Una imagen de los juicios de Fráncfort
Una imagen de los juicios de Fráncfort - ABC

El juicio olvidado contra los nazis de Auschwitz

Una nueva novela indaga en este proceso penal, hito clave en la historia reciente de Alemania

FráncfortActualizado:

El horror puede caber en diez metros. En diez metros de estantería ocupados por 456 carpetas y miles de papeles desvencijados por el tiempo, que se deshacen al tacto. En más de un centenar de cintas de audio todavía peor conservadas, con sus reproductores ya obsoletos. Da igual el soporte: importan las voces, los testimonios de la barbarie, esos que nos recuerdan que, al cabo, somos capaces de construir infiernos en la tierra. Ya saben: «El trabajo te hace libre». Ya saben: Auschwitz.

El archivo histórico de Wiesbaden, en Alemania, es un desconocido y retirado baluarte de esa trágica memoria. Allí se guardan las actas y las grabaciones de los juicios de Fráncfort, donde se juzgó a una veintena de oficiales de las SS que participaron en las masacres del tristemente célebre campo de concentración y exterminio, algo solo posible gracias al empeño de los fiscales y la participación de los supervivientes. Se celebraron entre 1963 y 1965, y sus registros solo se hicieron públicos en 1989, tal y como explica el responsable de la institución, Johann Zilien. «Fue entonces cuando los rescataron de los sótanos del Tribunal de Fráncfort, donde habían permanecido en el olvido», relata.

Los documentos de los juicios de Fráncfort, guardados en el archivo histórico de Wiesbaden
Los documentos de los juicios de Fráncfort, guardados en el archivo histórico de Wiesbaden - ABC

Hoy, por fortuna, todos esos documentos están digitalizados, a salvo de la degradación y disponibles en la página web de la Unesco. Ahí acudió, precisamente, Annette Hess (Hannover, 1967), una reputada guionista alemana a la que siempre le habían interesado las derivadas judiciales de los crímenes nazis. Las grabaciones se le metieron en la cabeza, después de escucharlas una y otra vez. En el escritorio, mientras paseaba, descubría los devenires de esas familias que quedaron rajadas de arriba abajo nada más cruzar la alambrada. «Recuerdo que una mujer cuenta que estaba trabajando en el campo con la esperanza de ver a su familia hasta que un hombre le dice: “Ves esa columna de humo? Son tus hijos, que van por los aires”».

Con esos mimbres, dolorosamente reales, Hess se lanzó a escribir su primera novela. Pero «La casa alemana» (Planeta), que acaba de llegar a España, no se centra tanto en el Holocausto como en lo que vino después Nüremberg, una historia mucho menos conocida. A través de la narración de los juicios, desconocidos para el grueso del público, tal y como reconoce la autora, retrata un país dividido entre la comodidad y la justicia, al borde del precipicio del olvido. «En Nüremberg los que acusaron fueron los aliados. Es una cosa muy distinta en este juicio, porque fueron alemanes acusados por alemanes. Y se produjo en el momento justo en la historia de Alemania, porque habían pasado casi veinte años y la gente estaba a punto de olvidar. Quería plasmar esa atmósfera de no querer saber. Pero sobre todo el papel de la gente normal y corriente en el Holocausto. Eso es lo incómodo», asevera Hess.

En aquella época, en esos efervescentes sesenta del «milagro económico», lo normal en las familias alemanas era el silencio, que se extendía como un gran manto sobre todo el territorio, en el que las clases de historia terminaban con Bismarck. «Deja el pasado en el pasado», le espetan en un momento dado a la protagonista del libro, que trabaja como traductora en los juicios. En los setenta ese ambiente enrarecido todavía no se había esfumado. «Mi abuelo era policía durante el nacionalsocialismo y nunca hablaba del tema, aunque seguramente hubiese hecho cosas terribles. Y si en algún momento hablaba, era para decir no todo había sido malo. Es una frase recurrente: “al menos Hitler hacía autopistas”. Como los pantanos en España», afirma.

Ahora la visita a Auschwitz es una actividad habitual en los colegios alemanes, y el Holocausto parte indispensable del currículum escolar, aunque la conciencia de lo ocurrido ha perdido fuelle. «Es que la conciencia cíclica. Después del juicio hubo un auge de hablar del tema, la gente lo tenía muy presente. Después, en el 80, emitieron la serie “Holocausto” con Meryl Streep, y fue otra etapa de auge. Ahora estamos en la época baja. La gente ya no quiere saber nada del tema», lamenta Hess. Y ahí está, por cierto, el drama y la respuesta a esa incómoda pregunta de por qué otra novela del Holocausto. Por qué otra más. «Porque actualmente, en muchas sociedades europeas –en Escandinavia, en Suecia, en Alemania– hay un 20% de la población que vota a partidos que se están volviendo fascistas. Y cuando Hitler obtuvo el 20% faltaba muy poco para Auschwitz», remata.