingeniero en la piragua

El gallego, nuevo talento de la inagotable cantera del piragüismo español, aspira a subir al podio en el Mundial que comienza esta semana

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La piragua de Roi Rodríguez (Vigo, 1994) es especial. Científica. Cuando entrena, siempre lleva encima algún «cachivache» electrónico que le ayuda a medir las paladas. Resortes electrónicos que nacen de su profesión de ingeniero y que buscan una mejora en la competición. «Me gusta bastante cacharrear con todo tipo de aparatos y con todo lo que se pueda aplicar al rendimiento dentro de la piragua. Trato de emplear todo lo que aprendí en la carrera para analizar los movimientos de la piragua cuando vas paleando, para ver si hay diferencia entre uno y otro lado, ver por qué uno entra con más potencia y mejorar. Hay un montón de parámetros que se pueden analizar. La técnica de la piragua es bastante compleja y pequeños cambios pueden significar una diferencia bastante grande. Porque una décima cada cien metros es un segundo al final de la prueba, y eso es muy importante», señala con pasión científica. De hecho, no es raro verle explicando esos consejos a sus compañeros. Incluso a su entrenador de toda la vida, Esteban Alonso, que está convencido de que este Mundial (empieza el miércoles) debe ser el de la explosión definitiva de su pupilo, con el que trabaja desde que era un niño.

Fue un campamento de verano lo que enganchó a Roi para siempre a la piragua. Aquel niño que disfrutaba haciendo cualquier deporte no sabía aún que ese paseo inocente «en barca» por el río iba a terminar convirtiéndose en una rutina diaria. En su forma de vida. Así que este gallego de trato amable y tímido, que sueña con los Juegos de Tokio, se enamoró del piragüismo con solo ocho años, aunque tardó en darse cuenta de lo bueno que era. Solía llegar de puntillas a los Nacionales y salía por la puerta grande, pero no fue hasta el Europeo júnior en 2016 cuando se convenció de que podía ganar a cualquiera. «Ese día me quité cualquier límite. Me di cuenta de que si trabajaba bien podía lograr todos mis sueños, así que me propuse entrenar más para poder alcanzarlos», explica Rodríguez a ABC días antes del Mundial de piragüismo que esta semana se celebra en Portugal, a solo tres horas en coche de su casa.

Recuerdos de Pekín 2008

Es allí, a un puñado de kilómetros al norte de Montemor do Velho, donde Roi cultiva esos sueños con forma de aro olímpico. Porque tras quedarse fuera de Río 2016, los juegos de Tokio dentro de dos años son su objetivo principal. El anhelo por el que se despierta cada mañana para subirse a la piragua. «Sueño con la clasificación olímpica. A Brasil no pude ir porque estaba centrado en los estudios. Quería acabar la carrera -es ingeniero informático- y no pude dedicarme al cien por cien, pero ahora espero conseguirlo», señala ilusionado. Para conseguirlo, el gallego tiene por delante una tarea titánica por «culpa» del altísimo nivel que atraviesa el piragüismo español.

«No sé explicar por qué en España somos tan buenos en este deporte, porque además tampoco tenemos tantas ayudas para que sea así. Creo que coincidió una generación muy buena y hemos tirado unos de otros para subir el nivel. Que haya tantos palistas buenos te obliga a mejorar si quieres tener sitio en los barcos. Por eso el selectivo nacional es tan duro. Es una prueba psicológicamente muy complicada, pero que ayuda luego a enfrentarte a los rivales en los campeonatos internacionales», afirma Rodríguez, que creció viendo cómo España acumulaba medallas olímpicas en Atenas, Pekín y Londres. «Ídolos nunca tuve, pero sí que recuerdo los Juegos, viendo a David Cal y también a Craviotto ganando el oro junto a ‘Perucho’. Fueron momentos que se quedaron grabados para siempre en mi cabeza», afirma. Casi una década después, Saúl Craviotto sigue siendo un referente, el capitán del equipo nacional, espejo en el que mirarse a la hora de afrontar el futuro.

«No cocino como él, pero me defiendo -bromea-. Lo de Saúl es increíble. Llegar a lo más alto no es fácil, pero mantenerse ahí arriba tanto tiempo es algo al alcance de muy pocos. No coincido mucho con él, pero cada vez que tengo la oportunidad trato de aprender», señala el gallego, el único de los miembros del equipo español que entrena fuera de la concentración permanente. Como le ocurría a David Cal, el entorno y la cercanía con su familia son fundamentales por ahora para Rodríguez.

Su prueba, el K1 1000 metros, es una de las más exigentes del programa olímpico. La que coronó a Marcus Walz en Río 2016 y con la que sueña cada día el gallego. «Es una de las modalidades más complicadas, porque tienes que mantener la concentración durante mucho tiempo. Es muy psicológica y, a la vez, muy física», apunta Roi Rodríguez, que apunta alto en un Mundial en el que estará arropado por buena parte de sus amigos y familiares.