Pilar Jurado será la primera mujer que estrene una ópera en el Teatro Real

Pilar Jurado será la primera mujer que estrene una ópera en el Teatro Real

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Pilar Jurado, en el hotel Urban de Madrid, la semana pasada

POR SUSANA GAVIÑA

FOTO: JAIME GARCÍA

MADRID. «Personal» e «independiente» son dos de los calificativos que Pilar Jurado ha escogido para autodefinirse, aunque reconoce que casi prefiere que se la considere inclasificable. Y lo es. Primero, porque son muchos los frentes en los que se ha embarcado a lo largo de su trayectoria profesional -composición, canto, dirección de orquesta, gestión (ha presidido durante diez años la Asociación de compositores madrileños)-; y después porque no ha seguido ninguna moda o estética. «Soy inclasificable porque me interesan muchas cosas», expone esta mujer que desborda una energía contagiosa.

Pilar Jurado llega al punto de encuentro con ABC en su flamante deportivo descapotable -cubierto pues comienza a llover-. Se presenta vestida en blanco y negro, con una generosa sonrisa y una hiperactividad digna de estudio. Aquellos que la conocen saben de lo que hablo. Tras volver loco al fotógrafo, se sumerge en su mundo, el de la música, lleno de proyectos y de retos. Es un mundo al que lleva vinculada más de treinta años -«comencé a estudiar con ocho años»-, los quince últimos de manera profesional. Ahora es cuando comienza a recoger los frutos de su trabajo. Los compromisos se le acumulan, tanto como compositora y como soprano, dos actividades que compagina. «Ahora que mi voz está en un momento estupendo tengo que aprovecharlo». Sin dejar, por supuesto, de lado la composición: «Acabaré mis días haciendo música y escribiendo mientras mi cerebro me lo permita». Además de tener su agenda comprometida hasta el 2011, Jurado confiesa que también aprecia el cariño del público. «La vida es como un boomerang, te devuelve las cosas con creces. Me siento mimada», bromea delante de una taza de café y un zumo de melocotón, «los cítricos no son buenos para la voz», matiza.

Ahora es noticia por dos motivos: la presentación la próxima semana del disco «L´Arte della coloratura»; y, sobre todo, por recibir el encargo del Teatro Real para escribir una ópera que se estrenará en febrero de 2011, convirtiéndose así en la primera mujer que crea una obra para este escenario.

La iniciativa partió del director artístico del coliseo madrileño, Antonio Moral, quien ya la comisionó en 2005 para componer un «Stabat Mater» en la Semana Religiosa de Cuenca, de la que era entonces responsable. La experiencia debió de ser buena, pues vuelve a reincidir en esta compositora, cuya labor creadora está avalada por casi 90 partituras, de distintos formatos, aunque ésta será su primera ópera. «Estoy muy ilusionada y creo que todavía no soy consciente del reto que supone».

A Pilar Jurado casi hay que arrancarle los detalles pues el proyecto está en pleno proceso de elaboración. La obra llevará por título «Una página en blanco» y tendrá una duración de hora y media. La soprano, de quien ha partido la historia -«un thriller y no puedo desvelar más», bromea-, colabora también en el libreto. En cuanto a la partitura, dice que volcará en ella su experiencia como intérprete -ha estrenado obras de Tomás Marco, Luis de Pablo, Cristóbal Halffter, José Luis Turina ...-, lo que le permitirá aportar «la visión desde el otro lado del escenario» y reconciliarse con «un público que se siente defraudado por la música contemporánea, en la que la voz pasa a un segundo plano, en favor de otros aspectos». Frente a ello, ella promete una ópera «con grandes voces» y con un argumento actual. «La gente necesita sentir cercanía con el tema. No siempre tiene que ser mitológico». A ello se añade su intención de «concentrar la acción porque el público de hoy no es como el del siglo XIX». En definitiva, su reto es componer «una ópera actual enfocada hacia las posibilidades técnicas».

Sobre el hecho de convertirse en la primera mujer que estrena una ópera en el Teatro Real, no quiere enarbolar la bandera del feminismo. «El creador es un ser que crea al margen de su sexo. Es algo que va ligado a su sensibilidad. Y tanto hombres como mujeres tienen derecho a expresarse». Reconoce, sin embargo, las dificultades sufridas por su género para destacar en este campo. «Es cierto que en el pasado se ha tapado la labor de mujeres compositoras estupendas, como Clara Schumann, cuyas obras apenas han trascendido. Y otras han tenido que firmar como hombres para ser tenidas en cuenta». Hoy, parece que el género es un obstáculo que todavía persiste: «Si fuera un intelectual con perilla me valorarían más», se ríe.