Chaves Nogales sube a escena con un alegato por la libertad

El escritor sevillano llega por vez primera vez al teatro, en la versión de su novela «El maestro Juan Martínez que estaba allí»

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Hasta hace poco, la figura del gran periodista y escritor Manuel Chaves Nogales (Sevilla, 1897-Londres, 1944) -en 1927 se alzó con el premio Mariano de Cavia-, estaba un tanto en la sombra. Afortunadamente, de un tiempo a esta parte está siendo recuperada, y Libros del Asteroide ha comenzado la publicación de su obra. El «pecado» de Chaves Nogales fue mantener una postura independiente en la Guerra Civil española, sin adscribirse a ningún bando, hastiado del comportamiento de ambos. Precisamente este es el principal aspecto que ha interesado al dramaturgo, actor y director de escena Alfonso Lara, que ha llevado a las tablas «El maestro Juan Martínez que estaba allí», crónica novelada de la aventura del artista flamenco Juan Martínez en Rusia, donde le sorprendió la revolución de octubre. El montaje puede verse desde hoy hasta el próximo domingo en los Teatros Luchana de Madrid.

Alfonso Lara señala: «Leí esta obra de Chaves Nogales y rápidamente me dije que sería muy bonito y oportuno subirla a las tablas. No era fácil, pues aparecen muchos personajes y habría que hacer una labor dramatúrgica de síntesis. Pero me puse manos a la obra. He estructurado la adaptación en cuadros, he refundido personajes y ocho actores encarnan a los más de cincuenta del original, y he ideado una escenografía que permite ser polivalente, convirtiéndose en una sala de fiestas, una cárcel, un barco… Juan Martínez, al que yo mismo interpreto en la función, es un personaje muy atractivo, que existió realmente, y que le contó a Chaves Nogales sus peripecias. Entronca con los pícaros de nuestro Siglo de Oro, y con esos cómicos que se buscan la vida, reflejados, por ejemplo, en piezas como “¡Ay, Carmela!”, de José Sanchis Sinisterra, o en la novela “El viaje a ninguna parte”, de Fernando Fernán Gómez, llevada al cine por su propio autor».

Añade Lara: «Para mí, la principal función del teatro es hacernos preguntas juntos. En este caso, por qué revoluciones como la rusa, con la que en principio y teóricamente se puede estar de acuerdo -cuando se produjo la mayoría de la población se moría de hambre-, degeneran en baños de sangre. Y no toleran que no se apoye incondicionalmente. A Juan Martínez quieren matarle todos, los bolcheviques porque no lo es, los independentistas ucranianos… Juan Martínez solo desea sobrevivir. De alguna forma, el conflicto revela el sufrido por Chaves Nogales que, aun siendo un hombre de izquierdas y amigo de Azaña, en medio de la contienda fratricida fue capaz de decir a unos y a otros que lo estaban haciendo muy mal, que la violencia no era ni mucho menos el camino, que no quería matar o que le matasen por las ideas. La independencia de criterio se paga. Creo que la obra tiene mucha actualidad, pues parece que el ser humano no aprende nunca».

La vigencia, y la necesidad, de la obra la recalca Pepa Rus –la popular «Macu» de «Aída»-, que se mete en la piel de Sole, la compañera artística y sentimental de Juan Martínez: «Es una mujer luchadora, una heroina cotidiana, que en esta versión escénica de la novela de Chaves Nogales tiene más presencia y personalidad propia. Muchas veces pone los puntos sobre las íes a Juan Martínez, y es su contrapunto. Es un regalo interpretarla».