Ignatius: «Si no te comportas como Hitler y Pau Donés puedes vivir con dignidad»

El cómico de la Paramount más salvaje desvela a ABC el origen de su seudónimo y de su conocido «grito sordo». También opina sobre el humor de José Mota...

madrid Actualizado:

Asegura que «el dios de la comedia» le tocó con varios de sus tentáculos. «¡La comedia salvó mi vida!», afirma. El humorista Ignatius Farray habla con ABC sobre lo divino y lo humano, desvela el origen de su seudónimo y de su conocido «grito sordo» y opina sobre el trabajo de José Mota. Ignatius, que se hizo famoso con su participación en el programa «La hora chanante» del canal Paramount Comedy y ahora actúa en locales de toda España, también explica por qué tiene a Hitler y Pau Donés como referentes en su vida. Pasen y disfruten del show.

Yo te he visto en la calle, en pleno invierno madrileño, vestido con pantaloneta de deporte y un niqui del que se escapaba parte de tu panza. ¿Te para la gente por ahí para decirte cosas raras?

Me han confundido muchas veces con el Mocito Feliz y con el poeta Allen Ginsberg. En este sentido está claro que tengo dos tipos de seguidores muy diferentes.

En alguna ocasión te han llegado a considerar discapacitado mental.

¡Sí! Alguien comentó en el foro de Paramount Comedy, totalmente en serio, que le gustaba mucho «La hora chanante», el programa donde yo actuaba, que era increíble, pero se preguntaba hasta qué punto se podía considerar ético utilizar en un «sketch» humorístico a una persona que sufre una discapacidad mental.

¿De dónde viene tu famoso «grito sordo»? Dijiste en una ocasión que tiene su origen en el grito ahogado de Al Pacino en El padrino III, tras presenciar la muerte de su hija.

No, en realidad es un tic que tengo desde los trece o catorce años. En el instituto, en Tenerife, una profesora llegó a echarme de clase porque pensaba que la estaba vacilando. En mis primeras actuaciones a veces me salía el tic y la gente empezaba a reírse, así es que lo incorporé al show descaradamente.

En tu última actuación dijiste que Hitler y Pau Donés son dos referentes que tienes en cuenta a la hora de vivir de manera ética.

No conozco personalmente a Pau Donés, pero he visto las cosas que hace, y me cae mal. Seguro que es una bellísima persona, pero le he cogido manía. Así es que se me ocurrió la gracia de compararlo con Hitler. Los dos son ejemplos a evitar, si no te comportas como ellos puedes vivir una vida muy digna.

Una viuda que estaba allí con sus hijas se subió al escenario y se sacó los pechos

El sexo es uno de los ejes de tus shows...

No quiero que el sexo se convierta en una especie de muleta, pero le doy importancia porque pienso que la tiene. Yo no empecé a conocer chicas hasta que comencé a actuar, así es que mi vida sexual y la comedia van unidas totalmente. Son dos realidades que no puedo disociar. Además, hablar de sexo es una manera de sublimar otras cosas, me gusta utilizarlo como metáfora de otro tipo de situaciones. Se puede hablar de cualquier tema de una manera interesante y de una manera vulgar, y del sexo también. Yo trato de hacer que sea más interesante que vulgar.

Dices que actuás de manera intimidatoria como «mecanismo de defensa», porque eres un poco tímido.

Un poco sí, y en este sentido, «la comedia salvó mi vida». El público te da una oportunidad, dice: «Tú haz lo que quieras, que ya veré si me gusta más o menos». ¡Y eso es mágico! Aunque puede que a algunos no les guste mi manera de hacer humor. En una ocasión unas chicas pidieron la hoja de reclamaciones, donde escribieron que lo que yo hacía no era comedia y que el local incurría en publicidad engañosa.

f. muñoz
f. muñoz

¿Alguna vez te han agredido?

Sí, en una ocasión los Centauros de la Policía Nacional, que están especializados en tribus urbanas, tuvieron que rescatarme de un pub en Madrid. Un «skinhead», que estaba muy borracho, bajó a la planta donde yo estaba actuando, se subió al escenario, me empujó y empezó a contar sus movidas. Me puse muy nervioso y empezamos a pelearnos. ¡Y en la planta de arriba estaban sus colegas «skins»! El dueño del local se dio cuenta de lo que iba a pasar y llamó a la Policía. Lo gracioso es que después me contaron que cuando el «skinhead» subió a invitar a sus amigos a que me diesen una paliza, les dijo que abajo había un tipo que estaba haciendo el tonto e imitando al «loco de las coles», que era mi personaje de «La hora chanante».

¿Cuándo decidiste hacerte humorista?

Cuando terminé la carrera no sabía muy bien qué hacer, y me fui a Londres. Allí me aficioné a los «comedy clubs». Yo trabajaba en un hotel, hacía el turno de noche, y cerca había un «comedy club», por la zona del Soho. Casi todos los días, antes de empezar el trabajo, iba al club. Lo frecuentaba tanto que la dueña del local me empezó a hacer mitad de precio. Había muy buen rollo, un par de noches incluso me dejaron presentar a los cómicos que iban saliendo. Yo quería ser como ellos, así es que cuando volví de Londres hice una pruebas para Paramount, ¡y entré! Allí conocí a los chicos de «La hora chanante».

Además de cómicos como Richard Pryor, Andy Kaufman y otros referentes de los 70, ¿en qué lugares encuentras tu inspiración?

En la música. Hay un pianista de jazz que se llama Thelonious Monk, es un personaje muy excéntrico, que con su manera de tocar y de hacer las cosas me sirve de inspiración. También en el cine, en películas de Buñuel como El fantasma de la libertad o El discreto encanto de la burguesía. Esas películas son una especie de comedia sublimada. El título de El fantasma de la libertad ya habla de lo que es la comedia: un espacio en el que ambicionas ser lo más libre posible, pero que no deja de ser una ilusión, un fantasma.

¿Quiénes son nuestros mejores humoristas patrios?

Me quedo con cómicos semidesconocidos, como Miguel Noguera o Miguel Esteban. Y por supuesto, con la gente de «La hora chanante» y «Muchachada Nui», que se mantiene haciendo cosas muy interesantes. Y Faemino y Cansado, que son los que más me han influido.

Mi vida sexual y la comedia van unidas totalmente, son dos realidades indisociables

¿Y fuera de España, con qué te quedas?

En cualquier «comedy club» londinense te puedes encontrar con humoristas geniales, desconocidos y con una manera de hacer las cosas que te sorprende. Me gusta mucho Stewart Lee, un inglés que empezó en los ochenta y que ahora es un gurú de la comedia alternativa. Tiene un humor muy original y sin concesiones, que siempre busca horizontes nuevos. Si la comedia fuera una isla, muchos cómicos llegarían a ella y se quedarían en la playa. Este tío intentaría llegar al volcán de la isla.

¿Qué opinas de José Mota?

Eeeh... estándar. ¡Y eso es bueno, porque es necesario que haya cómicos estándar para que existan los alternativos!

Martes y Trece, Cruz y Raya, Los Morancos...

Estándar. Necesarios, por lo tanto. No pueden existir Faemino y Cansado si no existen Los Morancos.

f. muñoz
f. muñoz

¿Cómo os está afectando la crisis a los humoristas?

Se nota, ha habido un bajón de actuaciones. Muchos bares ven que, si tienen suerte, sigue yendo gente, pero que consume muchísimo menos, y se lo piensan dos veces a la hora de seguir programando comedia. Al principio era distinto, había bares que notaban un poco la crisis y programaban comedia para seguir enganchando al público. Le conté a un periodista que entonces parecía que cuanta más crisis había me salía más trabajo, y tituló «Ignatius Farray: “Cuanto peor le vaya a la gente mejor me irá a mí”». Quedé como un cabrón. Por otra parte, las crisis muchas veces coinciden con épocas doradas de la comedia. Los años de Thatcher, en los ochenta, fueron los del boom de la comedia alternativa en el Reino Unido. De ahí surgieron los «comedy clubs», que aunque ahora son más comerciales, tuvieron unos inicios muy contestatarios.

Recuerdas que antes teníamos a Arantxa y Navratilova y ahora los jóvenes tienen a Sharapova y Kournikova. ¿Podemos ser optimistas?

¡Está claro que se puede ser optimista! Debemos seguir creyendo en el «dios de la comedia», ahora más que nunca. La comedia te permite creer que todo es posible, crea una ilusión muy necesaria en este momento. Además, una vida sin sentido del humor no merece tanto la pena vivirla. Si no le ves el lado cómico a la vida, te estás perdiendo mucho. Y ese lado absurdo y ridículo de la vida es muchas veces el más auténtico. Una frase latina dice «credo quia absurdum», lo creo porque es absurdo. La comedia libera. Por ejemplo, en una de mis actuaciones, una señora que se había quedado viuda hacía poco y que estaba allí con sus hijas se subió al escenario y se sacó los dos pechos para que se los lamiese. Y lo hice.

Tu te llamás Juan Ignacio Delgado Alemany. ¿De dónde viene el seudónimo Ignatius Farray?

Ignatius me lo puse por el personaje de la novela La conjura de los Necios, que fue la primera que leí. Mi profesor de música del instituto me llamaba así para vacilarme, de buen rollo, y luego él mismo me regaló su ejemplar de la obra. Farray es el segundo apellido de mi padre, que murió cuando yo empecé a actuar. Era corredor de rallies semiprofesional, y competía con el nombre de Javier Farray, así es que también me lo puse por razones sentimentales.