Fernando del Paso contesta a una de las preguntas de los periodistas en presencia de José María Lassalle
Fernando del Paso contesta a una de las preguntas de los periodistas en presencia de José María Lassalle - ABC

Premio CervantesFernando del Paso: «Gracias al Quijote descubrí que el humor y la literatura no están peleados»

El mexicano, que el sábado recibirá el Nobel de las letras hispanas, ha mantenido un encuentro con la prensa en la Biblioteca Nacional rodeado de la numerosa familia que estos días le acompaña en su visita a España

MADRIDActualizado:

Eran las 11 de la mañana cuando Ana Santos, directora de la Biblioteca Nacional, recibía a Fernando del Paso (Ciudad de México, 1935) en la puerta de la institución. El premio Cervantes, que aterrizó ayer en España desde su México natal, llegaba en silla de ruedas y tan elegantemente vestido para la ocasión que no exageró José María Lassalle, secretario de Estado de Cultura, cuando poco después, durante la presentación a los medios, le describió como «dandi». El azul de esas gafas oscuras que desde hace ya tiempo cubren su claro rostro parecía inundar su indumentaria, con chaqueta y corbata del mismo color, aunque en diferentes tonalidades. Sirva esta descripción estética, poco propia de actos de esta enjundia institucional, para dejar claro que Fernando del Paso es un personaje literario.

La familia Del Paso, fotografiada poco después del acto
La familia Del Paso, fotografiada poco después del acto - ABC

Cervantes, por tanto, estaría orgulloso de que en este mexicano de porte lustre haya recaído el galardón que lleva su nombre en el año que conmemoramos el IV centenario de su muerte. Más aún si le viera, como hoy le hemos visto, rodeado de su numerosísima familia («veintitantos», según los comentarios entre bambalinas), que le acompaña allá donde va en estos días de fastos cervantinos. Tanto es así que, sin previsión de tanta concurrencia, hubo que levantar las dos primeras filas de periodistas para que la familia del premiado ocupara su lugar. Hasta hubo quien, antes de que diera comienzo el acto, se atrevió a preguntar dónde se alojaban los Del Paso, aunque no hubo respuesta, más por desconocimiento que por discreción.

Lassalle: «Del Paso es un dandi enérgico y compasivo que nos contempla a todos desde su literatura»

Ya metidos en faena, Lassalle dio la bienvenida al premio Cervantes, del que aseguró que «poco se puede decir», «sólo hace falta verle». Fue entonces cuando el secretario de Estado de Cultura se refirió a Del Paso como un «dandi enérgico y compasivo que nos contempla a todos desde su literatura». Goza el galardonado del privilegio de ser el sexto mexicano que recibe el más alto galardón de las letras hispanas y fue, precisamente, México uno de los temas centrales de la charla que mantuvo con los periodistas. Tras alertar de la «profunda abulia» de su país, el escritor aseguró que «ha habido mucho gobernante inepto y codicioso, pero también, tras muchos siglos, ya no creemos en nuestro país en la misma medida que antes». «El pueblo tiene que reaccionar, es un país en decadencia», se quejó.

El español y la voz

No sorprende la vehemencia con la que Del Paso se expresa, pero sí duele oírle hablar. Y duele porque, tras dos años privado del habla por una serie de infartos, el mexicano lucha por que se le entienda y se aferra a esa facultad, maravillosa, sin la que la Literatura no existiría. «Perdí el habla y sólo tras una terapia intensiva, si se puede decir intensiva a más de dos años, he podido recuperarla. Antes ni se me entendía y cuando empecé a hablar de nuevo pensé que era algo notable que mi voz me devolviera mi voz», recordó. «He estado enfermo tres años y no he vuelto a escribir, pero tengo fe en recuperarme totalmente y volver a abordar esos problemas», dijo en relación a la «inmensa pobreza» que vive su país.

«El español nos fue impuesto a sangre y fuego, pero eso fue hace muchos años y ahora el castellano es tan nuestro como vuestro»

Con respecto al discurso (una «tercera versión», según confesó) que el sábado dará en Alcalá de Henares, y que irá dedicado a sus padres y a la agente literaria Carmen Balcells, no quiso adelantar mucho, más allá de asegurar que «es muy sencillo» y que en él «hay de todo, como en botica». «Estoy contento con lo que quedó. Hablo un poquito de política y un mucho de literatura», se limitó a decir, para después reivindicar, con el ímpetu de esa voz recién recuperada, la importancia del español en el mundo: «El idioma español nos fue impuesto a sangre y fuego, pero eso fue hace muchos años y ahora el castellano es tan nuestro como vuestro».

Los premios y el Quijote

Tras recordar que México fue parte del «boom» latinoamericano, Del Paso insistió en que «hay una buena literatura» en su país, «a menos que el jurado del premio se equivoque», matizó con ese inteligente sentido del humor que fue desplegando, con poéticas alas, durante toda su intervención. Si bien el jurado destacó, en el momento de la concesión del Cervantes, su «arriesgada innovación», Del Paso ironizó igualmente, asegurando que «su decisión también es arriesgada». Llegó el turno, al poco, de la importancia del oficio de escritor, pese a la advertencia que, siendo niño, le hicieron sus padres. «"¿Cómo escritor? ¡Te vas a morir de hambre!". Pero veo que no. He tenido la suerte de recibir muchos premios y no los he rechazado», comentó, entre bromas. De hecho, el Cervantes es uno de los mejor dotados (125.000 euros), aunque Del Paso tendrá que consultar con su mujer qué hacer con él.

«Miguel Hernández despertó mi vocación, pero los clásicos del Siglo de Oro me sirven de alimento y siempre vuelvo a ellos»

¿Y El Quijote, motivo, al fin y al cabo, de tan «generoso» galardón? Pues el mexicano confesó haberlo leído «muchas veces», la primera con doce o trece años. Le sorprendió, entonces, «la riqueza del lenguaje, su seriedad» y, en las posteriores lecturas, descubrió que «el humor y la literatura no están peleados». Sin embargo, el escritor que desató la vocación de Fernando del Paso fue Miguel Hernández, al que descubrió en «El rayo que no cesa». No quiso dejar, tampoco, de mencionar a Gabriel Miró, Camilo José Cela, los Goytisolo y los Machado, Menéndez Pidal, Valle-Inclán o Ramón Gómez de la Serna, en una rendida reivindicación de los autores españoles que terminó asegurando que «los clásicos del Siglo de Oro me sirven de alimento y siempre vuelvo a ellos».

Víctor García de la Concha y Fernando del Paso, en el Cervantes
Víctor García de la Concha y Fernando del Paso, en el Cervantes - ABC

Como cierre, y dado que al salir de la Biblioteca Nacional depositó su legado en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes (será abierto, según decisión del autor, en el año 2116), Fernando del Paso quiso dejar claro que si algo hubiera que recordar de él sería «el respeto a las letras, la disciplina. Hay que sentarse a escribir aunque no se tenga nada que decir». Y, por supuesto, no dejar nunca de «leer, mucho, mucho». Por ejemplo «Palinuro de México», de entre todas su obras, su favorita.