Otro momento del montaje de «Pepita Jiménez», estrenado en Buenos Aires el pasado otoño
Otro momento del montaje de «Pepita Jiménez», estrenado en Buenos Aires el pasado otoño - PEREZ DE EULATE

Calixto Bieito: «Existe un erotismo provocado por la religión»

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Los Teatros del Canal presentan el domingo, y por primera vez en España, la segunda versión (existen cuatro) que Isaac Albéniz realizó sobre su ópera «Pepita Jiménez», inspirada en la novela homónima de Juan Valera. Realizada en coproducción con el Teatro Argentino de la Plata de Buenos Aires, donde se estrenó el pasado otoño, está dirigida escénicamente por Calixto Bieito y musicalmente por José Ramón Encinar, que se pondrá al frente de la Orquesta de la Comunidad de Madrid.

Para el director burgalés, afincado en Cataluña, es su segunda incursión en la ópera española, tras realizar en Friburgo (Alemania) «La vida breve» de Falla. Bieito, que se prodiga poco por España -«llevo más de 20 años fuera y mi futuro continúa estando fuera», afirma-, se sumó inmediatamente a este proyecto «porque era un tema español, conocía parte de la música y muy bien la historia. Enseguida supe que iba a ser un espectáculo muy español, cercano a muchos recuerdos. Además, no quería hacer una modernización radical, sino un poema entre el erotismo y la religión, entendida esta como un elemento opresor.

—Cuando se anuncia un montaje de Calixto Bieito la gente espera ver sangre, sexo, polémica... ¿Esto no se cumplirá en esta ocasión?

—Eso lo dice la gente que no ha seguido mis espectáculos. Ahora mismo debo tener por el mundo ocho o diez montajes en cartel, en Berlín, Stuttgart, Suiza, Londres... y son muy diferentes. Lo que sucede es que en Londres se inventaron lo de la sangre porque hice un «Don Giovanni» con mucha sangre...

—¿Le han colgado entonces un sambenito?

—Pero me da igual, no me preocupa. Ahora estreno «Réquiem de guerra» de Britten en Basilea y es un oratorio, como un duelo. Recuerdo una anécdota muy divertida cuando hice «Diálogo de Carmelitas» de Poulenc. En ella recuperaba mi infancia católica y en él había mucho cariño hacia las carmelitas. El espectáculo era absolutamente espiritual, no había nada de sangre ni guillotina, solo estaba el dolor de esas mujeres... Y el mismo día del estreno salió publicado en un periódico inglés bastante importante que había hecho un espectáculo de monjas desnudas lesbianas. Me reí mucho. Hago cosas muy diferentes que no tienen que ver las unas con las otras y tampoco con «Pepita Jiménez».

—La ópera, inspirada en la novela de Valera y con libreto -en inglés- de Francis Money-Coutts, se sostiene sobre dos pilares: el erotismo y la religión...

—El erotismo provocado por la propia religión, que tiene sus válvulas de escape. Hay erotismo en los textos de San Juan de la Cruz, de Santa Teresa... En «Pepita Jiménez» se da ese enfrentamiento entre la religión muy estricta, la que tuvo lugar en los años 50 en España, y que a mí me han contado mis padres. Con esos recuerdos he hecho un espectáculo un poco vintage. Creo que es muy hermoso estéticamente y muy poderoso por la música. Siendo un paisaje de los años 50, puede decir mucho de la España de ahora.

—En su trabajo se aprecia la influencia del cine de Luis Buñuel...

–Buñuel me ha influido mucho en numerosos de los espectáculos que he hecho. Yo vi sus películas siendo muy pequeño, cuando estudiaba con los jesuitas. Te daban una educación muy estricta, pero tenían un cine donde los viernes hacían cinefórum para los adultos y me escapaba para verlas. No las entendía pero me producían risa. Con los jesuitas adquieres un sentido del humor claroscuro y a veces muy infantil. Quizá era una manera de escapar de esa educación estricta.

—Todo el mundo alaba la calidad de la partitura de Albéniz, sin embargo, ha tenido que ser un teatro argentino el que haya dado el empujón definitivo a este estreno. ¿Seguimos sintiendo complejos hacia lo español?

–No es complejo, es dejadez, pero no es algo de ahora. Si miras los dos últimos siglos en España, la mayoría de los artistas se han ido. Los que no se han ido, como Albert (Boadella), es que han encontrado un vínculo extraordinario o se han muerto de hambre, como Valle-Inclán. Este país tiene la tradición de no cuidar especialmente lo suyo. O cuando lo hace lo cuida mal, mezclándolo con un sentimiento nacionalista más relacionado con la política, y no tiene nada que ver.

El reparto de «Pepita Jiménez», que se puede ver los días 19, 21, 23 y 25 de mayo, está formado por Nicola Beller Carbone, Gustavo Peña, Marina Rodríguez Cusí y Federico Gallar, entre otros.