Elio Quiroga, fotografiado en Sitges
Elio Quiroga, fotografiado en Sitges - efe

Elio Quiroga agita el Premio Minotauro con «Los que sueñan»

El autor canario se hace con el galardón con un cruce de terror y ciencia-ficción

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Explica Elio Quiroga que, como aplicado y voraz lector de Stanislaw Lem que es, ha leído y releído varias veces la obra del escritor polaco, por lo que era de esperar que, antes o después, acabase tirando del hilo de la «intelectrónica» y la «fantasmática» del autor de «Congreso de futurología» para acabar trenzando su propia reflexión sobre la virtualidad, el futuro y la libertad.

Lo que no estaba tan claro es que de ahí acabaría saliendo «Los que sueñan», novela con la que el escritor, cineasta y guionista canario se ha alzado vencedor del XII Premio Minotauro, dotado con 6.000 euros, y ha puesto en valor los apellidos de un galardón que se presenta como Premio Internacional de Ciencia Ficción y Literatura Fantástica.

Y es que, después de un 2014 en el que el protagonismo se lo llevó el homenaje a los clásicos vampíricos de Carlos Molinero, Quiroga cruza en «Los que sueñan» terror y ciencia-ficción para presentar una sociedad del futuro que permite transferir la conciencia a un mundo virtual. Un escenario vital «a la carta» que Quiroga aprovecha para ahondar en dilemas contemporáneos como el sobrepeso de la virtualidad y las ataduras de las redes sociales. «Estamos totalmente vigilados; es curioso como aceptamos perder parcelas de intimidad ante empresas como Google o Facebook, que tienen una relación muy estrecha con el poder», explica el escritor canario, que esta noche hará doblete para recoger el premio en el Festival de Sitges y estrenar en el mismo certamen el cortometraje «Sirena negra», adaptación de un relato de Vanessa Montfort.

Esta doble condición de escritor y cineasta es la que, asegura, le lleva a reconocer que una idea como la de «Los que sueñan» sólo encaja en una novela. «Hay cosas que son impracticables más allá de una novela, donde el único presupuesto es el del boli o el ordenador en el que escribas», asegura.

Más allá de eso, añade, no hay límites: ni siquiera a la hora de jugar con el lector y llevarle de la mano de ese «lugar hermoso» en el que conocemos a Dante, el protagonista, a la inquietante lectura de «Un ensayo sobre la mente, el hombre y las estrellas hacia un nuevo paso evolutivo», y de ahí a un nuevo escenario de cuerpos mecánicos, radiación cósmica y cerebros a la fuga.

Será que, después de años en los que parecía que la imaginación estaba penalizada, ha llegado la hora de desbordar todos los diques estilísticos y literarios. «La España del realismo y el costumbrismo había castrado la imaginación, y ahora sí que parece que se ha producido un cambio en la manera de pensar», zanja Quiroga.