Darío Villanueva y Juan Luis Cebrián, en una imagen de archivo
Darío Villanueva y Juan Luis Cebrián, en una imagen de archivo

Malestar en la RAE ante la ambición de Juan Luis Cebrián de dirigir la institución

En el pleno del jueves comentó con varios académicos que su candidatura tenía cierto respaldo del director saliente

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Nadie lo esperaba. La noticia ha agitado mucho el ánimo de los académicos. Esta crónica deberá hablar entre líneas, no enemigas pero sí en pugna, para narrar la confrontación que ha estallado en la Real Academia Española (RAE). El jueves sobrevino el anuncio del director, Darío Villanueva, de que no quiere ser reelegido al término de este mandato, que se cumple en diciembre. Y, con una extraña sincronía, esa «dimisión» fue seguida por el paso al frente del periodista y exdirector de «El País» Juan Luis Cebrián, que se postula como sucesor. Ocurrió en la «sala de las pastas», en una pausa del pleno académico. Cebrián habló con varios corros sobre el tema, según confirman a ABC algunos testigos. Y en una o dos ocasiones sugirió que el propio director le había animado a lanzarse en pos de los apoyos para sucederle en la RAE. Vistos en conjunto, ambos movimientos han abierto una grieta por la que respira el malestar, a veces la indignación, de un buen número de académicos, que no ven en Cebrián la persona que la Docta Casa necesita en estos momentos tan delicados.

La Constitución

Muy delicados. Hasta el polvo que se posa sobre los libros de la RAE sabe latín. Pero la política, que se declina en España con yuxtaposiciones sin concordancia ninguna entre escaños, ha levantado una polvareda, por ejemplo, con el encargo de la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, de un dictamen sobre una posible reforma de la Constitución para dotarla de un lenguaje inclusivo. «¿Cómo va a ser Cebrián, un hombre tan significado política y mediáticamente, el candidato idóneo para mantener el pulso cuando se necesita un alarde de diplomacia?», se pregunta un académico, que lo define: «Es demasiado arrogante y ambicioso».

Las opiniones se amontonan sobre la mesa del cronista: «Me quedo estupefacto», «es una pésima noticia, espero que no le voten». Eso sí, quienes realizan estas críticas piden no salir nombrados. Algunos hablan de «escándalo». Un importante académico declara que «espero que no salga porque sería horroroso. Se necesita un probado gestor y Cebrián es una personalidad importante pero viene marcada por una gestión espantosa del grupo Prisa en el que tuvo las más altas responsabilidades y que ha quedado gravemente dañado tras su paso». Aún así, algunos le defienden. Curiosamente piden anonimato los más para no significarse: «Lo veo con buenos ojos, pero no tiene ambiente favorable, es muy de izquierdas».

La opinión mayoritaria pulsada por ABC se resume en este comentario: «Se necesita una personalidad de prestigio pero que no sea problemática y Cebrián es en ese sentido inadecuado por la polémica que traería a la RAE en un momento de graves dificultades económicas». Con dos millones de déficit este año, con una subvención que ha caído de 4 a 1,6 millones y la pérdida de las ventas de diccionarios por la digitalización, la caída de los patrocinios y otras fallas, el horizonte es preocupante.

Hay incluso algún académico que sospecha de la sincronía producida entre la salida de Villanueva y el anuncio de Cebrián, «para quien la dirección de la RAE sería probablemente un colofón perfecto a una carrera relevante, pero que puede cargarse el prestigio de la Academia por no medir lo problemática que resulta su figura en una institución capital de la diplomacia cultural y que debe alejarse de toda polémica». Hay un académico que incluso afirma que la dirección de la RAE debería ser «verdaderamente neutral» (aquí los lectores deberán leer mucho entre líneas).

Circulan ya listas de quienes le pueden apoyar, de quienes le deben favores o de quienes pueden volcarse en su favor. Más bien cortas, ciertamente. Y también listas de otros posibles académicos que podrían presentar batalla. Fundamentalmente quienes fueron vicepresidentes, José Manuel Sánchez Ron y José Antonio Pascual, y el jurista Santiago Muñoz Machado, autor del Diccionario Jurídico y de un libro sobre la expansión del español en América. Queda mucho tiempo para la elección, que tendrá lugar el próximo 13 de diciembre. Pueden pasar muchas cosas.

Según los estatutos de la RAE, todos los académicos pueden ser elegidos nuevo director. Y no se prevé que el elegido pueda negarse a aceptar el cargo. «Es un poco como el cónclave papal, aunque –recuerda un académico– no actúa el Espíritu Santo sino más bien el Espíritu de la Ilustración». Los mejor situados, eso sí, comenzarán a ganarse adeptos como Cebrián, en las distancias cortas de los plenos, o en cenáculos y reuniones.

«Tiene enemigos»

Algunos, como Luis María Anson, confirman el hecho de que Cebrián se postula y comentan que esto es un episodio perfectamente normal en la vida académica y tensiones de este tipo se producen al término de cada mandato. Reconoce que Cebrián, que «ha sido un académico estupendo», ha estado en el ostracismo últimamente. «Sabe que tiene muchos enemigos dentro de la Academia» por lo cual quita hierro a las divisiones: «Todos nos llamamos de usted y nos tratamos con cortesía como en el siglo XVIII».

El exdirector José Manuel Blecua reconoce que «la Academia se parece poco a Prisa, necesita mucha diplomacia, experiencia, y saber que América es un problema enorme, poque presidimos la Asociación de Academias pero allí también tienen falta de medios. No es un cargo fácil, pero en este momento menos aún». Otro académico, Luis Mateo Díez, recuerda que fue tesorero: «En un momento mucho mejor económicamente, había fondos, la vida no era muelle pero sí llevadera». Destacan muchos que la Fundación Pro Real Academia, que mantiene un capital de 17 millones, ha visto cómo dejaban de producir intereses que también servían para financiar proyectos. Y haber anunciado el proceso electoral tan pronto «no ayuda, hay convenios urgentes que se demorarán para que los firme el nuevo director». Una opinión emerge entre todas: «La Academia es un santuario, una institución muy delicada».