La escultura de la polémica ha sido destruida
La escultura de la polémica ha sido destruida - abc

Los cosacos destrozan un relieve del Demonio, en San Petersburgo

Polémica por la retirada de una representación de Mefistófeles que decoraba la casa de un antiguo cantante de ópera que se hizo célebre con ese papel

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Activistas ortodoxos y cosacos vienen protagonizando desde hace meses acciones contra todo aquello que consideran una «ofensa a los creyentes». Al principio se dedicaban a presentar querellas ante la Justicia como la interpuesta contra las Pussy Riot o contra directores teatrales por poner en cartel obras «indignas». Ahora pasan directamente a la acción haciendo añicos obras de arte.

El último episodio de esta lucha sin descanso contra los «irreverentes» se produjo la semana pasada, el 26 de agosto, en un edificio estilo Art Nouveau considerado patrimonio nacional de la calle Lajtínskaya, 24 de San Petersburgo.

De la fachada del inmueble, construido en 1910 y diseñado por el arquitecto modernista Alexánder Lishnevski, fue derribado un bajorrelieve que representaba el rostro de Satanás. Según el nieto de Lishnevski, fue el inefable tenor ruso, Fiodor Shaliapin, quien inspiró al creador de la escultura. Éste interpretó repetidamente a Mefistófeles en «Fausto», la gran ópera de Charles François Gounod.

El vandálico atentado fue reivindicado al día siguiente por una organización llamada «Los cosacos de San Petersburgo» en una carta enviada a los medios de comunicación de la antigua capital imperial y firmada por un tal Denís Gorchin. «Somos nosotros quienes hemos echado abajo la escultura del Diablo y lo hemos hecho por muchas razones, la principal es que el lugar se había convertido en una de las atracciones turísticas de la ciudad», decía la misiva.

La Policía ha encontrado fragmentos del bajorrelieve en un contenedor de basura cerca de la casa dañada mientras la Fiscalía ha abierto una investigación criminal. Gorchin anunció después que él mismo no participó en los hechos.

Se da la circunstancia de que frente al edificio en cuestión se está construyendo una nueva iglesia, la de Santa Ksenia. Sin embargo, La Iglesia Ortodoxa rusa niega tener nada que ver con la demolición de Mefistófeles, acción que ha califica de «inadmisible». No obstante, el vicepresidente de uno de los departamentos el Sínodo, el padre Román Bagdasárov, ha declarado al diario Izvestia que «la Justicia no debería ser muy severa con estos cosacos, ya que, pese a haber osado violar la ley, parece que creían estar librando del mal a la antigua capital».

Lo cierto es que el acto de barbarie perpetrado contra la casa diseñada por Lishnevski ha levantado polémica. El domingo, varios centenares de personas se manifestaron en San Petersburgo condenando la actitud de los cosacos, a los que acusan de emplear los mismos métodos que el Estado Islámico, y exigiendo que la escultura sea reparada y reinstalada en el mismo sitio.

El pasado 14 de agosto, activistas ortodoxos del movimiento religioso Voluntad de Dios irrumpieron en una exposición en la sala del Maniezh, situada junto al Kremlin, y destrozaron varias esculturas por considerarlas «ofensivas» para los creyentes. Dijeron actuar según el espíritu de la ley promulgada por el presidente ruso, Vladímir Putin, hace dos años, que castiga con penas de hasta tres años de cárcel cualquier afrenta a los sentimientos religiosos. Aquella norma fue alentada y adoptada en el Parlamento después de que las tres integrantes del grupo punk Pussy Riot fueran condenadas a dos años de cárcel por improvisar un irrespetuoso concierto en el altar de la Catedral moscovita de Cristo Salvador, el principal templo del país.