Ferrer-Dalmau: «La pintura militar era un elemento raro cuando empecé, pero la gente quería tener una ventana a la historia de España»

El próximo jueves a las 19.00 horas, el diario ABC auspicia una conversación entre el pintor y el escritor en la sala Auditorio 400 del Museo Reina Sofía

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Al pintor Augusto Ferrer-Dalmau y al escritor Arturo Pérez-Reverte, dos viejos amigos, les encanta hablar entre ellos de sus criaturas, libros y pinturas, sus ventanas a la historia de España. El próximo 2 de febrero a las 19.00 horas lo harán de nuevo gracias al diario ABC y a la Fundación Mutua Madrileña, que apadrinan una conversación entre el pintor y el escritor en la sala Auditorio 400 del Museo Reina Sofía, presentada por el director de este diario, Bieito Rubido.

Pérez-Reverte y Ferrer-Dalmau han sabido dar, desde los libros y la pintura, una nueva dimensión al sentido de la historia de los españoles, una visión clara, moderna y sin complejos que explica bien los valores que todos compartimos.

«Para mí es un homenaje muy importante y el reconocimiento a tantos años y horas de trabajo sin parar. Es un momento muy emocionante en mi carrera. Vamos a pasar un rato muy agradable y a charlar de arte, actualidad, historia y comentar anécdotas», asegura Ferrer-Dalmau, que nos recibe en su estudio madrileño, donde ultima una nueva pintura dedicada a la cooperación naval entre el Imperio español y las 13 Colonias durante la Guerra de Independencia americana.

Desde que su amigo Pérez-Reverte le retara a lanzarse a la pintura naval con «El último combate del Glorioso» parece haber cogido carrerilla. Aquella representación, que muestra el final del navío, en 1747, tras mantener tres batallas, todas ellas contra fuerzas muy superiores de la Armada inglesa, es el cuadro más visto del Museo Naval de Madrid. «Me he tirado muchas horas sufriendo con estos cuadros. Son los que más me cuestan, porque te hacen jugar con retos técnicos tan complejos como las mareas, los aparejos y los vientos. Reverte es el absoluto culpable de ello. Nunca me lo había planteado antes. Él siempre me está provocando y dándome ideas. Me acaba de comentar un par de cuadros que me van a causar dolor de cabeza».

De las conversaciones entre ambos amigos surgió el cuadro «Rocroi, el último tercio» (2011), una composición pictórica que puso rostro a los soldados veteranos (entre ellos uno en segundo plano con el mismo rostro del escritor) que vendieron cara su derrota frente a los franceses en 1643. «Fue nuestro primera asociación; y desde entonces él siempre pone alguna pincelada o me sugiere algún detalle en los cuadros importantes», explica el mejor pintor de batallas de este tiempo.

De los Tercios al Ejércio actual

Aquella obra hizo público lo que era un secreto a voces en los círculos de aficionados a la historia militar: el enorme talento del pintor catalán afincado en Madrid. «Es nuestro mejor pintor de batallas desde el siglo XIX. Nadie había pintado con tanto talento y tanta hermosa eficacia la historia de España», apunta Arturo Pérez-Reverte. Nacido en Barcelona, Augusto Ferrer-Dalmau empezó su carrera con la pintura hiperrealista y paisajista, y saltó más tarde a una temática que resultaba inédita desde hace décadas en España.

Entre sus obras se encuentran cuadros de soldados de los Tercios de Flandes, conquistadores españoles en América, voluntarios de la División Azul y personajes tan emblemáticos como Agustina de Aragón o Miguel de Cervantes, entre incontables representaciones de la historia de España. De hecho, la popularidad adquirida durante los últimos años se debe en buena parte a que está poniendo imágenes, desde un gusto contemporáneo, a una historia casi ciega, porque esta pintura era un género muy poco visitado.

Pero también ha representado a nuestros soldados del presente, y por eso el pintor español ha visto desde cerca conflictos actuales como el de Afganistán o el Líbano, haciendo bocetos y tomando apuntes sobre el terreno, pintando la guerra moderna. Algunos elementos de la guerra son, como él mismo explica, intemporales.

Para ello no dudó en mancharse las manos con la arena del desierto y convivir con las tropas españolas de la ISAF, en 2012, y en la provincia de Helmand con las Fuerzas Armadas de Georgia años después. En mayo de 2016 pintó a las tropas españolas en la misión del Líbano, como fue narrando él mismo en un blog de ABC.

–¿Cómo definiría su obra a quien todavía no la conozca?

Es una pintura realista, que trata de transmitir una época, un sentimiento, una etapa de la historia de España de la que no ha habido fotografías ni iconografía. Mi obra trata de recuperar esos episodios perdidos, porque sabemos que el cine es caro. Creo que la mejor forma de transmitir aquellos sucesos es a través de la pintura.

–La temática militar llevaba muchas décadas acumulando polvo.

Este tipo de pintura era un elemento raro cuando empecé en el circuito de galerías, sobre todo en el mundo del coleccionismo, pero al correrse la voz mucha gente quiso tener una ventana a la historia de España en su casa. Ha sido un trabajo laborioso, de muchas horas sin dormir, investigando y pintando.

–¿Cómo comenzó su asociación con Pérez-Reverte

Nos conocimos hace diez años en una exposición y surgió al momento una fuerte amistad, porque hablábamos el mismo idioma y pensamos igual. Cuando he tenido dudas con algún detalle de un cuadro le he consultado. Me ayuda, intercambiamos ideas y colaboramos juntos. Nuestra asociación empezó con «Rocroi», y desde entonces en la gran mayoría de cuadros ha tenido algún comentario. Es el momento bonito de hacer un cuadro, cuando estudiamos la jugada previa. Es cuando realmente lo disfruto.

–¿Qué le falta por pintar de nuestra Historia?

Todo. Hay tantas cosas por recuperar. Quiero seguir pintando a los voluntarios catalanes en la campaña de África, que es un tema que merece la pena exprimir mucho. También quiero pintar una estampa de la Revolución rusa, que es un encargo y un reto.