Retrato de Camilo José Cela
Retrato de Camilo José Cela - GONZALO CRUZ

Camilo José Cela se reencuentra con su futuro

Presentado el programa de actos del centenario de su nacimiento, presidido por los Reyes y que dará comienzo el próximo 11 de mayo

MADRIDActualizado:

Sostiene Rafael Sánchez Ferlosio (Roma, 1927) que «las únicas novedades de la cultura actual parece que no son ya más que los aniversarios». Y no le falta razón al sabio de «la Prospe», pero hay aniversarios que, por relevantes, son ineludibles. De esos, precisamente, viene sobrado 2016, con citas obligadas para rendir tributo a Cervantes, El Bosco, Rubén Darío, Shakespeare y, por supuesto, Camilo José Cela. El premio Nobel de Literatura, infatigable «perseguidor de verdades», como él mismo se definió en alguna ocasión, habría cumplido cien años el próximo 11 de mayo y ese es el día elegido para dar comienzo al programa de actos que celebrarán el «Universo Cela» hasta el 11 de mayo del año siguiente.

El mejor homenaje

En un ambiente familiar y cercano («estamos aquí porque somos amigos o porque somos lectores de Cela», dijo su hijo, Camilo José Cela Conde), ayer se presentó, en la sede del Instituto Cervantes, el Centenario del nacimiento del escritor, cuya presidencia han aceptado los Reyes, Don Felipe y Doña Letizia. Además del mencionado vástago, con el que el Nobel rompió relación por Marina Castaño, ausente ya en todo lo relacionado con Cela, estuvieron presentes el ministro de Cultura, Íñigo Méndez de Vigo, el director de la Real Academia Española (RAE), Darío Villanueva, el director del Cervantes, Víctor García de la Concha, y Jorge Cela Trulock, hermano del autor.

La ocasión lo merecía, y hasta Maruxa, una de las más pequeñas de los Cela-Trulock, no quiso faltar a la cita y escuchó, emocionada y en silla de ruedas, cómo su hermano se hacía presente a través del recuerdo de quienes le trataron, le quisieron pero, sobre todo, le leyeron. Porque, como bien dijo el ministro Méndez de Vigo, «el mejor homenaje que puede hacerse a un escritor es leer sus obras». Y ese es, precisamente, el objetivo que se ha marcado, para celebrar este Centenario, el Gobierno, definiéndolo, en los Presupuestos Generales del Estado, como «Acontecimiento de Excepcional Interés Público», con la aportación de los más altos incentivos fiscales. «Queremos conseguir que sus libros se sigan leyendo, que los más jóvenes, los que no tienen recuerdos de él, descubran a Cela», manifestó el ministro.

Cela, fotografiado en abril de 1948, durante la presentación en Madrid de «Viaje a la Alcarria»
Cela, fotografiado en abril de 1948, durante la presentación en Madrid de «Viaje a la Alcarria» - ABC

El Cela que, con sólo 26 años, escribió «La familia de Pascual Duarte», esa «metáfora de la Guerra Civil» (en palabras de Umbral) que Pío Baroja se negó a prologar porque ya no tenía «edad de ir a la cárcel» y que a punto estuvo de no ver la luz porque, a juicio de tres «avispados» editores, era una novela de sólo diez lectores (hoy es la obra española más traducida, después del Quijote); pero también el Cela que cejó en su intento de ser torero porque «tenía valor, pero no arte» o el ser, profundamente humano, encarnado en escritor, que se mostró «abrumado y encantado» cuando Leopoldo Calvo Sotelo le llamó, a las 12:45 del jueves 19 de octubre de 1989 para decirle que había ganado el Nobel de Literatura.

Porque todo eso conforma el «Universo Cela» y así ha concebido su celebración la Fundación que lleva el nombre del escritor y el de su primera mujer, Charo, a quien Jorge Cela Trulock dedicó unas cariñosas palabras que se clavarían, cual aguijón, en el orgullo de Marina Castaño, quien fuera última marquesa de Iria Flavia. «Ayudado siempre por Charo, su primera lectora», dijo el hermano del Nobel durante su corta intervención. Afortunadamente, la parte última, más ligada al papel cuché, de la vida de quien fuera «gloria nacional» ha sido desplazada por el tupido velo de la Literatura, la «palabra mágica de este año». «La Literatura fue lo que le llevó a torear, a hacer cine, a montar en globo. Fácil es haber sido su hermano. Quizás fuera por su influencia por lo que me he dedicado a escribir», reconoció Jorge Cela Trulock, que no dudó en describirle como un «trabajador incansable» y destacó, «por encima de todo», «sus valores literarios». Maruxa le miraba y asentía, haciendo valer aquellos versos de Jaime Sabines: «Morir es retirarse, hacerse a un lado, ocultarse un momento, estarse quieto, pasar el aire de una orilla a nado y estar en todas partes en secreto».

Adelantado a su tiempo

Versos también conjugados, de algún modo, por Darío Villanueva, amigo personal de Cela y que a punto estuvo de referirse al Nobel en presente, como si el tiempo no hubiera pasado o, acaso, ni existiera. «Nunca he encontrado a alguien con una visión del futuro como la que él ofrecía», dijo el director de la RAE. Y, sin pretenderlo, Villanueva dio con la clave de todo este año de celebración: Cela, reconocido en vida como un adelantado de la Literatura de su tiempo, se reencontrará, por fin, con su futuro. No obstante, al convertirse en octogenario aseguró que cumplía sus «primeros» 80 y aquí está hoy, a punto de llegar al siglo; y nos sobrevivirá a todos, si no al tiempo.

Camilo José Cela, bailando una jota en las fiestas de Zamarramala
Camilo José Cela, bailando una jota en las fiestas de Zamarramala - JOSÉ GARCÍA

«Este año será ocasión de destacar todo lo que han sido sus grandes aportaciones como muñidor de múltiples aventuras», continuó Villanueva, para después destacar su papel al frente de la revista «Papeles de Son Armadans», que trajo a España la voz de los exiliados. Decía Dionisio Ridruejo que Cela fue un gran estratega de su fama (basta con echar un vistazo al archivo fotográfico de esta Casa, como una de las imágenes que ilustra estas páginas, con el autor bailando una jota), pero nunca descuidó su oficio y, como apuntó el director de la RAE, «fue uno de los escritores que más hizo para el reconocimiento de la profesionalidad», reclamando dignidad «en aquellos años difíciles en los que se consideraba a la escritura como una vocación bohemia». Aún resonaban en la sala del Cervantes los recuerdos de García de la Concha, que evocó los almuerzos, «cada mes o mes y medio», en Horcher a los que Cela acudía con notas de lo que debía hacerse en la RAE, en la que entró con 41 años.

Quiso el protocolo que a Camilo José Cela Conde le tocara pasar revista al calendario de actos. Entre la conferencia de apertura, el 11 de mayo de este año, a cargo de Darío Villanueva en el Paraninfo de Fonseca de la Universidad de Santiago, y la clausura, el 11 de mayo de 2017, con palabras de Jorge Cela Trulock en el Cervantes, habrá exposiciones, un ciclo de cine, el estreno de una pieza de ballet, un homenaje en la Feria de Guadalajara, la recuperación de la versión sin censurar de «La Colmena» y otros actos que la Fundación tiene «en cartera», pero de los que ahora no toca hablar, porque «sería abusar de su paciencia».