Soleá Morente: «Este disco hervía dentro de mí»

«Tendrá que haber un camino» es su debut en solitario que presenta ahora sobre el escenario en Bilbao y Madrid

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Lo mismo se presenta en un festival de flamenco puro como hace de actriz –en la obra «Yelma» y en la película «La venta del Paraíso»– como se une a un grupo denominado Los Evangelistas para escarbar en la faceta rockera de su padre, Enrique Morente. Hace unos meses Soleá dio el paso que le faltaba, poner su nombre en letras grandes y en exclusiva en la carátula de un disco. «Tendrá que haber un camino», es su título, y, como artista querida y mimada por sus compañeros y familiares, en él ha contado con colaboradores de excepción, como J, Antonio Arias, La Bien Querida, su madre Aurora Carbonell, sus hermanos Estrella y José Enrique, la guitarra de su tío Montoyita y la marroquí Orquesta Chekara, entre otros.

—Ha tardado bastante en llegar este momento...

—Sí. Creo que las prisas no son buenas consejeras. He ido dando algunas vueltas a la manzana para encontrar el camino, y permitirme la libertad de elegir.

—La experiencia con Los Evangelistas fue, por lo que se escucha en el álbum, fundamental.

—Ha sido decisiva. Si no hubiese hecho la colaboración con Los Evangelistas, no existiría este disco, claramente.

—Se titula «Tendrá que haber un camino». Está claro que lo hay, ¿no?

—Sí que lo hay. Parecía que no, me costaba... He estado un poco obsesionada con encontrar un concepto, un color, ponerle un nombre a lo que hacía, una etiqueta, y me he dado cuenta de que eso era un error. Al final es un disco de búsqueda, de investigación personal y profesional.

Flamenco

—Es algo que necesitaba hacer, que tenía hirviendo dentro de mí. Creo que desde siempre y yo no lo sabía. Para mí el cantar es una necesidad que tengo para poder expresarme y entender mejor lo que ocurre dentro de mí y a mi alrededor. Pensé en sacar un proyecto en solitario desde antes de que muriese mi padre, y tenía uno en común con él, que ahora he retomado otra vez. Pero no sabía si iba a ser capaz de hacerlo o no, estaba por mi cabeza rondándome.

—¿En algún momento se planteó que el disco fuera de flamenco puro?

—Mis raíces son flamencas, mi genética, mi identidad, mi familia, mis padres, mis hermanos... todos se dedican al flamenco, y yo también, es de lo que vivo. Pero no me he planteado nunca identificarme como cantaora flamenca, porque le tengo muchísimo respeto. Sé que el flamenco está en mi música, pero nunca me imaginé que mi primer disco fuera como cantaora.

—Guitarras eléctricas en lugar de españolas. ¿Está más cómoda con ellas?

—Sí. A raíz de colaborar con Los Evangelistas y de tocar por primera vez con una banda tan ruidosa, empecé a descubrir ahí un nuevo concepto, un nuevo camino, nuevas posibilidades para expresarme, sin tanta responsabilidad, quizás, de ir al descubierto. Y sí, tocar con una banda así, tan potente, me hizo descubrir otras puertas.

—De esa forma sigue uno de los caminos abiertos por su padre.

—En casa todos intentamos, cuando hacemos algo, pensar en cómo lo haría mi padre. Tenía una energía tan potente, tan fuerte, y nos ha enseñado cosas tan importantes, que intentamos vivir como viviría él, y de la forma que él nos ha enseñado. Le echo un montón de menos.