Vídeo: El Tratado de Londres, la paz con la que España avergonzó a Inglaterra tras la «Armada Invencible»
Congreso histórico en Cartagena

Las mentiras de la Armada «invencible» que ocultan el desastre naval inglés de 1589

Los historiadores llevan décadas aportando pruebas ignoradas en Gran Bretaña

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Cuando faltan unas horas para la inauguración del I Congreso Internacional La Armada española de 1588 y la Contra Armada inglesa de 1589, que se celebrará en el Museo Nacional de Arqueología Subacuática de Cartagena, hay que reivindicar el fin de las grandes distorsiones de esta historia. Resulta sorprendente que hayan tenido que pasar la friolera de 430 años del episodio de la Contra Armada –el contraataque inglés, al año siguiente de la mal llamada Invencible–, que conllevó la mayor catástrofe naval de la historia de Inglaterra, para que se celebre el primer congreso sobre este tema.

Mucho se ha escrito en Inglaterra sobre la Gran Armada al paso de los siglos y hasta hoy, y sin embargo, después de tanta investigación, nadie consiguió averiguar cuestiones tan relevantes como el número de barcos perdidos, qué tipología tenían, las bajas de ambos contendientes… No. El mensaje repetido siglo tras siglo fue que naufragaron, o fueron hundidos, casi todos, sumiendo al Imperio español en una debacle que mostró sus carencias y su carácter obsoleto, e inicio su decadencia, anunciando a la vez la emersión de la Royal Navy y el flamante imperio inglés. Esto, a la altura de 1589, está tan cerca de la historia como las películas de Walt Disney. Pero no se alteren. Yo se lo resumo.

La Gran Armada no era exactamente una armada, sino un convoy de transporte de tropas escoltado por 20 barcos de guerra, los famosos galeones. De los 20, se perdieron… ¡tres! Pero, ojo, de esos tres, dos (San Felipe y San Mateo) fueron rodeados por barcos ingleses y acribillados en Gravelinas durante horas a distancia, respondiendo al fuego en esas condiciones, y, aunque quedaron dañados, ni se hundieron, ni fueron capturados, pues nadie se aproximó lo suficiente. El San Felipe varará más tarde en Nieuport, salvándose la tripulación. El San Mateo, al día siguiente, mientras se dirige al Flandes español, se encuentra con una flotilla angloholandesa contra la que aún combatirá durante dos horas hasta que, agotada la munición y diezmada la tripulación, se rinde, siendo llevado a Flesinga, donde acabará por hundirse. El restante, el San Marcos, fue el único galeón que naufragó en el viaje de vuelta. Y esto es relevante, pues fueron ellos los que mantuvieron fundamentalmente los combates. Esos eran los galeones.

Las naos cantábricas también revestían interés militar, pues tenían una función mixta de transporte y guerra. De las 29 que participaron, se perdieron ocho. Pero la Gran Armada llevaba muchos barcos de transporte, y ahí estuvo la tragedia: entre las grandes naves mediterráneas, italianas y croatas, y los panzudos cargueros, alemanes y flamencos, naufragaron 19. También contaba con cuatro galeazas, barcos de guerra italianos y poco aptos para el atlántico, de los que perdió dos.

Problema

El problema, en fin, de la Gran Armada, no derivó de la artillería inglesa, sino de la deficiente sincronización entre Medina Sidonia y el ejército de Alejandro Farnesio, lo que obligó a la flota a fondear precariamente en Calais, lo que posibilitó a su vez la embestida de los brulotes (barcos incendiarios) ingleses, la dispersión, y el ataque a barcos sueltos en Gravelinas.

Conozco estas cosas porque he leído la historiografía española. Y, entre ella, «Los barcos españoles del siglo XVI y la Gran Armada» (San Martin, 1988), de José Luis Casado Soto. Los datos que acabo de transmitirles están pues a disposición de la comunidad académica desde hace 30 años. Sin embargo, la historiografía anglófona los ha ignorado hasta hoy. Efectivamente, no han pasado la «barrera idiomática». Estos datos, y otros acerca de los importantes daños sufridos por la flota inglesa de 1588, malograban el mito nacionalista inglés, con su retahíla de tópicos asociados, libros, películas, documentales…

Pero España no ha dejado de investigar, y fruto de ello da a luz, entre otras magníficas obras, «La Invencible y su Leyenda Negra» (Arín, 2013), de Antonio Luis Gómez Beltrán. Una verdadera vuelta de tuerca, un análisis científico de los barcos, la navegación, técnicas, tácticas, artillería, escrito por un ingeniero. Este libro convierte en serrín la imagen mítica de la «Invencible» (la que hemos estudiado de pequeños), que previamente Casado había hecho astillas.

Pero los que sí sabían que la Gran Armada había regresado eran los ingleses de aquel tiempo, y por eso Isabel I fletó la Contra Armada. Los datos que daré a continuación están recogidos en mi obra «Contra Armada. La mayor catástrofe naval de la historia de Inglaterra» (Ministerio de Defensa, 2011), traducida al inglés como «The English Armada. The Greatest Naval Disaster in English History» (Bloomsbury, 2018). Obra a la que, como en la canción, he dedicado mi vida entera. Esta flota pretendía sacar partido de la momentánea debilidad de Felipe II tras la tormentosa vuelta de la Gran Armada a España necesitada de una completa rehabilitación. Isabel I era consciente de que, durante unos meses, España estaba huérfana de poder naval en el Atlántico, y pretendió aprovechar al máximo el irrepetible momento para destruir en Santander la Gran Armada en reparación, tomar Lisboa, segregar Portugal de España, conquistar las Azores, interceptar la flota de Indias, y preparar la penetración inglesa en la América de Felipe II. Su gran sueño. Por eso 180 barcos y 27.667 hombres zarpan de Plymouth el 28 abril de 1589, siendo esta una flota más grande que la propia Gran Armada.

Muy sumariamente, diré que las bajas de la Contra Armada en los combates en La Coruña, donde María Pita, y esto sí es historia, mató a un alférez inglés, fueron mayores que las bajas en combate de la Gran Armada en Gravelinas y el resto de escaramuzas; lo mismo ocurre con las posteriores bajas que sufre el general Norris en su expedición terrestre hacia Lisboa, y en su conato de asedio a esta ciudad. En estas operaciones terrestres, por cierto, se ganaron dos banderas que, recién y magníficamente restauradas en Madrid, vuelven a lucir hoy en la catedral de Sigüenza.

Bajas totales

Diré que fueron hundidos entre cinco y siete barcos en los combates navales contra las galeras españolas. También que, a diferencia de la Gran Armada, cuyas bajas en combate naval fueron reducidas, (unos 707 muertos y 961 heridos) la Contra Armada tuvo varios miles de muertos en batalla, la mayor parte en combates terrestres. Que las bajas totales de la Contra Armada, sumadas las sufridas en su viaje de vuelta por el tifus y el hambre, fueron mayores que las bajas totales que tuvo la Gran Armada, incluidos naufragios y matanzas de náufragos.

La española no llegó al 50%; la inglesa superó el 75%: unos 11.000 hombres la española, por unos 20.000 la inglesa; 35 barcos la española, por unos 70-80 la inglesa, estos últimos en general más pequeños. Que el fracaso de esta expedición cambió el signo de la guerra, y que la ocultación de este hecho comenzó en el mismo momento en que se produjo. Todos estos datos exhaustivamente documentados, y recogidos en «English Armada», están haciendo mella en la comunidad académica anglófona, y generando un amargo debate y un agrio despertar a la realidad histórica. Nada mejor que traer a colación una de las últimas reseñas, la de Patrick Madigan, publicada recientemente en el «Heythrop Journal», donde afirma que «el desprecio por la verdad, y por hacerla pública, en la oficialmente más empírica de las culturas, es sorprendente y espantoso». Y añade con dureza: «Como Samuel Johnson sentenció: el patriotismo es el último refugio de un sinvergüenza, pero este libro demuestra que, en la historia moderna inglesa, es y ha sido frecuentemente el primer refugio».

Mientras hago las maletas para viajar a Cartagena, me pregunto: ¿Qué ocurrirá ahora? ¿Inauguraremos una nueva época en la que la dimensión científica de la historia venza sobre los mitos? ¿Superaremos esa leyenda negra, ese paradigma antiespañol, cuyos efectos sentimos todos y cada uno de nuestros días?

[Luis Gorrochategui Santos es autor del libro «Contra Armada. La mayor catástrofe naval de la historia de Inglaterra»]