El espectador al que golpeó la bola de Jon Rahm se tomó con buen humor el incidente
El espectador al que golpeó la bola de Jon Rahm se tomó con buen humor el incidente - J. M. CORTIZAS
GOLF - PGA CHAMPI0NSHIP

Una cabeza rota, una bola pisada y 67 golpes

Jon Rahm vivió todo tipo de peripecias en una ronda que se suspendió por la lluvia

San Luis (EE.UU.)Actualizado:

El tiempo volvió a ser el protagonista una vez más en el PGA Championship. Si en las jornadas previas lo había sido por el excesivo calor y la gran humedad con la que se tenía que cuidar el campo, ayer lo fue por la lluvia. A las tres y media de la tarde (hora local) se oscureció el cielo como si se fuera a caer sobre las cabezas de los presentes en el precioso recorrido de Bellerive. Y aunque, a diferencia de los galos de Astérix nadie tenía miedo de los goterones que se avecinaban, la prudencia estipulada en el mundo del golf hizo que se suspendiera la jornada por prudencia. Es sabido que los rayos son los peores enemigos del golfista y, aunque no terminaron de descargar sobre el campo, cuando cesó la tormenta la escasez de luz hizo que se abandonara el juego definitivamente.

Hoy se reanudará a las 14:00 (hora española) con la mitad del plantel aún por terminar la segunda ronda, de manera que se pueda establecer el corte cuatro horas después e iniciar la tercera. Entre los que no terminaron se encuentran Rafa Cabrera (-2 a falta de 7 hoyos), Tiger Woods (-3, de 11) o Rickie Fowler (-7, de 8), que tienen como objetivo el menos diez que estableció Gary Woodland desde la mañana.

El resto de los españoles terminó su vuelta en el horario previsto. Adrián Otaegui realizó una gran remontada y, con 67 golpes, se colocó al par y casi se aseguró su presencia en el fin de semana, algo que tiene difícil Sergio García (+1) e imposible Jorge Campillo (+12). También con tres abajo concluyó Jon Rahm, y eso que su día estuvo repleto de peripecias.

Para empezar, su primer golpe le salió desviado a la derecha con tan mala suerte que acabó golpeando a un espectador. «La verdad es que fue mala suerte y muy llamativo, porque cuando llegué a su posición tenía la cabeza abierta, todo estaba lleno de sangre y le estaban cosiendo unos puntos los sanitarios -recordaba el vasco al terminar-. Lo bueno es que se vio que el hombre estaba consciente, de buen humor y que no fue nada más que el susto. A nadie le gusta empezar la mañana así, pero logré que no me afectara y salvé un buen par desde ahí». Como si fuera una nota de atención para lo que tenía por delante, el de Barrica se mantuvo concentrado en todo momento y no se desesperó ante los regates que le hacían las cazoletas. Sus lanzamientos con tiralíneas pasaban rozando los bordes pero, en lugar de desesperarse, se fue animando hasta que le llegó el primer birdie en el hoyo 8.

Luego lograría dos más en los hoyos de vuelta y, después del curioso momento vivido cuando requirió la presencia de un vigilante de seguridad para entrar a un baño público («sobre todo por evitarme hacer la cola», bromeó) marchaba embalado en la persecución del líder. Pero un incidente desgraciado le frenó en seco. En el penúltimo hoyo pisó accidentalmente su bola en la hierba alta y se tuvo que anotar un golpe de penalidad. «La regla está clara y soy consciente de que toqué la pelota y de que la sanción es justa -reconoció-. Lo que me da rabia es que el campo está lleno de marshalls cuya misión es ver dónde caen las bolas y nadie marcó la mía. Es su trabajo y no lo hicieron bien». Afortunadamente, este enfado no le impidió sacar unas buenas consecuencias del día y mirar con optimismo lo que queda de torneo. «Estoy jugando muy bien, muy cómodo y me he metido en la lucha para el fin de semana. Más no se puede pedir», recalcó con una sonrisa.