Menéndez Salmón, este martes en Barcelona
Menéndez Salmón, este martes en Barcelona - EFE

Ricardo Menéndez Salmón gana el Biblioteca Breve

El autor asturiano plantea con «El sistema», la novela ganadora, una distopía de política ficción

BARCELONAActualizado:

Ricardo Menéndez Salmón (Gijón, 1971) no olvidará el año 2014. Invitado por el gobierno de Baviera, llegó a Alemania con cuarenta páginas, embrión de la novela «El Sistema», obra que se ha proclamado este martes ganadora del premio Biblioteca Breve 2016. «Todo lo que eran luces a la hora de escribir eran sombras en mi vida cotidiana», recuerda. Su precario dominio del alemán y la dificultad para comunicarse acentuaron la sensación de vivir un exilio, más emocional que intelectual. «El Sistema», explica, «es la narración de un hombre solo en medio de un mundo que se desmorona y que no entiende, un hombre que posee un único instrumento para interpretar esa situación: la escritura».

Si algo caracteriza la obra de Menéndez Salmón es su preocupación por la combinatoria de las palabras, eso que llamamos estilo. Y el estilo ha pesado en el jurado a la hora de conceder el galardón dotado con treinta mil euros. Manuel Longares ve en «El Sistema» la destilación de toda la obra anterior del escritor asturiano. Una novela, adscrita al género de la distopía, que aporta un caudal de ideas sobre lo que el autor denomina la «poshumanidad». Según advierte Clara Usón, no es una distopía al estilo de Matrix o Terminator, sino un relato de aliento kafkiano. Pere Gimferrer destaca la «autoridad expresiva» y prefiere calificar la obra ganadora de «ucronía», mientras que José Caballero Bonald, habla de fábula y alegoría. Más allá de las etiquetas, todos destacan la ambición narrativa de Rodríguez Salmón.

«El Sistema» nos transporta al posible futuro de una época bautizada como la Historia Nueva: el mundo, convertido en un archipiélago donde conviven los Propios y los Ajenos. En una Estación Meteorológica de la isla Realidad, el Narrador lleva de la mano al lector en las tres cuartas partes de la novela: su relato es el del desmembramiento del Sistema y la conversión del exégeta en la voz crítica y clandestina. Si el novelista es un redactor de expedientes, como apuntó su admirado Coetzee, Menéndez Salmón apuesta por una narración de tono clínico: «La literatura ha de ser incómoda; o es esencial o no es nada», apostilla.

Al urdir nuestra decadencia con los mimbres de la distopía en la tradición de Ballard, el autor de «El Sistema» constató que los futuribles caducaban frente a la celeridad del presente: «La velocidad de crucero de la realidad era mucho mayor que la de mi ficción, necesitaba anticiparme un poco a los calendarios para no resultar obvio, ingenuo o ambas cosas. Vivimos en la efervescencia de lo inmediato», explica.

En la novela de Menéndez Salmón confluye una temática apuntada por el autor en títulos como «Panóptico», «Derrumbe» o «Niños en el tiempo». Si en anteriores libros se preguntaba sobre el mal y abundaba en el arte, «El Sistema» viene a reflejar «el poder como metáfora, creador de espacios de control y mordaza». Entre las claves narrativas, una pintura de Rembrandt: «La lección de anatomía del doctor Tulp». Y, sobre todo, la escritura que aprehende ese futuro que ya es presente: «No somos sino una muerte aplazada».