Carlos Ruiz Zafón: «Mi ego empieza a tener canas, lo veo un poco cascadillo»

Tras «La sombra del viento» alumbró «El juego del ángel» y ahora «El prisionero del cielo», tercera novela de una tetralogía seguida por millones de lectores en todo el mundo

blanca torquemada
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Alguna mella hará en el ego haber arrasado en ventas en los cinco continentes con «La sombra del viento». ¿No?

-Creo que donde hace más mella es en el modo en que otras personas tienden a mirarle a uno, la verdad. Mi ego, hasta donde yo lo tengo controlado, no ha cambiado sustancialmente desde 1991, aunque empieza ya a tener más canas de la cuenta y lo veo un poco cascadillo... Cosas del rodaje.

-¿Cómo ve a su recién estrenada criatura, «El prisionero del cielo», en relación a las anteriores entregas de la tetralogía?

-La veo como un paso más en la saga de estos libros, una entrega más dinámica y divertida, con más humor y más picardía pero tambien con una gran carga de dramatismo y de intriga.

-Daniel Sempere ya no es un adolescente. ¿En qué ha cambiado?

-En esta novela veremos cómo poco a poco va descubriendo aristas en su interior, cómo la revelación de un gran secreto sobre su pasado familiar le abre una sombra de rencor que empieza a carcomerle...

-¿Podría ocurrir que sus hijos literarios le exigieran seguir con la serie y hacer un quinto título de la saga?

-Estoy ya trabajando en la última entrega, que será la última con estos personajes, aunque ellos quieran seguir. La idea siempre fue cuatro novelas y serán cuatro.

-¿Hay un afán balzaquiano en que todas sus novelas y sus personajes formen parte de una sola y gran obra, o en el futuro no tendrá problemas en salirse de ese universo?

-Puede que lo haya hasta cierto punto, al menos en esta serie de novelas del cementerio de los libros olvidados, pero creo que no habrá problema en el futuro para ampliar horizontes. El mundo es grande, y la literatura todavía más.

-Ha dicho usted que Barcelona es más un personaje que un escenario de sus libros. ¿En qué medida real o soñado?

-La Barcelona de mis novelas es una estilización, una criatura de fábula que esta basada en la ciudad real, en su historia, pero que es esencialmente una creación puramente literaria, sin duda.

-Catalogan su obra como «gótica», pero el personaje de Fermín no encaja en esos cánones...

-Fermín es un personaje que entronca en la tradición picaresca de la literatura española. Los aspectos góticos son, creo, una parte más, pero no la dominante ni la única. De hecho aspiro a poder trabajar en muchos registros diferentes y a utilizar técnicas y texturas de todos los géneros.

-¿Cómo es su rutina de escritor? ¿Se enclaustra en su torre de marfil?

-No tengo torre de marfil, simplemente un estudio donde concentrarme y poder trabajar. Mi rutina es, imagino, similar a la de muchos escritores y consiste básicamente en ponerle todas las horas, esfuerzo y dedicación que hagan falta.

-¿Hubo voluntad o necesidad de hacerse un hueco editorial en el hecho de clasificar sus primeras obras como «juveniles»?

-Fue más un accidente que otra cosa. Mi primera novela, «El príncipe de la niebla», allá por 1992, obtuvo un premio de narrativa juvenil y a raíz de su éxito posterior se me abrió una carrera en ese género. Lo cierto es que nunca había pensado que iba a ser un escritor de novelas juveniles y con el tiempo salté el muro y empecé a escribir y publicar ya sin etiquetas ni limitaciones.

-A raíz de «La sombra del viento» se rescató «Marina», una obra anterior, y se vendió a espuertas... ¿Le lleva esto a reflexionar sobre el porcentaje de azar (y, por qué no, de injusticia) que hay en el éxito literario?

-«Marina» es un libro que había tenido éxito antes de «La sombra del viento» y las novelas posteriores, si cabe, han facilitado más la difusión de mis primeros libros, algo habitual en estos casos. El éxito es un tema que invita a la reflexión, pero creo que lo que se esconde tras él es normalmente mucho más complejo de lo que solemos pensar.

-«La sombra del viento» se presentó a un premio literario y no lo ganó. ¿Cabe pensar que, si hubiera sido premiada, paradójicamente, su proyección habría sido más limitada?

-Bueno, no sé... Mi impresión es que la novela hubiera tenido la misma acogida y que, si cabe, esa acogida, al menos en España, hubiera sido más rápida de lo que fue, pero por supuesto nunca se sabe lo que hubiera podido pasar...

-¿Qué le ha aportado vivir en Estados Unidos y qué le ha quitado?

-Es un lugar donde he hecho amigos, he vivido años claves de mi carrera y donde me han pasado cosas importantes en mi vida personal. No creo que me haya quitado nada, al menos que yo sea capaz de apreciar.

-¿Le queda poso de su formación jesuítica?

-No mucho, creo. En mis años de escolar el colegio era una institución donde el papel de la religión era muy liviano y no afectaba a los alumnos. Piense que los jesuitas son el ala liberal de la Iglesia y que, al menos en mi experiencia, tienen guante fino.

-¿Sueña con que su cementerio de los libros olvidados quede acuñado como imagen literaria universal del estilo de los molinos de viento cervantinos o la calavera de Hamlet?

-¡Sería muy pretencioso por mi parte! Yo ya me doy por más que satisfecho por el hecho de que este lugar se haya abierto un pequeño lugar en la imaginación de muchos lectores.