Juan Gómez-Jurado
Juan Gómez-Jurado - ERNESTO AGUDO

Juan Gómez-Jurado: «Twitter es un cementerio de la reflexión»

El escritor publica «Reina roja», un thriller madrileño y su mejor novela hasta ahora

MadridActualizado:

Ni fichando a la criminóloga más inteligente de España, como ocurre en la nueva novela de Juan Gómez-Jurado (Madrid, 1977), titulada «Reina roja», está el lector a salvo. El esperado regreso del autor, publicado por Ediciones B, ha sido, según cuenta, bastante difícil: «Tenía la sensación de que era mi primera novela, y eso que llevo siete en el cuerpo. La sensación que tenía era que estaba aprendiendo todo el rato a escribir de nuevo».

«Reina roja» es lo nunca visto, tanto para Jurado como para sus lectores, en más de un sentido. En pocas novelas del autor resulta más importante no desvelar ni el final ni detalles relevantes, para disfrutar totalmente de la trama, llena de sorpresas y giros. Pero sí hay que decir que la protagonista, Antonia Scott, es una mujer fuerte y compleja: «Ella quiere desaparecer –relata el autor–. He conocido a personas muy inteligentes en la vida y casi siempre están en un segundo plano. Ella siempre está buscando los márgenes. Incluso en la carrera hace algo increíble para aprobar pero no destacar». Escribirla ha sido un reto: «Un personaje con tanta inteligencia, que está a años luz de lo que tú eres capaz, es muy difícil. Tienes que meterte en la cabeza de alguien muy complejo, que sea creíble. Y que el lector llegue a quererla es el mayor desafío, porque las personas inteligentes nos causan rechazo».

Una bomba de relojería

Aclaremos tres cosas. La primera, que esta protagonista tiene un compañero de investigación con algo de bomba de relojería: policía, vasco, gay, investigado por prácticas dudosas, pero también noble, bonachón, fuerte. ¿Qué se aportan uno al otro en este juego de contrastes? «Antonia le da a Jon disgustos, sobre todo (risas). La inteligencia de Antonia la convierte en alguien excéntrico y que no termina de encajar. Cuando se conocen, Jon lo único que quiere es perderla de vista cuanto antes. Pero poco a poco aprende a quererla y a protegerla con su vida, si es necesario». Ambos están por encima de los cuerpos conocidos, trabajarán para una agencia «especial»: «No están por encima de las leyes, sino de los procedimientos. Lo cual es en última instancia estar por encima de las leyes», acepta Jurado. Eso inquieta. En atentados y otras amenazas se ha visto descoordinación entre cuerpos policiales que de arreglarse podría salvar vidas. «Que existiera algo para evitarlo me resulta tranquilizador hasta que pienso en cuál sería el método para lograrlo. ¿Ves como todo es muy complejo?», responde.

El segundo elemento fundamental es un asesino en serie, digno de Antonia Scott. Un tipo frío, calculador y con mucha más historia de la que cabe incluso en esta novela de 600 páginas. ¿Será que va a continuar?: «Solo hablaré en presencia de mi abogado», responde el autor entre risas, pero en la novela hay muchas pistas sobre esa posibilidad. Sería un desperdicio no hacerlo.

Y el tercer elemento son las víctimas, inspiradas en la realidad, muy reconocibles… no digamos más. Su presencia refleja conflictos reales en nuestra sociedad pero podría haber hecho derrapar la historia: «No quiero desvelar nada. Ha sido difícil retratar la España que yo veo para que pudieran aflorar conflictos que debían parecer verosímiles. No todo el mundo recibe el mismo trato ante la ley –recuerda el autor–. No todos somos iguales. Eso añade capas de complejidad a las decisiones morales que los protagonistas deben tomar». Ninguna, eso puede desvelarse, será fácil.

Redes sociales

Jurado afirma que la escritura de esta «Reina roja» le sorprendió incluso a él. «Es complejo, nunca antes había escrito una novela tan planificada y al mismo tiempo tan dejándome llevar por la intuición de lo que tenía que hacer». ¿Cómo? «La trama es un mecanismo de relojería, está llena de orfebrería. Es una cuenta atrás. Cuando establecí los elementos principales, el resto perteneció al mundo de la intuición»

Esa intuición llama al lector y le deja espacio. «El mejor cumplido es dejar que el otro piense, considerar al interlocutor lo suficientemente inteligente para tener una opinión propia». Y eso, en las redes, no está de moda: «No hay que aleccionar, es mi preocupación creciente por lo que veo en las redes, allí alguien emite una opinión y ya hay cincuenta queriendo demostrar que se equivoca». ¿Se irá de Twitter algún día? «Twitter es agotador –responde Jurado– si no lo entiendes como lo que es: un juego diseñado para que todo sea una trampa para los que opinan y un cementerio de la reflexión. Pero sigue siendo estimulante y divertido, a mí me sigue aportando mucho el trato diario con los lectores».

Esas cucharadas de 280 caracteres están infantilizando la sociedad. «En cuestión de media hora te tachan de fascista, podemita, feminazi por cualquier mensaje neutro. Es pura infantilización. Intentan darnos todo en cucharadas. Me preocupa mucho hacia dónde vamos. Estamos reduciendo los espacios, estamos huyendo de los medios de comunicación tradicionales que invitan a la calma, a la reflexión, a enseñarte opiniones contrarias o distintas, a pensar durante más de cinco minutos sobre lo que pasa».

De la ficción a la realidad, Juan Gómez-Jurado sonríe mientras duda si está empezando a «no sé si madurar es la palabra. Reconozco dentro de mí cierta madurez, algo diferente. Cuantos más años tengo, cuanto más entro en Twitter, más ganas me dan de no juzgar a los demás, entender las posturas, porque no hay verdades absolutas y eso se ha arrastrado a las páginas del libro».

No abundan los thriller madrileños de esta ambición y la ciudad no se lo ha puesto fácil: «Me ha puesto muchas trabas. A la hora de ambientar una novela en España tienes más dificultades que en Estados Unidos porque el entorno es menos amenazador. Pero el thriller es una metáfora perfecta de la sociedad del siglo XXI. Solo tiene tres normas básicas. A diferencia de la novela negra, limitada a una realidad social restringida, el trhiller narra un peligro físico y un peligro social con reloj en contra. Cualquier ciudadano de la España actual sabe que todos los días vivimos con un peligro físico. Todo a tu alrededor está diseñado para matarte: el tabaco, la contaminación. Hay un peligro social, cada día alguien quiere enseñarte un nuevo peligro para el mundo o el país en que vivimos. Los políticos usan ese lenguaje todo el rato. Y el reloj es evidente. ¿Quién tiene tiempo actualmente?