La fachada de la sede de ARCO en la Castellana rindió homenaje a Piet Mondrian
La fachada de la sede de ARCO en la Castellana rindió homenaje a Piet Mondrian - Ifema

HISTORIA DE ARCOLa feria artística que devolvió a España al panorama internacional

La primera edición del certamen madrileño reunió en 1982 a 365 artistas de Europa y América, en un evento que concitó gran interés y en el que el sector mostró su deseo por recuperar todo el tiempo perdido

MadridActualizado:

Pocas personas eran conscientes, en 1982, del impacto que tendría ARCO en España y en el mundo. La idea de crear una feria de arte contemporáneo guardaba más ilusiones que certidumbres en un país con una democracia aún joven y frágil. Sin embargo, desde el primer día, la feria gozó de una gran aceptación. Un reconocimiento que aún hoy, 34 años después, perdura. El éxito de ARCO, la Feria Internacional de Arte Contemporáneo que se celebra cada año en la capital española, no sólo reside en el hecho de haberse convertido en un símbolo de la vanguardia cultural. También supone el punto de partida para la creación de una nueva España más abierta y plural.

Madrid se convirtió, entre el 10 y el 17 de febrero de 1982, en el epicentro del arte europeo y latinoamericano. Un total de 264 artistas de 14 nacionalidades distintas respondieron a la llamada de la galerista vallisoletana Juana de Aizpuru, que dirigió el certamen durante sus primeros cuatro años. El punto de encuentro fue el Palacio de Exposiciones de Ifema, entonces en el Paseo de la Castellana, que engalanaron con detalles de la obra de Mondrian para la ocasión.

Aizpuru, o «Juana de Arco», como la llamaban jocosamente algunos de sus compañeros, consiguió hacer realidad el deseo de relanzar el mercado del arte en España que esperaban el por entonces director de Ifema, Adrián Piera, y el Ministerio de Cultura, con Soledad Becerril a la cabeza.

La ministra de Cultura, Soledad Becerril, durante la inauguración
La ministra de Cultura, Soledad Becerril, durante la inauguración - EFE

La primera edición de ARCO contó con la intervención de algunas de las galerías más destacadas de la época, como la Theo madrileña o la Sala Parés de Barcelona, que, además de exhibir los trabajos más frescos del momento, mostraron también obras de los grandes clásicos, desde Miró hasta Picasso. Sin embargo, las firmas extranjeras también tuvieron un intenso protagonismo, desde la romana Toninelli hasta Denise René, dedicada al arte cinético y el «op-art». Los debates diarios entre coleccionistas, críticos y galeristas fueron otro de los grandes estímulos de la cita.

La calidad de los expositores y el ambiente festivo que rodeó la feria propició la llegada masiva de compradores y curiosos. Más de 40.000 personas visitaron el número 257 del Paseo de la Castellana, animados también por el asequible precio de las entradas –200 pesetas, poco más de un euro– y por la decisión del Gobierno, entonces presidido por Leopoldo Calvo-Sotelo, de eliminar el impuesto de bienes de lujo que pesaba por entonces sobre las obras de arte en las compras que se realizaran dentro de la feria.

Durante una semana, España consiguió librarse de un insostenible «apartheid» que aún la asfixiaba comercial y culturalmente. Para el recuerdo quedará la primera edición de ARCO, el motor que no sólo revitalizó el valor artístico del país, sino que consiguió promover su cultura y sus valores.