Zaha Hadid - ABC

Hadid: adiós a la diva de la arquitectura

La iraquí falleció en Miami tras un infarto a los 65 años, cuando estaba hospitalizada por una bronquitis

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La muerte de Zaha Hadid sucedió repentinamente: contrajo una bronquitis a comienzos de semana y sufrió un ataque cardíaco mientras recibía tratamiento hospitalario. No sólo ha muerto una arquitecta, sino sobre todo un símbolo, un ícono. Si hubiera que definir el término «arquitecto-estrella», sin duda Zaha Hadid encarnaría una de sus más precisas definiciones. El personaje de Hadid siempre tuvo unos visos de prima donna que ella se esmeró en cultivar y desplegar a la menor ocasión.

Nació en Bagdag en 1950 y estudió Matemáticas en la Universidad Americana de Beirut, antes de comenzar su formación en la Architectural Association de Londres en 1972. Rompió todos los esquemas a principios de los 80 con su proyecto The Peak, diseñado para Hong Kong y que no llegaría a construirse, cuyos dibujos preciosos y arriesgados culminaban un proceso de investigación en el Constructivismo y que concretó tempranamente en numerosos dibujos. La publicación en la revista «GA» de una selección de estos iniciales proyectos fue un golpe de aire fresco para la generación de arquitectos ahogada por la posmodernidad. Las impresionantes y utópicas perspectivas que Hadid magistralmente concretaba recuperaron para la arquitectura otra manera de hacer.

Su primera obra construida, la Estación de Bomberos en el Campus Vitra (Weil am Rhein, 1994), es un manifiesto conceptual y una síntesis de lo que Philip Johnson dio en llamar Deconstructivismo. En 1988 ella fue uno de los arquitectos incluidos en la exposición en la que éste celebraba el Constructivismo a través de la exaltación paralela de la trayectoria experimental de siete arquitectos internacionales. Plasmó en este edificio una expresiva plasticidad, aunque se trata también de una construcción excesivamente caprichosa y que no llegó nunca a servir para la función con que fue planteada.

De culto

Sin apenas obra construida, Hadid se convirtió en una figura de culto entre la profesión. El fallido proyecto para la Ópera de Cardiff (1994) consolidó aún más este estatus que la mitificaría. Hasta construir el Centro Rosenthal de Arte Contemporáneo (2004), en desigualdad con el nivel de fama y prestigio de su figura, su producción arquitectónica fue escasa y de pequeña escala.

Obtuvo el Pritzker en 2004, cuando su bagaje de obra construida aún era escaso. Seguramente porque era una de las pocas mujeres, sino la única, que había logrado hacerse un hueco en el selecto club de los arquitectos-estrella. En 2016 se convirtió también en la primera mujer que recibía la Royal Gold Medal del RIBA.

Sin duda, alcanzar ese estatus no debió serle fácil pero sí es cierto que supo utilizar astutamente a su favor un cierto victimismo por su condición de mujer y extranjera. No obstante, no reparó a la hora de aceptar encargos para dictaduras o desentenderse de la terrible explotación de trabajadores en la construcción de edificios en los Emiratos Árabes. Gestos que delatan una falta de empatía de la que, a veces, sufren sus obras. Ejemplo de ello es el Centro Cultural Heydar Aliyev en Bakú o el Galaxy SOHO en Pekín.

La adopción de la tecnología digital y su asociación con Patrik Schumacher supusieron el desarrollo de su lenguaje arquitectónico, que dejó atrás la influencia del constructivismo y evolucionaría, a partir del interés en la interfaz entre arquitectura, paisaje y geología, consolidándose bajo el nombre de «parametricismo». Bajo una fuerte, densa y cuestionable parafernalia teórica, sus proyectos entraron rápidamente en la categoría de edificio icónico y su nombre devino una marca, que tanto diseñaba grandes infraestructuras como zapatos, siempre razonadas como búsquedas de formas imprevistas, dinámicas y fluídas. El pabellón-puente que diseñó para la Expo2008 en Zaragoza es una muestra de esta deriva hacia la objetualización de la obra arquitectónica.

Hadid deja un importante hueco por una aportación indiscutible a la arquitectura contemporánea, no sólo por sus edificios sino por el modo en que ha moldeado, no sólo para la profesión sino para el público en general, la imagen del arquitecto de un tiempo reciente: egocéntrico, vanidoso, carismático. El tiempo dirá qué nos queda de ella.