«El Instituto Cervantes depende de Exteriores»

El ministro Margallo marca su terreno ante Cultura en la toma de García de la Concha

ANTONIO ASTORGA
MADRID Actualizado:

Contundente y explícito, ora irónico oracon cierta sorna, en pleno corazón del Instituto Cervantes, y a un metro del ministro de Cultura, José Ignacio Wert y a escasos de la puerta de su Ministerio, el titular de Exteriores, José Manuel García-Margallo, delimitó su territorio jugando de visitante en la toma de posesión de Víctor García de la Concha como nuevo director del Cervantes. «Esta casa tiene su padre y su madre, y eso tiene sus ventajas y desventajas, pero la ley de su fundación lo dice claramente: que depende de Exteriores».

La porfía por controlar la golosa nave cervantina convoca desde tiempo inmemorial a los Ministerios de Cultura y Exteriores. Y ayer, ante ministros y exministros, todos los directores que del Cervantes han sido, políticos de varios signos y académicos, Margallo quiso dejar las cosas muy claras. Momentos antes, José Ignacio Wert señaló que en el programa cultural con el que el PP concurría a las elecciones «nos comprometíamos a impulsar el Instituto Cervantes como buque insignia para que sea la plataforma de visibilidad global y facilite la promoción de la cultura en español por el mundo». Y el día de la victoria sobre los cazatesoros de Odyssey y el retorno del oro y la plata de La Mercedes, remató el ministro Wert: «No escatimaremos un solo doblón para potenciar la marca España».

Lassalle «coordinará»

Margallo sostuvo que la marca España necesitará sinergias, y una diplomacia adecuada a los nuevos tiempos. Reconoció, eso sí, que habrá conflictos de competencias, «pero será para aportar más», y señaló al «espíritu que va a coordinarnos: José María Lassalle Secretario de Estado de Cultura, ahí presente».

El nuevo director del Cervantes, Víctor García de la Concha, también habló de sinergias, duplicidades y organización al final de su discurso de toma de posesión: «El Cervantes ha nacido y crecido en austeridad. Algún día, y más pronto que tarde, habremos de replantearnos en serio la imprescindible necesidad de dotar con más medios a la política lingüística y cultural. Pero avanzaremos mucho si nos organizamos mejor, si evitamos duplicidades y buscamos fusiones que produzcan sinergias».

Le arroparon los seis exdirectores cervantinos: Carmen Caffarel, de rojo y negro; Nicolás Sánchez Albornoz, el Marqués de Tamarón, Fernando R. Lafuente, Jon Juaristi, y Cesar Antonio Molina. Y mezclados entre el numeroso público Javier Solana, Carmen Alborch, Juan José Lucas; académicos, que eran legión, comandados por su director, José Manuel Blecua; Carmen Iglesias, Arturo Pérez-Reverte, José Manuel Sánchez Ron, José Antonio Pascual, Gregorio Salvador... Se veía a Fernando García de Cortázar, José Luis García Delgado, Miguel Ángel Cortés... el Cervantes abarrotado como nunca.

García de la Concha recordó un aserto de Fernando Lázaro Carreter sobre el espíritu del Cervantes: «Está claro, los académicos somos los padres conciliares y el Cervantes formará y enviará a todo el mundo misioneros que enseñarán el evangelio del español». Un envagelio que tiene una marca, «Cervantes», y que García de la Concha quiere que sea sentido en América como algo propio; reforzará la acción del español en Estados Unidos, Brasil, China, India, Corea, Japón y afrontar el reto apremiante del espacio digital. Y todo, desde la austeridad.