María Isidra Quintina de Guzmán, María Moliner, y Gertrudis Gómez de Avellaneda, en el apartado dedicado a las mujeres y la Academia - abc

La Real Academia celebra su tricentenario en la Biblioteca Nacional

Este jueves se inaugura la exposición conmemorativa «La lengua y la palabra. Trescientos años de la Real Academia Española»

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La Real Academia Española y la Biblioteca Nacional de España son dos instituciones tricentenarias y dos entidades hermanas en su defensa de la cultura española. Por ello no es de extrañar que la segunda albergue desde este jueves la exposición «La lengua y la palabra. Trescientos años de la Real Academia Española», con la que se conmemora el tercer centenario de la Docta Casa, comisariada por los académicos de la RAE Carmen Iglesias y José Manuel Sánchez Ron. La muestra está organizada por la propia Academia y Acción Cultural Española con la colaboración de la Biblioteca Nacional.

A través de más de trescientas piezas procedentes de los fondos bibliográficos de la Academia, y contando con una selección de obras artísticas, se hace un viaje en el tiempo por la historia de la RAE y de las personas que a lo largo de estos tres siglos la han integrado.

La exposición está organizada de forma cronológica y conceptual y en ella el visitante puede conseguir una visión general y precisa sobre los hechos más importantes que han tenido lugar en la historia de la lengua así como de los sucesos históricos que acaecían durante los trescientos años de vida de la Real Academia.

«La lengua y el habla: del sonido a la voz y la letra» es el primero de los siete apartados en los que se divide la exposición y nos adentra, según sus organizadores, «en la doble condición del lenguaje como magia y como ciencia en la historia humana». A continuación nos encontramos con el apartado «La creación de la Real Academia Española y la Ilustración», que nos sitúa en el marco histórico en el que tuvo lugar el nacimiento de la insitución. Seguidamente, se visita el tercer bloque, denominado «Guerra y revolución: 1808-1812. España en el siglo XIX», que no sitúa en la complicada situación del cambio del modelo del Antiguo Régimen a un sistema liberal constitucional, y la influencia que tuvo en la propia RAE y entre sus miembros, donde no faltaron las divisiones políticas propias de aquellos momentos.

El siguiente apartado cruza el Atlántico, y se titula «España y América. La lengua que nos une», que refleja el período de desintegración de los virreinatos de la monarquía hispánica en Suramérica y el nacimiento de las repúblicas latinoamericanas, pero también el mantenimiento de nuestra lengua, resaltando el trabajo de hombres como Andrés Bello y Rufino José Cuervo, tan importantes en el inicio de una política lingüística panhispánica.

Las mujeres llaman a la puerta de la RAE

A continuación, en el quinto bloque, «Entre dos siglos», las mujeres llaman a la puerta, aunque no consigan entrar, salvo a título honorario como María Isidra Quintina de Guzmán y de la Cerda, en el siglo XVII. Luego llegarían Gertrudis Gómez de Avellaneda, Emilia Pardo Bazán, Blanca de los Ríos, Concha Espina, María Moliner... que se quedaron a las puertas, hasta que en 1977 por primera vez una mujer logra entrar en el casón de la calle Felipe IV, Carmen Conde.

El sexto apartado es «Un agitado siglo XX. La lengua como ciencia», en el cual se asiste, tal y como subrayan los organizadores, «a las convulsiones históricas que sacudieron el siglo, pero, especialmente a los cambios y vicisitudes de la Academia y de sus académicos». La muestra se cierra en el futuro, con el bloque denominado «Revolución cognitiva y tecnológica. El paso al siglo XXI», que versa sobre los grandes cambios que ha introducido en el lenguaje la era digital.

«Una función básica de la historia –precisan los comisarios– es precisamente mantener abierto el futuro, al conocer desde el presente un pasado que podía tener distintas alternativas, pero que se deslizó hacia unas determinadas por un complejo de circunstancias objetivas y de decisiones humanas. La liturgia de las conmemoraciones tiene esa finalidad principal de intentar comprender nuestro presente a través de una saber más preciso y de una óptica distinta de lo que pasó. Los académicos tuvieron que compaginar sus trabajos rigurosos con las situaciones políticas y sociales con las que se encontraban. Las torres de marfil nunca existieron».

La muestra acoge varios cuadros poco conocidos de Goya, de Solana, el «Quijote» de Ibarra, de 1780, la primera edición de la gran obra de Cervantes de 1605, varios dibujos del maestro Mingote, que era el encargado en la Real Academia de ilustrar las felicitaciones y los menús, «El ajedrecista», del ingeniero e inventor Torres Quevedo, un esbozo de lo que llegaría a ser la inteligencia artificial, parte del señero perchero de la RAE, el sillón B mayúscula, varios de los diplomas acreditativos del Nobel de los premiados hispanos, y un puñado de obras que reflejan la historia de estos trescientos años de sabiduría.