Un momento de la obra en el Teatro Real
Un momento de la obra en el Teatro Real - EFE

El Teatro Real presenta «Parsifal», una ópera galáctica

Semyon Bychkov dirige la obra de Wagner, situada en el período de entreguerras

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Semyon Bychkov, director musical de la producción de «Parsifal», que el Teatro Real presenta a partir del sábado, asegura identificarse con actores como Laurence Olivier, Dustin Hoffman o Daniel Day Lewis cuando empuña la batuta para dirigir esta ópera. «Ellos -dice- se transforman en el personaje cada vez que interpretan un papel. Nosotros, los músicos, hacemos algo parecido cada vez que nos enfrentamos a una partitura. Y ahora Wagner y “Parsifal” invaden toda mi existencia».

La afirmación de Bychkov puede parecer un poco exagerada, pero lo cierto es que «Parsifal» es uno de los grandes monumentos de la historia de la ópera, y uno de sus títulos más complejos, filosóficos y también largos (dura cinco horas, que al director ruso nacionalizado estadounidense se le quedan cortas: «Estoy esperando que llegue un cuarto acto», bromea).

Con «Parsifal», el Teatro Real inicia un ciclo temático que teñirá los próximos tres meses y que Joan Matabosch, director del coliseo, ha programado en torno a un eje: el arte como evasión y rebeldía en tiempos de dolor, opresión y desaliento. Además del título wagneriano, se incluyen en este ciclo los estrenos de «Brundibár», «El emperador de la Atlántida» o «El rechazo de la muerte» («Der Kaiser von Atlantis oder der Tod dankt ab»), las sesiones golfas, con música de Kurt Weill, el ciclo de conciertos «Bailando bajo el volcán» y, sobre todo, el estreno en Madrid de la versión escénica de «Moisés y Aarón», de Schoenberg.

La producción de «Parsifal» que presenta el Teatro Real cuenta con la dirección escénica del alemán Claus Guth, que la ha llevado al período de entreguerras, en los años veinte; la acción se sitúa en un sanatorio inspirado en «La montaña mágica», de Thomas Mann. «Eran los años en que esa ópera empezaba a ser conocida en Europa -cuenta Matabosch-, ya que, aunque se estrenó en 1882, no pudo representarse fuera de Bayreuth hasta 1913, treinta años después de la muerte de Wagner; en el Teatro Real se estrenó el 1 de enero de 1914». Según Christoph Zauner, encargado de poner en pie en Madrid el montaje original, «el de entreguerras es un período incierto. Había en Europa una necesidad de cambios que llevaron a una situación incierta; y eso es lo que Wagner cuenta en su ópera. Fue un visionario, previó lo que iba a suceder años después».

Semyon Bychkov define al personaje protagonista de la ópera como «un loco inocente que a través de la compasión adquiere la sabiduría que le permite ayudar a la humanidad». Tiene, dice el director, relación con la fe cristiana, pero también «está asimilado a la idea de la reencarnación y al budismo, que a Wagner le fascinaba; incluso estuvo a punto de componer una ópera sobre esa creencia».

Gravedad

Desde el punto de vista musical, «Parsifal» es una ópera monumental. «Galáctica», la llama Bychkov, que fue la primera ópera del compositor que eligió dirigir. «Solo alguien al final de su vida puede crear algo así, y es el primero, después de Johann Sebastian Bach, que crea un universo galáctico». El director ruso lo explica: «Es una música que no tiene principio ni fin, que está siempre fluyendo y en evolución permanente. Es también una música que no parece tener gravedad. Los «leitmotiv» que Richard Wagner escribe -conjuntos de notas que se relacionan con personajes, situaciones dramáticas, relaciones- aparecen con tonalidades, colores u orquestaciones distintas cada vez, que nos hacen sentirnos como flotando en el espacio, como carentes de gravedad».

Ciento treinta y cuatro años después del estreno de «Parsifal», las cosas en el mundo no están mucho mejor que entonces. «La naturaleza humana no ha cambiado. Los hombres somos los únicos animales que no matan para comer, sino por el hecho de matar nada más. No hemos aprendido a convivir con los que piensan de manera diferente. Con la caída del Muro de Berlín vivimos un período de esperanza, pero hemos vuelto a un entorno de violencia y destrucción. “Parsifal” es, en este sentido, una obra muy contemporánea».