Los fantasmas del Museo del Prado

Quienes se resistieron al nombramiento de Pérez Llorca ni siquiera habían consultado con «su» candidato, Carlos Zurita

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Después de una semana de extraña polémica, la vida de nuestra primera institución cultural vuelve a la normalidad, con la elección de su nuevo presidente, José Pedro Pérez Llorca, para un mandato de cinco años. Pero lo que sí está ya confirmado es que Carlos Zurita, duque de Soria y presidente de la Fundación Amigos del Prado, no había sido candidato a presidir el Real Patronato de nuestro primer museo. En absoluto.

Así lo expresó él mismo el pasado jueves 25, según ha podido saber ABC, ante el pleno del órgano rector de la pinacoteca, reunido con el fin de elegir al sucesor de Plácido Arango.

Al hacerlo acallaba los rumores y las filtraciones interesadas que, desde dentro y desde el entorno del propio Museo del Prado, habían llevado a confrontar su candidatura con la de José Pedro Pérez Llorca, propuesto por el Gobierno, que es quien suele proponer a los presidentes del Prado, y elegido por unanimidad.

Así que cabe preguntarse: ¿Quién había planteado su candidatura y por qué, sin tomarse el trabajo de hablar con él siquiera? Tal vez porque no salió bien la operación para nombrar a Javier Solana nuevo presidente, como quería el Gobierno de Zapatero, mientras estuvo en el poder. Pero en diciembre de 2011 el nuevo Ejecutivo tomó posesión. Y Solana, como candidato, ya no era de consenso y además le corresponde proponerlo al presidente del Gobierno.

Zurita aseguró que ni se lo había planteado él ni se lo habían pedido los supuestos promotores. Y, de hecho, en su alocución ante el Patronato recordó que, mediados los años noventa, cuando aún José Antonio Fernández Ordóñez era presidente del órgano rector, fue la única vez en la que se abordó esa posibilidad, pero sin consecuencias.

Sea como fuere, la polémica estaba muerta antes de nacer. Cosas raras, casi fenómenos inexplicables que acontecen en las instituciones que frisan los doscientos años de historia. Instituciones modernas pero llenas de recovecos.

Pérez Llorca llega al cargo después de una figura como Plácido Arango, que fue designado el jueves patrono honorífico, gracias a la gran labor realizada en su mandato. En la reunión de la semana pasada, los patronos se encontraron con el abogado gaditano, que actuó muy elegantemente y con chispa. «Se ganó a todo el mundo», comentan algunos patronos.

Incluso la vicepresidenta Amelia Valcárcel, que había declarado públicamente su preferencia por un presidente de dentro del mundo del museo y del mundo del arte (¿se refería a Carlos Zurita?), no ahorró elogios hacia el recién llegado y su perfil.

El ministro Wert definió sin ambages al nuevo presidente como «idóneo». Igual que el director, Miguel Zugaza, que también celebró la elección públicamente. El ministro insistió que ahora el desafío es alcanzar un grado óptimo de autofinanciación, cuando el Prado ha sido dotado con una ley de autonomía y no debe exigir esfuerzos excesivos a las arcas públicas.

Wert señaló la paradoja de que las buenas gestiones reciben ese «castigo» que supone que, habiendo aumentado su capacidad para recabar fondos, el Museo del Prado reciba la importante reducción en las partidas públicas para el próximo año.

Fue Eduardo Serra, según las fuentes consultadas, el único que invocó el pacto parlamentario que protege al prado de las polémicas políticas, y en ese sentido señaló que la figura de José Pedro Pérez Llorca, retirado de la vida pública desde hace años y con una importante carrera como abogado, era también por eso un candidato excelente, ya que no puede ser asociado a ningun partido.