Muere el artista Richard Hamilton
El artista Richard Hamilton - IGNACIO GIL

Muere el artista Richard Hamilton

El pionero del pop art ha fallecido en Londres a los 89 años

CORRESPONSAL EN LONDRES Actualizado:

En algún lugar de la Gran Bretaña cuyo nombre no ha querido dar su galerista, Larry Gagosian, y por causas igualmente desconocidas, ha fallecido, a los 89 años de edad, Richard Hamilton, uno de los artistas británicos más influyentes y menos conocidos por el gran público. Considerado como el “acuñador” del arte pop, Hamilton trabajaba en una retrospectiva de su obra que debía viajar a Los Ángeles, Filadelfia, Londres y Madrid en 2013-2014, según han informado desde su galería. Nacido en Londres en 1922, Hamilton entró en contacto a principios de los años 50 con el llamado Grupo Independiente, capitaneado por el escultor Eduardo Paolozzi y formado por una serie de artistas radicados en el célebre Institut for Contemporary Art (ICA), la institución londinense creada en 1946 para llevar a las artes de las islas británicas por derroteros diferentes a la senda clasicista que imponía la Royal Academy of Art.

El grupo tuvo su momento esencial con la exposición “This is tomorrow” en la Whitechapel Gallery londinense en 1956, donde grupos multidisciplinares de artistas crearon de forma conjunta una serie de obras, instalaciones, rótulos y ready-mades que constituyen el germen del arte pop británico. Después de una década de estrecheces y cartillas de racionamiento típicas de la posguerra, los británicos comenzaban entonces a iniciarse en la vida “moderna”: compraban a crédito para decorar sus casas, tenían televisión, y viajaban a la costa en vacaciones. Y fue Hamilton quien acuñó el término “pop” como icono artístico en la que es su obra más significativa, y que sirvió de poster para aquella exposición: “¿Qué es lo que las casas de hoy en día tan diferentes, tan apetecibles?”. En medio de un salón de un típico apartamento moderno de la época, un hombre desnudo sujeta un chupa-chups gigante en la que está escrita la palabra “pop”.

Su obra está considerada como uno de los elementos precursores de la producción “pop” del otro lado del Atlántico, con artistas como Andy Warhol Roy Lichtenstein o Robert Rauschenberg. En los 60, Hamilton se vinculó a los aspectos más locos de la década. Retrató al “dealer” londinense Robert Fraser y el cantante Mick Jagger detenidos por posesión de drogas (“Swingeing London”, 1968-69), y es el autor de la portada en blanco del “White Album” de los Beatles. Mantuvo un compromiso muy fuerte con el movimiento pacifista y antinuclear británico, y no evitó cuestiones políticamente espinosas, como el conflicto en Irlanda del Norte, que abordó con su obra “El ciudadano” (1981-1983), un retrato de un preso del IRA en huelga de hambre, Bobby Sands, a modo de Jesucristo envuelto en una manta (los presos del IRA se negaban a ponerse el uniforme de las prisiones británicas).

Ya en los 2000, al calor de la intervención británica en la guerra de Irak, Hamilton imprimió (literalmente, con una Hewlett-Packard, sobre lienzo) un curioso retrato de Tony Blair con cartuchera de “cow-boy” (“Shock and Awe”, 2007-08).

Hamilton visitó España por última vez en marzo de 2010, cuando expuso en el Museo del Prado su particular interpretación de “Las Meninas” de Velázquez: la Infanta Margarita se tornaba cubista, el mastín en minotauro y una hoz y el martillo aparecían en el pecho de Picasso, en vez de la Cruz de Santiago de Velázquez en el original. “Me siento como si estuviera entrando en la Historia», comentó entonces el artista.

Hamilton fue un profeta sin predicamento en su propia tierra, a pesar de haber sido el introductor de Marcel Duchamp en las artes británicas. Y su obra, a diferencia de artistas como Lucien Freud o David Hockney, nunca ha sido reconocida por el gran público, a pesar de que ha sido objeto de dos retrospectivas en la Tate Gallery. “Tengo la sensación de haber sido rechazado toda mi vida”, explicó el artista fallecido a Alastair Sooke, crítico de arte de “The Daily Telegraph”. “Mi exposición en la Tate en 1992 fue calificada como la peor exposición del año. Y me sentí muy orgulloso, por fin era el primero en algo. Pero siempre me he sentido igual: nunca hice nada que quisieran los demás”.

Con su muerte, algunas figuras de las artes británicas han querido hacerle justicia. “La influencia de Hamilton sobre artistas jóvenes es inconmensurable”, ha dicho hoy Larry Gagosian, su galerista. Para Nicholas Serota, director de la Tate, “es uno de los artistas más influyentes y peculiares del periodo de posguerra”.