El día que Lovecraft tropezó con el Necronomicón
Jesús Cañadas, en una imagen promocional - fernando monge

El día que Lovecraft tropezó con el Necronomicón

El escritor gaditano Jesús Cañadas convierte al padre de la literatura de terror en el protagonista de «Los nombres muertos»

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“Es una novela de aventuras, solo que quitando al héroe y poniendo en su lugar al freak”. Así, de buenas a primeras, parece sencillo, pero la cosa se complica cuando el freak en cuestión, el héroe abollado que se tambalea, retuerce y, sobre todo, se esconde entre las páginas de “Los nombres muertos” (Fantascy; Mondadori) es el mismísimo H. P. Lovecraft. Sí, el maestro del miedo y pionero de la literatura de horror, convertido en personaje literario y obligado a protagonizar una absorbente y maléfica historia que podría haber salido de cualquiera de sus relatos para "Weird Tales".

El responsable de tan osado y adictivo ejercicio es Jesús Cañadas (Cádiz, 1980), escritor gaditano enamorado del género que, tras descubrir lo que Félix J. Palma hizo con H. G. Wells en “El mapa del tiempo”, decidió agarrar al autor de “La llamada de Cthulhu” para transplantarlo en una historia que entrelaza misterio, aventuras, tramas pseudonaturales, cameos estelares de “personajes” como los escritores y acólitos de Lovecraft Frank Belknap Long y Robert Erwin Howard e inesperadas apariciones de Tolkien, Dalí, Chaplin, Pessoa y Hitler.

“Mi primera idea fue escribir una historia sobre Lovecraft, así que me pasé dos meses en Providence, encerrado en la biblioteca donde están todas sus notas manuscritas y leyendo todas sus biografías”, explica Cañadas, quien poco a poco empezó a ver claro que “Los nombres muertos” tenía que girar entorno al Necronomicón, ese libro maligno escrito con sangre y encuadernado con piel humana que Lovecraft se inventó en “El sabueso” y cuya lectura provocaba la locura y la muerte.

Con la muerte en los talones

Dicho y hecho, la segunda novela de Cañadas tras “El baile de los secretos” embarca a Lovecraft y su pintoresco séquito en la imposible búsqueda de un libro que no existe pero que todo el mundo, incluso los nazis, ansían desesperadamente. Una aventura transoceánica con paradas en Londres, Berlín, Damasco y Portugal que el autor gaditano resuelve con ritmo frenético y ambición descomunal y tras la que se esconde una reivindicación del género y, cómo no, del propio Lovecraft.

«Quienes vimos a Spielberg de niños estamos creando nuestras historias»“Es un maestro tanto por sus ficciones como por sus ideas. Leerle es una experiencia fuerte”, apunta Cañadas, quien gusta de ver “Los nombres muertos” como un homenaje al “pulp” y una ventana abierta a la “fascinante” personalidad del autor estadounidense. “Era una persona con unas contradicciones apasionantes. Era misógino y racista, pero se caso con una judía. No es simpático, prefiere estar con libros que con personas y, aún así, todos sus amigos están locos por él”, señala Cañadas.

“No entendía la vida real, no encajaba”, añade sobre un autor que, poco a poco, se va descubriendo en "Los nombres muertos" como ese "freak" imperfecto y patoso que, a falta de mayores virtudes, intenta derrotar a sus adversarios a fuerza de aburrirles con su florida cháchara.

El antihéroe perfecto para una novela que, sopesa Cañadas, ejemplifica ese interés renovado por los relatos de aventuras que comienzan a poblar la literatura española. "Será que quienes crecimos en los ochenta estamos empezando a asomar la cabeza. Quienes vimos a Spielberg de pequeños ahora estamos creando nuestras historias", subraya.

De ahí lo que el joven escritor concibe como una época especialmente buena para géneros como la fantasía y la ciencia ficción. “Cuando era pequeño, en la librería había una sección de fantasía con Tolkien, “Dragonlance” y poco más. Ahora hay más espacio, más autores que hacen género y, sobre todo, autores españoles. Es la prueba de que vamos por el buen camino", asegura.