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FESTIVAL DE BERLÍN

La última e inacabada película de River Phoenix abandona el terreno de la mítica

La Berlinale rescata el drama polvoriento titulado «Dark Blood» veinte años después de la muerte del actor

La última e inacabada película de River Phoenix abandona el terreno de la mítica
River Phoenix
Actualizado
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River Phoenix fue todavía más veloz que James Dean en encontrar el atajo hacia la meta. Con apenas veintitrés años, una sobredosis de heroína y cocaína terminó con su vida, aunque, ayer, veinte años después de aquello, pudimos comprobar que no del todo con su carrera de actor. El Festival de Berlínestrenó en sesión (¿especial?, ¿de espiritismo?) la película que estuvo a punto de acabar, pero… Se titula «Dark blood» y su director, George Sluizer, tuvo uno de esos prontos tardíos y decidió ponerla en pie…, más o menos. Arranca con la confesión del director de su pecado de llenar los huecos en negro con un texto explicativo que lee él mismo, al modo de «y Boy se acercó a ella y le dijo que tal y tal...» Al parecer, antes le ofreció esa tárea al hermano de River, Joaquin Phoenix, pero en un sorprendente ataque de lucidez, éste se escabulló de hacerlo. Judie Davis en salazón y Jonathan Pryce casi en plena forma son la pareja protagonista, que se queda, con todo el merecimiento, colgada con su coche en mitad del gran desierto de ningún sitio, donde aparece para echarles una mano un flipado que vive allí como un ermitaño y que interpreta con gran acopio de verosimilitud River Phoenix. La película juega a crear todas las tensiones que cualquiera puede prever: él y ella, él y él, él y ellos…, y toca también algún otro resorte narrativo entre espiritual y apocalíptico con guiños de western polvoriento. No puede decirse que la espera ha merecido la pena; ni es lo que se dice el mejor epitafio para la carrera de River Phoenix, aunque hace ahí un buen trabajo, incluso lúgubremente premonitorio. «Dark blood» recibió un educado aplauso al final de su proyección, al fin y al cabo había hecho todo el esfuerzo por dejar de ser mítica: dejarse ver.

El Festival presentaba también una película de Kazajistán en la competición, «Harmony Lessons», de Emir Balgazin. Una historia entre escolares que se va esquinando y esquinando cada vez más hasta salirse por sus propios bordes. Aparentemente, se diría que cuenta un suceso de «mobbing», el maltrato de unos abusones a sus compañeros de clase, y especialmente a uno que es, precisamente el protagonista. Pero este director Balgazin es un «crack» de la sugestión y nos mueve mediante sus descripciones del joven y callado protagonista a pensar cualquier cosa de él; lo vemos degollando un cordero y despiezándolo junto a su abuela; lo vemos urdiendo trampas para torturar cucarachas; completamente traumatizado por una broma (pesada) que le hacen sus compañeros de clase…, en fin que podría decirse que Balgazin nos está contando el nacimiento y primeros pasos de un psicokiller, aunque visto desde la orilla inadecuada, pues es el personaje positivo y válido de la película. El tramo final de «Harmony Lessons» se esfuerza en desdecir esta teoría que era mucho más interesante y provocadora que el modo en que queda resuelta.