Paquirri: 29 años de aquella tarde maldita en Pozoblanco

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La tarde del 26 de septiembre de 1984 quedará marcada, así pasen los años, por la noticia que sacudió España entera de norte a sur. Por la noche, en la primera cadena de Televisión Española, se informaba de la gravísima cogida del diestro Francisco Rivera «Paquirri» en Pozoblanco, una preciosa localidad cordobesa.

No existían los teléfonos móviles ni por supuesto Internet. Pero el boca a boca en el toreo ha sido, es y seguirá siendo, parte fundamental de la filosofía de unos hombres que arriesgan cada tarde su vida. Por eso, cuando se difundió la noticia, los españoles sabían que esa cornada era mortal de necesidad.

Paquirri, ídolo de masas, figura del toreo que había contraído no hacía mucho matrimonio con la tonadillera Isabel Pantoja y que fue esposo de Carmina Ordóñez, hija del maestro de Ronda Antonio Ordóñez, se debatía entre la vida y la muerte en una ambulancia por las carreteras de la sierra cordobesa camino de la capital.

No llegó a tiempo. Cuando el vehículo enfilaba hacia el Hospital, el último hálito de vida de escapaba por la boca de Francisco Rivera «Paquirri», uno de los más poderosos toreros que engalanaban el escalafón taurino.

Aquella tarde de Pozoblanco Paquirri se acartelaba con Vicente Ruiz «El Soro» y José Cubero «Yiyo». Los toros pertenecían al hierro de sus amigos Sayalero y Bandrés. Era fiesta en Pozoblanco. Era día grande…

El último toro que mató lo brindó Paquirri a un chaval rubio de flequillo caído que se anunciaba en los carteles entonces como Manuel Díaz «Manolo» y que nueve años después tomaría la alternativa en la Maestranza, el Domingo de Resurrección, de manos de Curro Romero y con el nombre de Manuel Díaz «El Cordobés».

Y salió el cuarto de la tarde, de nombre «Avispado». Negro, de 435 kilos. Paquirri, confiado, lo recibió con el capote en lances a la verónica mirando al tendido. Estaba confiado, seguro de sí mismo, de su técnica y su poder ante los toros.

Y llegó la cogida

Pero «Avispado» hizo honor, triste honor, a su nombre. Un toro que se vencía, que no iba franco del todo. Y llegó la cogida. Seca, brutal. El pitón se hundió en el muslo del torero nacido en Zahara de los Atunes y criado en Barbate.

Quedó prendido en las astas. El pitón fue penetrando más y más. Él se agarró a la cabeza del animal como queriendo vencer en ese trance. Empero, estaba enterrándose en vida.

La sangre manaba de manera brutal por el muslo. Lo llevaron a la enfermería de la plaza inmediatamente. Y allí, para la posteridad queda, aquellas imágenes de Antonio Salmoral en las que se puede observar a un Paquirri entero, firme, torero macho, que dice desde la camilla: «Doctor, yo quiero hablar con usted. La cornada es fuerte. Tiene al menos dos trayectorias, una para acá y otra para allá. Abra usted todo lo que tenga que abrir, lo demás está en sus manos. Y tranquilo, doctor».

El resto ya es historia. Historia del toreo e historia de España. Francisco Rivera «Paquirri» moría el día 26 de septiembre de 1984 tras la cogida en Pozoblanco. La Fiesta se vestía de luto por uno de sus más insignes toreros.