Concha Velasco
Concha Velasco - Efe

Concha Velasco: «Ahora hay un feminismo mal entendido»

La actriz vallisoletana ha sido galardonada con el premio Max de Honor

MadridActualizado:

«El Max siempre se me ha resistido, igual que el Goya». Lo dice Concha Velasco sin enojo, simplemente para explicar la alegría que le dio saber que la SGAE le había concedido este año el premio Max de Honor por su trayectoria y por ser «una figura clave en las artes escénicas». La actriz recibirá además el galardón en su ciudad natal, Valladolid, donde el 20 de mayo se celebrará la ceremonia de la XXII edición de los premios Max de las Artes escénicas.

En realidad, Concha Velasco sí guarda en el salón de su casa un premio Max. «Lo ganó mi marido, Paco Marsó, como productor por el musical “Hello, Dolly”. Teníamos que haber subido todos al escenario a recibirlo, pero subió él solo. Y yo tengo la estatuilla –una manzana enmascarada– junto a una foto de Paco y una foto de los Reyes eméritos».

De todos modos, asegura la actriz que «yo no trabajo para ganar premios. Me gustan –como a todo el mundo, supongo– y me da mucha alegría recibirlos, pero el mayor premio, y no es una respuesta tópica, es la unanimidad en el cariño y el respeto de la gente. No creo que nadie diga que no me lo merezco, llevo sesenta y cuatro años trabajando y he hecho de todo:canto, bailo, actúo...». Y, aunque no para de echar la memoria hacia atrás y recordar sus tiempos de estudiante en Arenal o en San Bernardo, o citar las últimas obras de teatro que ha protagonizado –«La vida por delante», «Hécuba», «Reina Juana»...–, no habla de ella en pasado. Y es que Concha Velasco sigue en activo con «El funeral». «No sé qué pasa con esta función, pero estamos abarrotando por donde vamos. Esta semana vamos a Marbella». Irá, cuenta, vía Sevilla. Y es que, se queja, «ya no puedo hacer viajes tan largos en coche». Le gustaría, claro, bajar el ritmo de la gira y no tener que levantarse a las siete de la mañana para rodar, como ha estado haciendo, en la serie «Las chicas del cable», en medio del frío o de la niebla. «Pero me tratan con tanto cariño, con tanto cuidado... ¿Qué me cuesta dar las gracias?», dice.

Su pasión

A pesar de ello, del cansancio, de las enfermedades –«estoy muy bien de todo, pero he de tener cuidado con la comida y no puedo ponerme mala porque no puedo tomar antibióticos»–, de la edad –en noviembre cumplirá ochenta años–y de que cuando se le mienta la palabra «jubilación» se apresura a exclamar «¡Yo estoy jubilada!», Concha Velasco no se ve fuera de los escenarios. «Es mi pasión, mi vocación, mi vida», asegura. Aunque hay otra vida y otra pasión mucho mayor: sus hijos, Paco y Manuel. «Lo único que quiero ahora es caerles bien a ellos. Me cuidan y están pendientes de mí... Lo único que les pido es que me dejen trabajar mientras esté lúcida y bien; pero que, si me ven deteriorada, me retiren. Me siento muy acompañada por los dos... Incluso demasiado –sonríe–. Pero no quiero ser un lastre para ellos, una mochila. No quiero que lo que yo haga o diga pueda repercutir en ellos; por eso ahora hablo con mayor prudencia. De política, por ejemplo. Ahora me preguntan mucho a quién voy a votar. Yo no lo digo;solo que creo que hay que votar, que es importante para todos».

A Concha Velasco siempre le ha acompañado su llaneza y una apabullante sinceridad, que en más de una ocasión ha sido origen de disgustos. Pero nunca se ha escondido. «Soy valiente y no le tengo miedo a nada». Tampoco para decir lo que piensa, a pesar de que asegura que «siento que somos menos libres que antes; usamos mal nuestra libertad». Ella la emplea para referirse, por ejemplo, a lo que ella considera un «feminismo mal entendido». «Nunca me han puesto una pistola en la cabeza para que haga un papel. Yo entiendo que las circunstancias de cada uno son distintas, y también los temores, pero se puede decir que no. Es verdad que por mis hijos igual hubiera hecho cosas que no quería, aunque no ha sido el caso. Pero he dormido en la calle y he dado patadas a mucha gente...».