«Tristán e Isolda» de Wagner, en el montaje de Peter Sellars con vídeos de Bill Viola
«Tristán e Isolda» de Wagner, en el montaje de Peter Sellars con vídeos de Bill Viola - ópera nacional de parís

Los vaqueros de «Brokeback Mountain» cabalgan hacia el Teatro Real

El director artístico del coliseo madrileño presentó ayer la programación de la próxima temporada protagonizada por el siglo XIX y el Barroco, y en la que reincide en la ausencia de cantantes y directores españoles

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Algunas cosas están cambiando en el Teatro Real, aunque no todas, según se desprende de la programación de la próxima temporada del coliseo madrileño presentada ayer a la prensa.

En primer lugar que la presencia de la ópera del XIX gana por goleada a la del XX-XXI (al menos en el capítulo lírico), algo que no deja de llamar la atención siendo Gerard Mortier un apasionado de la música contemporánea como ya ha constatado en temporadas anteriores. Así, el 50% de los títulos, esto es, seis de un total de doce (nueve escenificados, dos en versión de conciertos y una ópera-danza), fueron escritos entre 1800 y 1900 («El barbero de Sevilla» de Rossini, «L'elisir d'amore» de Donizetti, «Tristan und Isolde» y «Lohengrin», ambas de Wagner; «Les contes d'Hofmann» de Offenbach, y «I vespri siciliani» de Verdi).

Le sigue en presencia el repertorio barroco, con cuatro títulos: «The Indian Queen» y «Dido y Eneas», ambas de Purcell; y «Alceste» y «Orphée et Eurydice» (danza-ópera con coreografía de Pina Bausch), las dos de Gluck; además de un oratorio de Haendel que servirá de base para la compañía Mark Morris Dance Group en el apartado de danza.

El siglo XX, gran protagonista en temporadas anteriores, estará representado por el estreno en España de «La conquista de México» (1987-1991) de Wolfgang Rihm, que junto a la ópera de Purcell, «The Indian Queen», pretenden mostrar «el encuentro de dos culturas». En el segundo título «se hará desde la perspectiva femenina», indicó ayer el director artístico del Real, Gerard Mortier, que con esta programación quiere demostrar que cumple con el equilibrio prometido en su primera temporada. Un equilibro que no debe medirse por cursos líricos, «sino mirando su proyecto de manera global», recordó Gregorio Marañón, presidente de la Fundación del Teatro Real.

El estreno mundial vendrá de la mano de la versión lírica de la oscarizada «Brokeback Mountain», encargo realizado por Gerard Mortier para la New Yor City Opera, que de nuevo ha vuelto a asumir el Real, como sucedió en el caso de «The perfect american», de Glass. La nueva producción está firmada por Ivo van Hove, y cuenta con la batuta de Titus Engel. Con Música de Charles Wuorinen y libreto de Annie Proulx, autora también de la novela homónima, llegará al coliseo madrileño el 28 de enero.

Entre el amor y la muerte

El eje central de la programación girará, según el director belga, alrededor de Gluck y Wagner y la temática será «el amor y la muerte». «En esta temporada se ha dado más importancia a los compositores que a lo largo de la historia de la ópera se han preocupado por la sociedad de su tiempo», aclaró.

«Alceste» de Gluck se presentará en una nueva producción del Real, firmada por el polémico y ya de sobra conocido por el público madrileño, Krzysztof Warlikowski («El caso Makropoulos», «El rey Roger», «Poppea e Nerore»); tambié será nuevo el montaje de «Lohengrin», realizado por el alemán Luka Hemleb. Mientras que «Tristán e Isolda» llegará de la Ópera de París, en la producción de Peter Sellars que contó con vídeos de Bill Viola.

A pesar de la crisis, el coliseo madrileño ha estirado el presupuesto para poder llevar a cabo cinco nuevas producciones, «que darán trabajo aquí en España», puntualizó Mortier. Eso sí, no será a cantantes, directores de escena ni directores de orquesta españoles. Una ausencia en la que reincide el director artístico del Real que parece apostar de manera decidida por otras baturas, como la de Teodor Currentzis (le vimos recientemente en «Macbeth»), que dirigirá dos óperas escenificadas, una en concierto (en la que estará acompañado por el Coro y Orquesta de la Ópera de Perm del que es director artístico) y un programa de ballet.

En el recuento total, tan solo aparece un director de escena español, Emilio Sagi que repone su «Barbero de Sevilla», mientras en los papeles protagonistas solo hemos encontrado a tres cantantes: Celso Albelo e Ismael Jordi, que se alternarán en «L'elisir d'amore», y Plácido Domingo, que ofrecerá «uno o dos conciertos, no lo sabemos todavía», indicó Mortier. A esto hay que sumar una de las Noches del Real, más cerca del tango y la copla que de la ópera, en la que participarán José Manuel Zapata, Pasión Vega, Rocío Márquez , José Merce y Emilio Aragón, entre otros.

Entre las batutas recurrentes en las últimas temporadas del Real, encontramos la de Thomas Hengelbrock, que regresa con su formación el Balthasar-Neumann Chor & Ensemble (la misma de «Parsifal») para «Orphée et Eurydice»; así como Sylvain Cambreling, que dirigirá a la Orquesta Titular del Real en «Los cuentos de Hoffmann», que contará, entre otras voces, con Anne Sofie von Otter y Measha Brueggergosman. También dirigirán a la Orquesta Titular, Ivor Boltón, Alejo Pérez, James Conlon

En el apartado vocal, vuelven Nino Machaidze y Camila Tilling («L'elisir d'amore»), Violeta Urmana y Robert Dean Smith («Tristan und Isolde»), Michael Köning, Deborah Polaski y Dolora Zajick («Lohengrin»), Paul Groves y Anna Caterina Antonacci («Alceste»)

Una novedad a destacar es la reposición de un título del Teatro Real, algo nuevo en la Era Mortier. «El barbero de Sevilla», de Rossini, abrirá el curso operístico el 14 de septiembre, lo que le permite al Real hacer caja, mientras pone en marcha la maquinaria tras las vacaciones (el coliseo madrileño cerrará este año a mediados de julio para ahorrar costes de personal) para realizar una nueva producción de «La conquista de México» de Wolfgang Rihm (esta sí del siglo XX) que se estrenará el 9 de octubre.

Suficiente «bel canto»

Pero Rossini no será la única producción de «bel canto», de nuevo nos sorprende Mortier con la programación de «L'elisir d'amore» de Donizetti, en la coproducción que realizó el Real con el Palau de les Arts donde ya se estrenó. «Tenemos bastante «bel canto» para aquellos que lo quieren escuchar», afirmó Mortier con cierta ironía. Que matizó después que «el público del Real es más inteligente y no solo quiere escuchar bel canto. La Gruberova -indicó- tiene un 82% de ocupación («Roberto Devereux», con José Bros, no se estrena hasta el 3 de marzo, por lo que hay tiempo para seguir vendiendo entradas) frente al 90% de "The american perfect" (cuyas funciones ya han concluido)».

Ya en el capítulo de ruegos y preguntas de los periodistas, tras la presentación de la temporada, el director artístico aseguró que la programación, aunque sobre el papel no parece tan exigente como en años anteriores, «es muy Mortier pero puede gustar mucho al público. A mucha gente le gusta el Barroco y para mí era importante volver a este repertorio», indicó.

Ideas hasta 2016

Ajeno a críticas y polémicas, el director belga admitió tener su propia opinión sobre las cosas «y la defiendo», lo que no le impide cambiarla si se le presentan «argumentos válidos».

Sobre su continuidad tras el año 2016 -cuando concluye su contrato-, aseguró que cuando «te haces mayor la vida no la cuentas en años sino en meses». Y que para renovar es preciso «tener ideas para continuar. Y yo tengo hasta 2016».

Aseguró ser respetuoso con aquellos que opinan de manera diferente a él, e indicó que ha apreciado un cambio en el público madrileño en los últimos años. «El público del Real es nuevo, se ha creado hace quince años y está descubriendo cosas. Cuando llegué era muy conservador y hoy es un poco más curioso».

En cuanto a su objetivo de convencer a Pedro Almodóvar para hacer ópera, reconoció tener un proyecto para él «pero yo puedo esperar 50 años», bromeó.

Preguntado sobre si el vetaría la entrada a algún crítico por no estar de acuerdo con sus reseñas, como ha sucedido recientemente en la Scala de Milán respecto a un crítico del Corriere della Sera, lo consideró «impensable. Estamos en una democracia».