«Las redes sociales han provocado que se adopte una forma de lectura ligera, casi esquizofrénica»

«Las redes sociales han provocado que se adopte una forma de lectura ligera, casi esquizofrénica»

El antídoto de Juan Jacinto Muñoz Rengel es el microrrelato. Con «El libro de los pequeños milagros» reivindica este género travieso que requiere de una lectura cómplice e interactiva

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Inquieto, travieso y juguetón. A Juan Jacinto Muñoz Rengel (Málaga 1974)le ha venido como anillo al dedo el microrrelato. Después de dos novelas («El asesino hipocondríaco» y «El sueño del otro»), el escritor malagueño necesitaba «volver a las distancias cortas y soltar el lastre de ideas acumuladas». El resultado es «El libro de los pequeños milagros» (Páginas de Espuma) en el que desgrana su imaginario, plagado de fantasía y en búsqueda constante de la complicidad del lector.

-Se trata de microrrelatos, pero el título real no tiene nada de micro («El libro de los pequeños milagros y los planetas ignotos y extraordinarios de este mundo, así como las {mini}epopeyas de otras tantas hazañas extraterrestres, y una recopilación de las más diversas y memorables prácticas amatorias, venganzas y torturas, muertes, reencarnaciones, espíritus y fantasmas, reptiles, monstruos, arquitecturas imposibles, las crónicas del espacio y la búsqueda de Dios»).

No, no -risas-, es una broma. Es un título larguísimo, más que algunos de los microrrelatos que hay en su interior. Tan largo que no nos cabía en la portada. Decidimos dejar solo la primera frase, pero el título completo me interesaba por esa reminiscencia cervantina, del siglo de oro y al mismo tiempo te está hablando de extratrerrestres y cosas que no tienen nada que ver. Ese contraste te va dando una idea de lo que hay dentro del libro. La propia portada con ese animal imposible (fusión de perro y loro) y la advertencia preliminar que también es un microrrelato («Esto no es un texto») más ese título ponen al lector en guardia, y se da cuenta de que no es un libro cualquiera.

«Este género se ha trabajado muy poco en España, hasta hace ocho o diez años»-Este género parece estar en pleno auge, ¿cree que tiene algo que ver con Twitter?

Bueno, se ha trabajado muy poco en España, hasta hace ocho o diez años. La tradición del microrrelato está en otros países de habla hispana, sobre todo en Argentina. Pero es verdad que, desde hace unos años para acá, ha habido escritores que, incluso siendo veteranos, han empezado con los microrrelatos, estoy pensando en José María Merino o en Juan Pedro Aparicio. Ha habido cierta actividad y también cierto interés desde las editoriales. Este libro sin Páginas de Espuma no habría salido porque es una editorial militante del género, lo ha ido defendiendo y ha tenido que ver con el hecho de llevarlo al gran público.

En cuanto a las nuevas tecnologías parece que funcionan, sí, pero para mí no del todo. Es cierto que Twitter, Facebook e incluso los blogs (el post perfecto es el que cabe en una pantalla) han facilitado que la gente escriba de forma más breve, han desarrollado la capacidad de síntesis. También lo es que facilita la divulgación de textos de literatura breve porque se pueden copiar y pegar o citar en un post o en un tweet, por lo que aumenta la sensibilidad del público hacia ella. Sin embargo, por culpa de las nuevas tecnologías se adopta una forma de lectura ligera, casi esquizofrénica, que hace saltar de una cosa a otra (da hasta miedo porque va demasiado rápido), pero no se profundiza no se va más allá. Y el microrrelato necesita su tiempo.

Imaginación sin complejos

-¿Quiénes son para usted los maestros del género?

Autores argentinos como Augusto Monterroso y otros nombres de la literatura latinoamericana. Pero en lo que se refiere este libro, Julio Cortázar me desveló que se puede hacer gran literatura a partir de hechos pequeñísimos, en mi caso microscópicos. Creaba seres imaginarios sin límites y sin complejos, sin necesidad de tener una experiencia previa. Eso me abrió una gran ventana.

«Si los microrrelatos no tuvieran distintos niveles de lectura se quedarían en el mero chiste»También está Italo Calvino y sus «Ciudades invisibles». Fue todo un precursor del género y mi libro está en deuda porque esas urbes inventadas de media página me dieron pie a crear escenarios imaginarios en otros planetas. Otros nombres son la escritora argentina Ana María Shua y José María Merino.

-Pero en esta obra, a pesar de derrochar fantasía, también aparece la crítica social.

Sí, porque creo que la literatura ha de tener distintos niveles de lectura. Los microrrelatos, si no los tuvieran, se quedarían en mero chiste. Siempre han de contar con un fondo psicológico, una crítica social, una conexión con otra realidad más compleja que esa primera lectura. Por ello, en la primera parte de mi libro, la más cercana, aparece la sociedad contemporánea con la crisis. Luego, cuando aparecen otros planetas, en el fondo siempre hay una analogía con la otra civilización de vida inteligente. Se trata un juego de espejos. En realidad, el microrrelato es un juego de espejos, que a veces deforman.