Uno de los dibujos anatómicos de Leonardo en la muestra de Buckingham Palace - aBC

Anatomía de Leonardo

Buckingham Palace inaugura este viernes la mayor exposición de dibujos sobre el cuerpo humano del genio renacentista, y lanza una aplicación específica de iPad para «traducirlos»

borja bergareche
corresponsal en londres Actualizado:

El Palacio de Buckingham inaugura este viernes una esperada exposición sobre los dibujos anatómicos de Leonardo da Vinci, que muestran la entusiasta curiosidad y determinación científica de un hombre que quiso hacer un Tratado de Anatomía en una época en la que la Humanidad no sabía aún cómo funcionaba la reproducción humana o que la sangre circulaba por el cuerpo. Aunque la Biblioteca Ambrosiana de Milán es quien alberga el mayor número de dibujos –técnicos y de ingeniería, sobre todo– del genio renacentista, la Colección Real británica «es la mayor de corte artístico», nos explica Martin Clayton, comisario de una muestra en la que se podrá ver por primera vez uno de los famosos cuadernos de anatomía de Leonardo.

Leonardo comenzó efectuando disecciones en osos, perros, cerdos, ranas o monos

El espíritu científico le empujó siempre a contrastar su obsesión con las dimensiones perfectas –que consignó para la posteridad en el famoso «Hombre de Vitruvio»– con la realidad del cuerpo humano. Leonardo comenzó realizando disecciones en animales a los 30 años. Hacia 1485, dibujó un estudio del pie de un oso, según se ve en la muestra.

Empleó además perros, ranas, monos y cerdos para ir perfeccionando su insaciable conocimiento sobre musculatura, sistemas nerviosos o cardiovasculares. Instalado en la corte florentina de Ludovico Sforza, hacia 1489 tuvo acceso a los primeros cráneos humanos y pudo, por fin, someter las concepciones de la época a su propia observación directa.

Segundo impulso con el «anciano centenario»

Leonardo fue el primero en mostrar la curvatura de la espina dorsal, por ejemplo. Pero la caída de Sforza a manos de las tropas francesas le empujó a huir a Milán, y a abandonar este primer impulso anatómico que retomaría años más tarde, de vuelta en Florencia, cuando le encargaron pintar la batalla de Anghiari en un muro del Palazzo Vecchio. Leonardo, ya con 50 años, recupera su proyecto de tratado anatómico, y comienza a tener acceso a cuerpos enteros para diseccionar.

«No tenemos documentos sobre cómo obtenía los cuerpos exactamente, pero trabajaba con facultades de medicina y hospitales de caridad, con pleno conocimiento de las autoridades», nos explica Clayton. «No debió tener ningún problema, Leonardo era ya un hombre muy conocido y respetado, diseccionó unos 30 cuerpos en su vida», aclara.

Fue Leonardo quien describe la cirrosis, la arteriosclerosis o el apéndice por primera vez

En el invierno de 1508-1509, Leonardo charló en el lecho de muerte con un anciano de cien años en un hospital florentino. «Unas horas antes de su muerte, me dijo que tenía más de cien años y que no había ningún problema con su cuerpo, más allá de cansancio», registró Leonardo en su cuaderno.

A partir de la autopsia realizada sobre su cuerpo, el «científico» realiza la primera descripción de una cirrosis del hígado o de la arteriosclerosis, y dibuja el apéndice por primera vez en la Historia.

A su muerte en 1519, sus cuadernos sobre anatomía se perdieron en la Historia sin ser compilados en el Tratado con el que soñaba Leonardo. Y, sin embargo, en 1543 el anatomista flamenco Andreas Vesalius publicó el histórico tratado que crea la anatomía moderna. El célebre médico y anatomista británico del siglo XVIII, William Hunter, lo tenía claro. «Leonardo fue, con diferencia, el mejor anatomista de su época».

El misterio de la vida

De haber seguido con su minucioso estudio sobre el corazón y el sistema cardiovascular, tal y como muestra la exposición, Leonardo podría haber puesto su nombre al hallazgo de William Harvey un siglo después: que la sangre circula por el cuerpo humano bombeado por el corazón.

REUTERS
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La exposición incluye además uno de los dibujos más espectaculares del artista, la reproducción de un feto de un útero, que realizó a partir de la observación del de una vaca. Leonardo se aparta en este caso de su preferencia habitual por el blanco y negro y colorea esta imagen del gran misterio de la vida, que tampoco tuvo tiempo de resolver.

En su época, se creía que la vida humana se generaba a partir de la sangre de la mujer al contacto con la «semilla del hombre». Leonardo recrea un útero idealizado, perfectamente circular, con el feto acurrucado en el centro.

Y dibuja, con su habitual técnica de escritura inversa (fruto de una práctica adquirida, como zurdo, por comodidad desde niño, y no por un afán ocultista como suele retrarar la leyenda), los aparatos reproductores masculino y femenino, con todas las concepciones erróneas de la época.

«El dibujo del feto no es solo una ilustración, es él pensando, concebiendo ideas, dibujando, es él poniendo en marcha sus habilidades mecánicas, sus dotes de observación, su genio artístico», dice la historiadora clásica Helen King en los materiales de la exposición. «Tenía todas las preguntas, pero no pudo llevarlas hasta las respuestas», cree.

Rastro en Madrid

Leonardo cedió sus dibujos a su asistente Francesco Melzi –que firma un retrato del artista con 67 años expuesto en la primera sala–, que intentó ordenarlos. A su muerte, su hijo vendió la mayoría al escultor Pompeo Leoni. Al italiano le sorprendió la muerte en Madrid, donde vivió sus últimos veinte años como escultor en la corte de Felipe II.

El legado de Leonardo fue vendiéndose y quedó desperdigado. El cuaderno de anatomía expuesto aquí por primera vez, dentro de las 87 láminas del artista (con 20-30 dibujos cada uno) que incluye, fue adquirido por el conde de Arundel, quien lo llevó a Inglaterra hacia 1630, donde aparece ya en 1690 como parte de la colección real de Guillermo III y María II.

La exposición, que puede visitarse en la Galería de la Reina del palacio hasta el próximo 7 de octubre, incluye además una aplicación para iPad (Leonardo da Vinci: Anatomy) que permite invertir y traducir miles de notas del artista.