Andrés Calamaro y Fernando Domecq comentan la tarde de toros en el callejón de Las Ventas
Andrés Calamaro y Fernando Domecq comentan la tarde de toros en el callejón de Las Ventas - Paloma Aguilar

Una tarde de toros en Las Ventas, vista por Andrés Calamaro

«Se vivieron muchas sensaciones. A Castella, quedándose con el toro hasta cuajar faena de premio; a Roca Rey, toreando como él sabe y quiere», escribe el artista argentino

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Hoy vi toros en el burladero lindante al de los ganaderos Victoriano del Río y Fernando Domeq. Escuchando a Fernando hablar de toro y lo que el toro tiene, de cómo habrías de tratarlo... Lo Domecq tiene la ganadería en el árbol genealógico...

Me recibió Victoriano con un afecto entrañable, como a un amigo que podría ser un hijo. Nos sentamos al lado, juntos en la barrera, el viernes pasado en Jerez de la Frontera. Y muchas más veces. Fuimos juntos de Marsella a Nimes por carretera y volvimos juntos en avión. Compartimos burladero e intercambiamos saludos protocolarios, pero hoy me recibió con gratitud, amistad y respeto. Algo que ocurre con toda frecuencia en las plazas de toros.

Hoy se vivieron muchas sensaciones. Vimos suficiente: a Castella, quedándose con el toro hasta cuajar faena de premio; a Roca Rey, toreando como él sabe y como él quiere.

A los toros les faltaba un tercio, pero los toreros, que intentaron exprimir muletazos, pudieron conectar por minutos con el público de Madrid. Se discute, se gritan cosas, un pequeño grupo rechaza la corrida entera por sistema. La expectativa. Y un cielo que perdonó la lluvia.

Aroma del mar y el campo

Después del tercero de la tarde, realmente quería darle unas caladas a un porro. Tomé distancia de mis ilustres vecinos de burladero, me fui hasta el tablón mismo, pegado a la arena, fumé mi pitillo, miré el cielo de Madrid, cerré los ojos... Y sentí el aroma del mar y del campo.

Los toros fueron mucho al caballo por decisión de un presidente «formal»… Fueron al galope partiendo varas literalmente, permitieron buenos tercios de banderillas y premiaron a los toreros que supieron entender que el ganado venía a menos…

Saludé a Cesar Rincón con señas porque estábamos lejos, él comentando y servidor en el callejón. Me hizo el gesto del abrazo y el corazón. Le dije con señas que mi primera tarde en Las Ventas había sido viéndole a él… Es verdad con un margen de error aceptable.

[Sobre la tarde del 18 de mayo]