El Soro, sonriente banderilla en mano
El Soro, sonriente banderilla en mano - ROBER SOLSONA

Así es la pierna biónica de El Soro

El torero cuenta a ABC sus sensaciones más íntimas y su intención de torear después de una infernal lesión de 34 operaciones

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Nacido en una familia de nueve hermanos, Vicente Ruiz “El Soro” creció en la pequeña población valenciana de Foyos, donde el trabajo lo pone la huerta, y la diversión los astados. En este municipio la tradición taurina se toma muy en serio. “Para los bous al carrer no traemos vaquillas; traemos toros de Torrestrella”, apunta un vecino. Así se entiende que la cita del matador con ABC se convierta en un acto comunal, en el que vecinos, amigos y familiares aportan su punto de vista sobre una historia, la de la caída y remontada de El Soro, en la que todos han tomado parte.

Vicente Ruiz dice que los toreros son “especies de otra galaxia”. Y quizás lleva razón, porque he aquí un hombre de 52 años, que después de pasar tres confinado en una silla de ruedas (precedidos de otros diez con muletas), ahora anuncia que vuelve al ruedo. No sabe cuándo, “pero ese momento llegará”. Puestos a elegir, a él le gustaría vestirse de luces en la Feria de Fallas de Valencia.

Lo hará con la ayuda de una pierna biónica implantada por el cirujano plástico Pedro Cavadas, conocido por sus logros en el campo de los trasplantes. La concatenación de problemas derivados de una grave lesión de rodilla –pequeños tumores, defectos congénitos y un virus contraído en el quirófano- hicieron tirar la toalla a médicos de todo el mundo. “Desahuciado por todos, el único que se atrevió a meterle mano de verdad al asunto fue Cavadas”, explica Eva, actual pareja del torero y amiga desde la infancia.

Fervor religioso

No fue un proceso fácil. Hicieron falta seis intervenciones y hubo que hacer frente a un rechazo y a la persistencia de la infección, a la que finalmente le puso coto el traumatólogo Rafael Albert. “El Soro” tuvo que aguantar medicaciones tan potentes que podían matarle, pero resistió, asistido por su fervor religioso y la esperanza de volver a los ruedos. Impaciente por coger el capote, hace un año volvió a tomar contacto con los novillos. “He empezado a entrenar fuerte –explica-, tengo que volver a mecanizar los movimientos del cuerpo, porque mi pierna afectada es ocho centímetros más corta que la otra”.

“Su familia y sus amigos sabemos que lo que va a hacer es una barbaridad -musita Eva, con expresión preocupada-. Pero decírselo es discutir contra la pared. Él no entiende la vida de otra forma que no sea dándolo todo”.

24 cogidas

Tras 24 cogidas y más de cincuenta intervenciones quirúrgicas, el cuerpo del torero valenciano parece un campo de batalla. Cosido de arriba abajo como un cojín, enseña sus cicatrices con cierto orgullo: “Soy un superviviente”. El único del fatídico cartel de Pozoblanco de 1984.

No todas las embestidas han sido iguales para él. La del 8 de abril de 1994 en la plaza de toros de Benidorm truncó su vida en el cénit de su carrera. El incidente se produjo al saltar la barrera después de clavarle dos banderillas. Al caer, se destrozó la rodilla izquierda. Allí comenzó el particular infierno de dolor físico y frustración que condujo al espada de Foyos a un estado de profunda depresión y a la mala vida. Las desgracias se fueron apilando como por mandato demoníaco. “Perdí mi profesión, me separé, perdí a varios seres queridos y pasé muchos problemas económicos”, recapitula.

Fue un periodo muy oscuro, de noches perdidas y crisis de llanto. También fueron tiempos de ruina, en los amigos rellenaban su nevera vacía de vez en cuando. Nadie quería ver hundirse al mito. Y por eso, cuando la Seguridad Social le negó el pago de las operaciones de Cavadas por no haber cotizado durante unos años, la población de Foyos decidió crear una fundación. Toreros, ganaderos, peñas y seguidores del maestro contribuyeron a la causa, para la que se recolectaron 81.800 euros. El portavoz de la fundación, Vicente Puchol, dio un paso más allá. Se enteró de que Ortega Cano iba a concursar en el programa “¡Mira quién baila!” y le propuso que destinara el premio –que finalmente obtuvo- a la recuperación de “El Soro”.

El toreo y el dolor

Vicente Ruiz quiere volver a los ruedos, pero quiere estar preparado. “Siempre voy a tener actitud explosiva porque es mi temperamento, pero no va a ser igual que antes. Mi toreo está ganando en rotundidad, tiene más profundidad y sentimiento. Supongo que expreso mi dolor”.

¿Teme el juicio del público? “Lo van a entender, porque verán que ahora soy más puro y corro más riesgo” ¿No teme perder con otra lesión todo lo que le ha costado conseguir? “Hay que asumir las consecuencias de lo que se hace”. ¿Cuándo estará suficientemente fuerte para aparecer en el cartel de Fallas? “Los toreros no utilizamos la fuerza. Somos artistas. Nuestra fuerza está en la mente y el corazón”.