El «Guernica», a su llegada al Casón del Buen Retiro de Madrid en 1981
El «Guernica», a su llegada al Casón del Buen Retiro de Madrid en 1981 - ABC

Suárez fraguó la llegada a España del «Guernica», el último exiliado

Siendo presidente del Gobierno escribió una carta a los herederos del pintor abordando el tema. Jugó un papel decisivo en las negociaciones para que el mítico cuadro viniese al fin a España

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El 10 de septiembre de 1981 llegaba a España, procedente de Nueva York y a bordo de un avión de Iberia, el último exiliado español. Un exiliado muy viajero y castigado: el «Guernica», de Picasso. Llegó escoltado, entre otros, por el ministro de Cultura, Íñigo Cavero; el director general y el subdirector general de Bellas Artes, Javier Tusell y Álvaro Martínez Novillo, respectivamente. Pero las negociaciones con el MoMA para que se desprendiera del mítico cuadro y con la familia Picasso para que se cumpliera el deseo del artista de que la obra viniera a España cuando hubiera libertades democráticas en el país, no fueron fáciles. Unos meses antes había dejado la presidencia del Gobierno Adolfo Suárez, pero, como recuerda José Pedro Pérez-Llorca, el acuerdo para la llegada del «Guernica» se fraguó estando él al frente del Gobierno. «Faltaban por cerrar algunos aspectos -cuándo y cómo se haría-, pero el acuerdo con el MoMA y con la familia estaba cocido. Cuando yo llego a Exteriores en el 80 este tema estaba ya en vías de solución».

Martínez Novillo, que vivió aquel histórico viaje del «Guernica» en primera línea, recuerda que Adolfo Suárez «escribió una carta personal a cada uno de los herederos de Picasso hablando del tema. Aquello tuvo una trascendencia enorme. Maya Picasso era muy combativa: no quería que se alterase el espíritu de su padre, que el tema se politizara. Al final acabó queriendo conocer al propio Suárez». El primer presidente del Gobierno de la democracia española, continúa Martínez Novillo, consideraba que el «Guernica» era «la culminación de un proyecto para recuperar la normalidad». Fue un proyecto, dice, en el que intervinieron el Ministerio de Asuntos Exteriores, el de Cultura y el jefe de Gabinete del presidente en Moncloa, Alberto Aza. Cuando llegó el cuadro al Casón del Buen Retiro en septiembre del 81, Suárez ya no era presidente del Gobierno, sino Leopoldo Calvo-Sotelo, pero es de justicia recordar, tras su muerte, el decisivo papel que jugó en las negociaciones y que muchos parecen haber querido silenciar.

Primer Ministerio de Cultura

Tanto Pérez-Llorca como Martínez Novillo recuerdan que con Adolfo Suárez se creó el primer Ministerio de Cultura de la Historia de España. Su primer titular, Pío Cabanillas. Entre los logros del Gobierno de Suárez en materia cultural también se halla la creación del 1% cultural, aún hoy vigente, procedente de toda obra pública en la que invertía el Estado. Aquello permitió, por ejemplo, llenar Madrid de algunos monumentos. En aquellos años se hicieron importantes exposiciones en España, como la gran antológica de Miró en el antiguo Museo de Arte Contemporáneo en 1978. También se dedicaron muestras a Tàpies, Chillida, Antonio Saura, Clavé, Manuel Ángeles Ortiz...

«Se produjo una normalización, con los grandes nombres de la Cultura, para que expusieran en salas oficiales del país», apunta Martínez Novillo. Hubo otras muestras muy significativas, como la dedicada a la Guerra Civil española, en el Palacio de Cristal del Retiro. «Se rompieron muchos tabúes. Por ejemplo, en la portada del catálogo estaba la bandera republicana», dice Martínez Novillo. Y en el Palacio de Velázquez se inauguró la muestra «Cien años de cultura catalana». Impensable antes.

Martínez Novillo recuerda a Suárez como «una persona extraordinariamente prudente en el tema cultural. No quería asumir nunca excesivo protagonismo. Confiaba en sus equipos. El estilo de Adolfo Suárez era la cercanía, la proximidad. No pedía cosas a cambio. Ni quería ponerse flores. Se trabajaba a un ritmo vertiginoso. Eran años de enorme ilusión. Se estaban dando pasos de gigante en la sociedad española. Se generó un compromiso colectivo de seguir adelante. Fue un ambiente irrepetible».