Vázquez Taín: «El Códice merecía otro robo a la altura de Galicia»
El juez José Antonio Vázquez Taín, instructor de la causa por el robo del Códice Calixtino y autor de «Santiago, la leyenda del santo oculto» - efe

Vázquez Taín: «El Códice merecía otro robo a la altura de Galicia»

El juez instructor del caso se destapa como novelista con «La leyenda del Santo Oculto»

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A solo unos días de someterse al juicio público de los lectores, José Antonio Vázquez Taín habla desde su despacho en los juzgados de Santiago de Compostela con ABC sobre la instrucción más larga de su carrera. Tras 14 años de gestación nace «La leyenda del Santo Oculto» ( Teófilo Edicións), una novela de raíces históricas que conecta con el robo del Códice Calixtino cuya investigación acaba de concluir el juez gallego.

-¿La instrucción del libro ha sido la más laboriosa de su carrera?

-Sí, desde luego que sí. Ha sido una instrucción que no pensaba poder resolver. Buscaba datos y me documentaba porque me gusta muchísimo la historia, es mi segunda pasión (después de la familia, claro). Lo hacía como divertimento, no con la idea de escribir algo porque no consideraba que tuviera capacidad ni nivel para escribir una novela. Cuando me puse a escribir durante las vacaciones de verano, me sorprendió a mí mismo ver que fluía con facilidad un relato muy interesante para mí también. Me di cuenta de que tenía tanto el principio, como un nudo y un final que creía que podía estar a la altura, así que pude dejarme llevar por la escritura y disfrutar. Es una forma relajante de evadirse de la realidad.

-¿El olfato que le llevó a preguntar sobre las bolsas donde se encontró el Códice es el que le ha sugerido la trama de la novela?

-A Dios gracias en la trama de la novela pude expandir mi imaginación. Una vez dije que el código se merecía otro robo. En la novela he podido expandir mi imaginación y buscar un robo que estuviera a la altura de Galicia, de nuestra historia milenaria, nuestra cultura ancestral, de nuestro riquísimo patrimonio cultural y documental. El olfato policial en este caso más que ayudar, casi estorbaba. Hay que separar la personalidad de alguien que trata de ser muy realista del que intenta disfrutar de un placer como es la historia o la literatura.

-Eso mismo le reconoce Fernando Ónega en el prólogo al señalar que ha logrado que la realidad no supere a la fantasía. ¿Ha sido difícil?

-Sí. Quizá eso me ayuda. Llevo 15 años en el ejercicio de la profesión y conozco muchísimas realidades. Los sueños no son más que retazos de la realidad con los que el cerebro juega. En ese sentido, tengo muchísimos retazos de realidades que mis sueños pueden mezclar y por eso quizá me es más fácil desarrollar historias.

-La idea surgió en 1999, cuando recorrió el Camino de Santiago

-Lo he hecho tres veces. Engancha. Una de mis metas era que cualquiera que leyera el libro sintiera el impulso de recorrer el Camino de Santiago. Me gustaría que esas sensaciones que experimenté también las sienta la gente porque creo que ayudan a tener la posibilidad de ser mejor persona.

-¿Cuánto hay de José Antonio Vázquez Taín en Toño, uno de los protagonistas de la novela?

-Mucho (se ríe), pero propuré que saliera poco en la novela. Cualquier novela siempre es autobiográfica. Cuando uno cuenta algo, lo imagina o incluso se lo inventa, lo hace desde la experiencia vital que ha tenido. No somos más que fruto de nuestra formación y nuestra experiencia. En el libro hay demonios que necesitaba liberar. Una de las personas que me supervisaron y fueron leyendo la novela capítulo a capítulo, Antonio Tenorio, me dijo: «Pónme, pero con nombre y apellidos. Soy yo». Al final decidimos que saldríamos con nuestro nombre y desnudos, en una realidad completamente imaginaria.

-¿No se ajusta a la investigación real del Códice Calixtino?

-La investigación del Códice fue por un lado y la novela por otro. Hay algunas reflexiones sobre qué es una instrucción, cómo se siente un policía... que he querido reflejar en abstracto para que la gente de la calle conozca cuáles son las reflexiones de un juez instructor inquieto, preocupado porque las cosas salgan bien. Esas reflexiones son parte de la realidad, pero de cualquier realidad. Son de todas las causas.

-No revelará ningún secreto sumarial en el libro...

-No, por supuesto que no. No soy ningún «quijote» ni ningún loco. Amo mi trabajo. Por encima de todo quiero seguir siendo juez hasta que me muera y no iba a arriesgarme. Como conocedor de la ley, la iba a respetar no solo escrupulosamente en el texto sino también en la finalidad. En mi libro trato de hacer un juego, de desviar la atención sobre el asunto real que ha sido excesiva. Me daría mucha pena que al final se quedara la imagen de una Galicia de pobres incultos y paletos. Por eso he intentado alejarme cuanto más mejor de la realidad.

-La historia refleja una lucha entre la ciencia y la religión

-Es lo que me inspiró. Es una lucha que se convierte en interna cuando uno es educado como creyente. La he intentado plasmar en mi libro no sé si con acierto o no, pero sí con realismo. No le he dado la victoria a ninguno de los bandos. Es una pugna constante, tan vieja como el universo y tan vigente como en otras épocas.

-El descubrimiento de la tumba del apóstol, un momento crucial en la historia de Galicia, ¿le fascinaba desde siempre?

Sí. El origen científico, más o menos histórico de la tumba es claro: había que poner una anti-Meca, pero desde el punto de vista cultural resulta curioso hacer el camino y encontrarse con belgas, americanos, suecos, japoneses que sienten lo mismo que tú. ¿Cómo es posible que una peregrinación pueda hacer sentir lo mismo a gentes de diferentes culturas? He intendo mostrar qué tiene de mágico ese mito que tiene ya 1.200 años. Es un camino muy vivo, un camino de emociones más que físico.

-La novela se presentará el próximo día 31 de enero. Quedará expuesto ante la opinión pública, con la fantasía en la mano en lugar de la ley, algo inusual para un juez

-Me da un poco de respeto, pero también siento la necesidad de explicarme. Sé que para el público en general resulta extraño que un juez hable. Es como si tuviéramos que vivir aislados, incomunicados, pero después nos critican por eso. Si vivimos aislados somos unos dioses, que vivimos en un pedestal y no conocemos la realidad y si lloramos, nos emocionamos y nos equivocamos, claro está, e intentamos mostrar un lado humano, nos critican. El 31 me someteré a ese juicio público mostrando mis razones y aceptaré el veredicto con respeto porque creo en la justicia.

-¿Y cuál cree que será la sentencia de los lectores?

Creo que si leen el libro con ojos objetivos les va a gustar porque engancha. Los comentarios que me están llegando coinciden mucho con el prólogo de Ónega, a quien espero que el libro me dé la oportunidad de conocer. Escuchar sus reflexiones me ha hecho ver muchos asuntos de actualidad con calma gallega.

-Coinciden en la calma gallega... y en la retranca

-Sí. Soy orensano. Creo que estos días están cuestionando mi forma de interrogar en la televisión. Bueno, es nuestra ironía, que aunque quizá suene mal que lo diga, es el humor de los inteligentes. Cuando alguien está tomándote el pelo procuras ponerte a su altura, sin ser ofensivo, retruncarte. No lo podemos evitar, somos irónicos por naturaleza.

-¿Esa ironía está presente también en el libro?

Hay algunos gestos de ironía, pero sobretodo he tratado de ser sensible. Cultura y sensibilidad fueron mis premisas. He tratado de hacer alguna pequeña reflexión incompleta sobre la vida, la muerte, el amor o el sexo. No pretendo decir a la gente lo que tiene que pensar, pero sí me gustaría sugerir a la gente que piense sobre determinados temas.

-Ahora que hace alusión a esa filtración que ha habido del sumario. ¿En qué momento se encuentra la instrucción del robo del Códice?

-Mi labor ya ha terminado. Mi conciencia y mi labor están de acuerdo. Considero que no hay nada más que aportar jurídicamente. No encuentro nada más y creo que es el momento de que la justicia se pronuncie sobre la calificación jurídica de los hechos. La instrucción ya ha acabado, no hay nada más que investigar ni nada más que descubrir. Ahora entramos en una fase formal de alegaciones y después se producirá el señalamiento de la sala. Yo contaría que fuera a finales del primer trimestre o principios del siguiente.

-Antes de que su nombre se asociara al Códice ya era conocido por su implacable lucha contra el narco. ¿Habrá una novela ambientada en Arousa?

-Mmmmm... quizás. No puedo negar que Arousa fue un mundo que me marcó. Fue una experiencia muy dura, pero muy buena. Hay ideas que flotan, pero no tienen entidad suficiente para tejer una historia. No soy precipitado. Quizá me hace falta más tiempo, quizá estoy demasiado cerca, unido, sensible con Arousa.