Cuatro de los modelos expuestos

Cuerda para rato en el Metropolitan

El museo neoyorquino acoge «Guitar Heroes», una exposición sobre algunos de los mejores luthiers de la guitarra del siglo XX

MADRID Actualizado:

Al Metropolitan neoyorquino le han dado cuerda, muchísima cuerda. Bueno, concretamente seis cuerdas, las de la guitarra, gran protagonista, hasta el el próximo 4 de julio, de la exposición «Guitar heroes» (Héroes de la Guitarra), recién inaugurada (http://blog.metmuseum.org/guitarheroes/). No se trata de un juego para videoconsola en el que uno se puede llegar a creer Jimi Hendrix, ni una gira apadrinada por B.B.King y Pat Metheny. Ni siquiera estamos hablando de canciones y de músicos. Nada de eso. Se trata de un amuestra exhaustiva sobre el instrumento de las seis cuerdas que, incluso, bucea en el pasado de los artesanos y luthiers europeos, italianos, más concretamente, y en tres de sus más reputados herederos que a lo largo del siglo XX han creado alguna de las guitarras más famosas de la historia de la música popular, el jazz principalmente. Tres tipos llamados John Monteleone (quinta del 47) y dos genios de la artesanía guitarrística ya fallecidos, John D’Angelico (1905-1964) y James D’Aquisto (1935-1995).

Los instrumentos de cuerda similares a la guitarra (sus ancestros, para entendernos) son conocidos desde hace siglos. Se cree que alrededor del año 1.000 antes de Cristo, tanto hititas como asirios crearon instrumentos de cuerda basados en la lira, pero añadiéndole una caja de resonancia. Parece ser que la palabra guitarra derivaría de la palabra y el instrumento hindú sitar, y habría llegado a la Península Ibérica con la invasión árabe. Otros prefieren creer que su origen se sitúa en la antigua Persia y Arabia. En plena Edad Media, siglos XI y XII, se hablaba en muchas crónicas de guitarres o guiternes, que solían pertenecer a dos tradiciones: por un lado las guitarras moriscas o mandoras, similares al laúd árabe y la mandolina, y por otro lado la llamada guitarra latina, un evolución de las cítaras. Ambos tipos están presentes en las Cantigas de Alfonso X el Sabio, del siglo XIII. Todavía quedaban siete siglos para que el luthier español José Ramírez III y el genial guitarrista Narciso Yepes crearan la guitarra de diez cuerdas, que Yepes estrenó en Berlín en 1964. Año precisamente en el que nacía una de las joyas más maravillosas de la historia de la guitarra: la rickenbacker de doce cuerdas, uno de los puntales del sonido del rock de los 60, como muy bien supieron los Byrds y los Beatles.

De Nápoles a Nueva York

Ya en el siglo XVI fueron las ciudades italianas de Venecia y Cremona las que albergaron mayor y mejor número de luthiers guitarreros. Luego fue Nápoles, y la gigantesca inmigración italiana a los Estados Unidos hizo el resto, hasta llegar a los genios del siglo XX, los protagonistas de la exposición del Met: D’Angelico, D’Aquisto y Monteleone.

La exposición acoge alrededor de cien instrumentos y está dividida en dos apartados. El primero de ellos recoge la historia de los afamados luthiers italianos, desde los artesanos napolitanos del siglo XVII, a los inmigrantes que en el Nueva York de los siglos XIX y XX se dedicaron a construir maravillosas guitarras y mandolinas. La segunda parte de la muestra se centra en otras joyas, las que desde 1923 han fabricado los herederos de esta tradición, los ya citados D’Angelico, D’Aquisto y Monteleone, joyas usadas por algunos de los más grandes magos de las seis cuerdas.

Entre las piezas más antiguas destaca algo ya bastante similar a una guitarra realizada en la ciudad de Venecia en fechas próximas a 1630, 1650. Un instrumento ricamente decorado, con incrustaciones de marfil, dibujos. Un lujazo. Más cercana en el tiempo (1700) es la llamada guitarra Rawlins, fabricada por el más famoso luthier de todos los tiempos, el mago de los violines: Stradivarius.

Mucho más próxima a lo que hoy entendemos por guitarra es un modelo fabricado alrededor de 1890, que ya presenta una caja curvada muy similar a la de los instrumentos de hoy. Fue inventada por Orville Gibson, a la sazón fundador de la compañía cuyas guitarras han sido imprescindibles desde entonces en la música popular. Aquel primer modelo fue usado, principalmente, por las bandas de jazz.

Hora es ya de saber, cómo se las gastaba el maestro D’Angelico. Destaca entre su producción el modelo llamado New Yorker, una guitarra diseñada según los cánones del Art decó. Una chulada rebosante de «modernez». Sigamos con otro de los maestros contemporáneos, James D’Aquisto. Llegó, siendo un adolescente, a la tienda de D’Angelico en el barrio de Little Italy, y consiguió hacerse un hueco junto al maestro. Aun muerto su mentor, D’Aquisto continuaba fabricando el modelo New Yorker que tanta fama había conseguido. Eso sí, el ya nuevo maestro las firmaba con su propio nombre estampado en el mástil. Pero poco a poco su talento de genial luthier se puso de manifiesto y empezó a practicar su filosofía guitarrística: la sencillez y las cualidades prácticas por encima de todo. Aunque parece ser que se tomaba su trabajo más como un escultor que un pintor, le gustaba experimentar con los colores (el azul estaba entre sus preferidos) y los reflejos en la caja, y también le encantaban los decorados de madreperla. En 1975, Paul Simon se hizo con uno de sus estilosos modelos.

La saga tendría su continuador en el llamado Mr. Monteleone, quien trabó amistad con D’Aquisto en los años 80. Aunque Monteleone también tenía un sentido escultórico del trabajo de luthier de guitarras era más propenso que su maestro a utilizar numerosos elementos decorativos que iban mucho más allá de lo práctico y de lo funcional. En la exposición se muestra uno de sus trabajos más espectaculares, un cuarteto de guitarras cuyo leit motiv son las cuatro estaciones, cuyos cambios climáticos se reflejan en la caja. El Señor Monteleone no se andaba con chiquitas: sus guitarras, además de las mejores maderas, a menudo incorporaban metales nobles como la plata, y numerosas piedras preciosas: como coral, rubíes, diamantes y turquesas.

Guitarristas de primera como Les Paul, George Benson, Chet Atkins, Pauls Simon, Mark Kopfler… son algunos de los músicos que han sabido de los placeres de los instrumentos fabricados por estos maestros. ¿Se imaginan la vida sin guitarras?