«El nacimiento de Venus», de Botticelli
«El nacimiento de Venus», de Botticelli - ABC

Un «nuevo caso» de síndrome de Stendhal en los Uffizi

Un italiano de 70 años sufre un infarto contemplando «El nacimiento de Venus», de Botticelli, en la Galería de Florencia

Corresponsal en RomaActualizado:

¿Puede la contemplación del arte causar vértigo, confusión y extraño malestar? Los casos se suceden. Y algunos se relacionan con el famoso síndrome de Stendhal, la enfermedad psicosomática que provoca palpitaciones, mareo, temblor, incluso alucinaciones, en algunas personas cuando se encuentran ante una obra de arte que les produce una especial impresión o sugestión.

Del último caso se hacen eco en estos días los medios italianos: ha sucedido en la Galería Uffizi de Florencia, la más visitada de Italia, aparte de los Museos Vaticanos, con 2,2 millones de turistas en 2017 y otros tantos este año. Un hombre de 70 años de la provincia de Florencia sufrió un infarto contemplando «El nacimiento de Venus», de Botticelli. Fue salvado por cuatro médicos romanos, de visita en el museo, que utilizaron uno de los desfibriladores de la Galería.

El director de los Uffizi, el alemán Eike Schmidt, sostiene que no es la primera vez que sucede: «En 2016, en la misma sala Boticelli, un joven extranjero tuvo un ataque epiléptico. Se produjo también delante de “El nacimiento de Venus”. Hemos tenido también otros casos, quizás más ligeros, como mareos, vértigos…». Schmidt llega a asegurar que son numerosos los turistas que sufren mareos: «El desmayo de una persona se produjo en la inauguración de la renovada sala de Caravaggio frente a su obra «Cabeza de Medusa». Esta bestia mitológica es una de las obras maestras más inquietantes y espléndidas de Michelangelo Merisi da Caravaggio, genio del Barroco.

Así lo describió Stendhal

Se vuelve a hablar así del síndrome de Stendhal. Florencia, cuna del Renacimiento, es famosa en todo el mundo no solo por sus maravillas artísticas, sino también por esa célebre enfermedad psicosomática cuya denominación tuvo su origen en la espléndida Basílica franciscana de la Santa Cruz, una joya renacentista. El primero en describirla fue Marie-Henri Beyle (1783-1842), más conocido como Stendhal, quien contó su propia experiencia.

El 22 de enero 1817, el escritor francés entró en la basílica y ante las tumbas de Miguel Ángel, Dante Alighieri, Canova, Maquiavelo, Galileo Galilei, y admirando mil maravillas como las obras de Giotto, Cimabue, Brunelleschi o Donatello, se sintió abrumado por tanta belleza. Stendhal salió a la plaza de la basílica y comenzó a sentir vértigo, taquicardia y alucinaciones.

Así describió su experiencia en su maravilloso libro «Roma, Nápoles y Florencia»: «Me encontraba ya en una especie de éxtasis por la idea de encontrarme en Florencia… Absorbido en la contemplación de la belleza sublime, la veía de cerca, la tocaba por así decirlo. Había alcanzado ese nivel de emoción, donde se encuentran las sensaciones celestiales que dan las artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Cruz, me dio un vuelco el corazón, caminaba con el temor de caer», escribió. El escritor francés, como otros turistas que admiran maravillosas obras de arte, sienten una especie de experiencia mística.

Una enfermedad particular

La psiquiatra Graziella Magherini, durante años directora del departamento de salud mental del hospital de Santa María Nuova de Florencia, ha asistido a cientos de turistas ingresados debido a una aguda descompensación psíquica. Ha descrito su experiencia en un libro célebre, «El síndrome de Stendhal. El malestar del viajero frente a la grandeza del arte». En su obra, Magherini cuenta esos peculiares ataques, en parte comparables a un decaimiento psíquico, que ella considera como una enfermedad particular.

Al surgir nuevamente este debate, la pregunta al director de los Ufizzi, Eike Schmidt, es inevitable: ¿usted cree en el síndrome de Stendhal?: «No soy médico -ha dicho al «Corriere»-, no hago diagnósticos, pero sé que visitar un museo como el nuestro, lleno de absolutas obras maestras, constituye ciertamente una posible causa de estrés emotivo, psicológico y también físico, por el esfuerzo de la visita».