George Clooney en Venecia - AP

El esmoquin de Clooney para abrir la Mostra

La 68 edición vuelve a ser escaparate del cine de autor y del cine americano de la temporada otoño-invierno

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El Festival de Venecia es, por principios, el que con más obsesión se dedica al llamado cine de autor, el cual busca y rescata de los rincones más variados y exóticos del planeta. Y esos son, en principio, sus principios, pero si no les gustan, tiene otros: el Festival es también el gran escaparate del cine americano que se llevará durante la temporada de otoño e invierno... Y no es fácil conciliar dos principios tan terminales: el cine recóndito de autor que nunca se verá y el gran cine americano por venir, pero se trata de la Mostra de Venecia, el Festival más antiguo y elegantoso y, con suerte, logra conciliarlos.

Y este año, el de su 68 edición, el de la despedida de su director de los últimos años, Marco Müller, parece de antemano un perfecto ejercicio conciliador desde el mismo día inaugural, pues hoy se abre el telón con la última película que ha dirigido George Clooney, alguien ya tan ensamblado con el paisaje veneciano como la camiseta de los gondoleros. La película se situla «Los idus de marzo» y trae con ella el primer desembarco de estrellas, pues la protagonizan Ryan Gosling, Philip Seymour Hoffman, Paul Giamatti y Marisa Tomei. Naturalmente, es una película con trasfondo político, que es lo que más (o casi) le gusta a Clooney, que ha sido el primero en llegar al islote.

Y George Clooney sería el centro geográfico de un arsenal de cine americano absolutamente extremo, pues lo traen algunos de los cineastas más «raros» pero también más interesantes de la actualidad, como Abel Ferrara, William Friedkin o Todd Solondz, un trío que ningún frenopático se atrevería a juntar una tarde. «4:44, Last day on Earth», «Killer Joe» y «Dark House» son las películas que traen, y Willem Dafoe, Matthew McConaughey (desposeído, al parecer, de su pintilla de litronero), Mia Farrow o Christopher Walken son algunos de los protagonistas. Otra película americana a competición es «Texas Killing Fields», la ha dirigido Ami Canaan Mann, hija de Michael Mann, y por su título y su genética no habría que esperar de ella una paz zen.

Más allá de este rosario perturbador, también se ha buscado, digamos, el desequilibrio como criterio central, de tal modo que no podían faltar algunos maestros del asunto, como David Cronenberg con una película sobre la relación entre Freud y Jung (¡!), protagonizada por el equilibrio hecho actuación de Viggo Mortensen y Vincent Cassel (¡!) o Roman Polansky con una película titulada «Un dios salvaje», basada en una obra teatral de Yasmina Reza. Maestros y alumnos tan aventajados en caminar por los extremos como Todd Haynes, Steven Soderbergh o el sueco Thomas Alfredson, quien tras la abrumadora «Déjame entrar» aparece aquí con «El topo», extraída probablemente como una muela del sinuoso mundo de John LeCarré. El inglés Steve McQueen y el griego Yorgos Lanthimos, directores respectivamente de las chocantes «Hunger» y «Canino», y a los que tampoco citarían la misma tarde en ese hipotético frenopático, aparecen en el paisaje de la competición con «Alps» y «Shame». Y no se puede terminar una lista de directores «raros» sin citar al ruso Sokurov, que presenta «Faust», o sea que habrá que santiguarse antes de verla.

Celuloide a la italiana

El cine italiano estará representado por Emanuele Crialese («Terraferma»), Gianni Pacinotti («L’ultimo terrestre») y Cristina Comencini («Quando la notte»), y el cine francés, por el veterano Philippe Garrel («Un verano caliente») y la novísima Marjane Satrapi, que cambia de plato y cubierto tras el éxito de su película animada «Persépolis» y ahora vuelve con «Pollo con ciruelas».

Del cine español no hay grandes noticias en esta edición, aunque se anuncia un título fuera de concurso, «Eva», dirigido por Kike Maíllo, que protagonizan Marta Etura, Daniel Brühl y Alberto Ammann. Y junto a «Eva», o sea, fuera de concurso, Madonna, que deja un momento de bailar y de lo demás para dirigir una película sorprendente, «W. E.»..., en la que se centra en la relación también sorprendente entre Eduardo VIII y Wallis Simpson. Y el único que le puede hacer sombra a Madonna a la orilla de un canal es Al Pacino, que va a no competir con «Wild Salomé», adaptada de la obra de Wilde, que tiene como protagonista a Jessica Chastain, la actriz de moda desde que protagonizó «El árbol de la vida», de Terrence Malick. Quien quisiera un buen motivo para asistir a esta edición del Festival de Venecia, ahí la tiene: echarle un vistazo a Jessica Chastain.

Con eso sería suficiente, aunque hay otros posibles vistazos que también son merecedores del viaje: Kate Winslet, Matt Damon, Gwyneth Paltrow, Keira Knightley o Colin Firth, todos ellos dispuestos a recorrer esos doscientos metros que separan el Hotel Excelsior del Palacio del Cine del Lido veneciano... Ya se lo avisaba George Clooney, según han contado las agencias, hace unos días a la Prensa italiana como respuesta a alguna pregunta indiscreta sobre su ex novia, la impresionante Elisabetta Canalis, muy de la zona, «allí me veréis..., yo seré aquel del esmoquin que lleva una nueva chica al lado». En fin, para conchabarse con John Malkovitch y tirarle un piano a la cabeza.