Selección de cartas manuscritas de Enrico Caruso
Selección de cartas manuscritas de Enrico Caruso - afp

Las cartas de los tormentosos amores de Caruso, vendidas por 227.000 euros

En el lote subastado ayer en Londres incluían también postales y textos en los que se quejaba de los nervios y exigencias físicas que sufría como tenor

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La correspondencia del gran tenor italiano Enrico Caruso fue vendida ayer en Londres por 182.500 libras (227.000 euros) anunció la casa de subastas Christie's. Un precio por debajo de las expectativas, fijadas en 250.000 euros.

El lote incluía 700 documentos personales del cantante de ópera más famoso de todos los tiempos, rivalizando sólo con Luciano Pavarotti. Entre ellas hay 22 cartas y postales, 7 telegramas y varias fotos de una muchacha argentina, Vina Velásquez, que saltó brevemente a las páginas de los diarios por su romance con el tenor, que nació en Napoles en 1873 y murió joven, en 1921, a los 48 años, en su ciudad natal.

«Mil besos muy fuertes en tu boca adorada de la pequeña Vina, que pone sus labios voluptuosamente por todas partes. Te quiero todo mío», escribe Velásquez en una de las apasionadas cartas. Aunque la prensa llegó a anunciar el compromiso de la pareja, nunca se casaron.

Caruso dispuso que sus documentos personales, entre los que había sobre todo cartas de mujeres, fueran para un amigo suyo de Boston, Antonino Perrone, y con el tiempo acabaron en manos de su actual propietario, cuya identidad no fue revelada.

«No podía dejárselas a su mujer. Y en ese momento no guardaba contacto con sus hijos, que eran de una relación anterior», explicó Thomas Venning, responsable del departamento de libros y manuscritos de Christie's.

En sus cartas también revela detalles de su carrera. «Ni siquiera yo puedo explicarme la manera en que canté. Estaba tranquilo, mi voz firme, de una gran espontaneidad, canté como si estuviera hablando», escribió en 1903 a Ada Giachetti, con la que mantuvo una relación tortuosa durante once años y con la que tuvo cuatro hijos. Ella, cantante lírica, abandonaría a su marido por el tenor, y más tarde a este por el chófer.

En 1897 le daba noticias de su debut en La Scala de Milán: «victoria conseguida en todos los aspectos... todo el teatro levantado y aplaudiendo..., resumiendo, mi futuro está garantizado».

También se lamenta de las exigencias físicas de su profesión. En 1900 dice: «Durante más de cinco minutos el público estuvo reclamándome un "bis" que no les dí. Me caí al suelo, y me tuvieron que levantar entre cuatro personas. Así estaba de cansado».

En una carta de 1904, asegura que «antes del salir a escena me pongo tan nervioso que odio a todo el muno. Me dicen que se pasa con la manzanilla...».