Jo Nesbø: «Me resulta más fácil entender a un asesino que a un jugador de ajedrez»
El escritor Jo Nesbø, poco antes de la entrevista en un hotel de Madrid - ERNESTO AGUDO

Jo Nesbø: «Me resulta más fácil entender a un asesino que a un jugador de ajedrez»

El noruego presenta en España «El muñeco de nieve», la última novela de su serie negra sobre Harry Hole

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Jo Nesbø (Oslo, 1960) ha vendido, según las cifras que maneja su editorial en España, dieciocho millones de libros en todo el mundo. El escritor de novela negra, al que en sus comienzos compararon con Stieg Larsson (1954-2004), rompió todos los récords cuando en 2011 llegó a vender un ejemplar cada 27 segundos.

Con estas credenciales, no es de extrañar que el autor noruego, creador de la serie del comisario Harry Hole, haya recibido halagos de ilustres colegas como James Ellroy (Los Ángeles, 1948) o Michael Connelly (Filadelfia, 1956), además de la rendición absoluta a sus novelas manifestada por parte de Patti Smith (Chicago, 1946).

Pero es que, además, en el caso de Jo Nesbø, las cifras de ventas son directamente proporcionales a la calidad de novelas como «Petirrojo», «Némesis», «El redentor» o «La estrella del diablo», todas ellas pertenecientes a las aventuras de Harry Hole (y publicadas en España por RBA).

Enfundado en una camiseta negra con una calavera estampada, Nesbø visita estos días España para presentar el último libro de la serie de Harry Hole, «El muñeco de nieve» (RBA en castellano y PROA en catalán), un escalofriante relato sobre un asesino en serie de mujeres, donde el autor indaga en la genealogía del mal usando el inocente recuerdo infantil de un muñeco de nieve como macabro símbolo.

—¿Cómo construyó a Harry Hole?

—Paso a paso. Mi idea original fue que Harry Hole fuera una combinación entre un entrenador de fútbol noruego muy rico y Batman, pero, a medida que iba pasando el tiempo, iba poniendo más cosas propias en el personaje.

—¿Cómo funciona la lógica humana?

—A menudo vemos nuestras decisiones como algo aleatorio, pero no es así. Los seres humanos somos como ordenadores complicados y precisos, racionales, y dependemos mucho de nuestro cerebro. Somos esclavos de los procesos químicos de nuestra mente, no somos tan libres.

—¿Cuál es el origen del mal?

—Depende. Si lo consideras como el resultado de un estado mental fallido, el mal no existe en sí mismo. El mal no existe como tal, es la falta del bien. El mal no se desarrolla, está simplemente ahí, representa la ley de la selva que rige en nuestra sociedad. El bien es lo que necesitamos para que la raza humana se pueda desarrollar, es la estrategia adecuada para conquistar el mundo.

—¿Y qué me dice de la moral?

—No estoy interesado en discusiones teóricas sobre el mal, sino en la perversión del mal, el mal como actitud. Me fascina lo que sucede en la mente de un asesino en serie porque soy incapaz de entenderlo, y eso me pasa con todo lo que me resulta incomprensible. No entiendo el ajedrez, pero me resulta más fácil entender a un asesino en serie que a un jugador de ajedrez. Jamás se me ocurriría escribir un libro sobre Magnus Carlsen (maestro de ajedrez noruego), pero escribo libros sobre asesinos en serie. Tratar de ver el mundo a través de los ojos de alguien realmente malvado es algo extremadamente ambicioso en un escritor. Tienes que tener algún tipo de conocimiento de la naturaleza del mal.

—¿Hasta dónde puede llegar la perversión del mal?

—Siempre que la cultura ha intentado estudiar el mal, sucede algo que nunca nadie llegó a imaginar y se comprueba que la realidad está por encima de la definición.

—Como la masacre de Oslo en 2011.

—Exacto. Es muy pronto para analizar qué cambio produjo en la sociedad noruega. Lo importante fue la reacción de la gente. Mi generación recordará ese día para siempre, pero la masacre no fue el resultado de una ira colectiva de una parte de la sociedad, no fue como el 11-S. En el futuro será recordado como un desastre natural, como un terremoto, algo que simplemente sucedió, un ser humano que decidió cometer esa matanza. Y eso le quita importancia a la masacre.

—¿Puede el mal causar regocijo?

—No lo sé. Sentimos mucha curiosidad por lo que sucede en la mente de un asesino. Cuando miramos al monstruo, buscamos lo que nos distingue de él, pero también lo que tenemos en común, lo cual es muy perturbador.

—¿Tiene ya un final para Harry Hole?

—Aún no estoy al final de la trama, pero no va a vivir eternamente y le aseguro que cuando muera no resucitará.