Sebastián Castella, muleta en mano, feliz tras cuajar una memorable faena con «Jabatillo»
Sebastián Castella, muleta en mano, feliz tras cuajar una memorable faena con «Jabatillo»

La conquista de la libertad, por Sebastián Castella

Autor de la faena más monumental en Las Ventas, la gran figura francesa escribe un artículo de puño y letra

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«Me gusta la idea de que somos dueños de nuestras vidas, de que podemos cambiarlas a voluntad». La frase la pronuncia Pierre Durand, el protagonista de «Jappeloup. De padre a hijo», y quizá resume mi temporada 2015, el año en que me he sentido más dueño de mi carrera,más libre, toreando como cuando era niño, con la inocencia de quien no siente que en cada muletazo se juega un triunfo. Solo así, libre de ataduras, sin presiones por abrir candados de puertas grandes, he sido capaz de disfrutar plenamente y, con ello, de hacer disfrutar al público.

Todos esos sentimientos pueden resumirse en una tarde: 27 de mayo en Las Ventas. Y llevan un nombre unido: el de «Jabatillo». Es verdad que he triunfado otras veces en Madrid, a sangre y fuego, que he salido a hombros por esa Puerta Grande en tres ocasiones anteriores, pero lo de «Jabatillo» fue mágico y me hizo sentir eso que se dice muchas veces de que el toreo es la comunión entre el toro, el torero y el público.

No se trata de un debate «Toros sí, toros no», sino de un bien superior: la libertad

A partir de ahí todo ha sido diferente. La confianza, el querer sacar todo lo que llevo dentro de mí, me ha llevado a reencontrarme conmigo mismo a través del toro. Pamplona, Valencia, Béziers, Gijón, San Sebastián, El Puerto, Ciudad Real, Valladolid, Salamanca, Nîmes, Logroño… Dicen que ha sido la temporada más completa de mi carrera y pienso que, al margen de las estadísticas y de los premios, sí ha sido la más auténtica, en cuanto a que cada tarde he hecho el paseíllo sintiéndome libre, que es lo más grande que puede sucederle a un ser humano.

Pero, precisamente por ese ansia de libertad, no puedo dejar de destacar la gran ofensiva antitaurina que sufrimos, que este año se ha recrudecido. Ya no se trata de un debate «Toros sí, toros no», sino de un bien superior, propio del ser humano, que nos quieren negar tanto a los profesionales como a los aficionados y a la sociedad en general: la libertad.

Quiero terminar estas líneas con una cita de Goethe: «La libertad y la vida se merecen si se las conquista todos los días». Seguir esperando nos hace esclavos.