El escritor posa con su gesto serio, a pesar de que escondía un gran sentido del humor
El escritor posa con su gesto serio, a pesar de que escondía un gran sentido del humor - ABC

Camilo José Cela: la genialidad y la irreverencia

Escritor español, ganador del premio Nobel de Literatura

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Aunque las arrugas de su cara terminaron dibujando un gesto serio, Camilo José Cela nunca descartó el traje del humor. Cuando ya no tenía nada más que demostrar en la literatura, y ya había entrado en la edad donde todo carece de importancia, sobre todo las formas, el escritor mostró su rostro más delirante y nos regaló un buen puñado de anécdotas que han pasado a la historia del gamberrismo español. Si bien Quevedo le dedicó un libro a las «Gracias y desgracias del ojo del culo», Cela fue más allá. En una entrevista con Javier Gurruchaga en 1988, aseguró que podía introducirse un litro de agua por vía anal, una cantidad que, en sus mejores momentos, ascendía hasta el litro y medio. Para cuando llevaron la palangana con el líquido en cuestión, la conversación ya los había llevado por otros derroteros: los de sus flatulencias. «El pedo es un arte que se está olvidando», sentenciaba entonces. Al año siguiente, el autor recibía el premio Nobel de Literatura.

En 1989, Camilo José Cela se convirtió en el quinto español en ganar el Nobel de Literatura. Hasta la fecha, es el último escritor patrio en haber recibido el máximo galardón mundial de las letras.
En 1989, Camilo José Cela se convirtió en el quinto español en ganar el Nobel de Literatura. Hasta la fecha, es el último escritor patrio en haber recibido el máximo galardón mundial de las letras.

Ese atrevimiento excéntrico no pasaría de la anécdota si no fuera porque Cela cambió la literatura española gracias a su falta absoluta de complejos. Lo que en su vejez era provocación televisiva, en 1942 era un arrojo literario total, una osadía que se materializó en la publicación de «La familia de Pascual Duarte». Aquella fue una novela-terremoto que sacudió a una crítica ya acostumbrada a la literatura oficial, que introdujo una nueva forma de decir el mundo, un mundo cruel. Llena de escenas sórdidas y de dolor, irresponsable en el mejor sentido de la palabra, es hoy la novela española más traducida después del Quijote.

Cela repitió el seísmo con «La colmena», una obra que tuvo que publicarse en Argentina para evitar la censura franquista. Con ella, demostró su afán por seguir retorciendo el lenguaje para llevar la novela a nuevos terrenos. También dejaba claro que era un hombre intrépido y sediento de novedad. Quizá por ello se extendió de tan diversas maneras, formando una suerte de poliedro inabarcable. Además de novelista fue poeta, actor, dramaturgo, editor, pintor, coleccionista, académico, vagabundo, torero y, al cabo, agitador cultural. Dejó más de un centenar de obras a sus espaldas. Todo lo hizo con la irreverencia de los genios, capaces de inventar sus propias normas en cada registro, incluso en el de las flatulencias. «El pedo debe ser sonoro y levantando ligeramente una pata, la pata contraria», afirmaba al final de aquella entrevista memorable.