Sus composiciones alegres e irónicas lograron el enganche del gran público
Sus composiciones alegres e irónicas lograron el enganche del gran público - ABC
110 años de su muerte

Chueca, el maestro de la zarzuela que da nombre al barrio gay y hasta los ladrones respetaban

El autor de celébres piezas como «La Lola», «La Gran Vía» o «Agua, azucarillos y aguardiente» falleció tal día como hoy hace 110 años

MADRIDActualizado:

Federico Chueca (1846-1908) es uno de nuestros principales compositores, autor de algunas de las más célebres zarzuelas patrias, como «La Lola», «La Gran Vía» o «Agua, azucarillos y aguardiente». Su familia le obligó a estudiar Medicina, pero suplió las lagunas de su formación teórica con una gran inspiración y espíritu autodidacta. Gozó de una enorme en su época.

Y es que la figura de Chueca fue tan popular como su música en el Madrid de entonces, hasta el punto que incluso los ladrones le respetaban, según cuentan las crónicas de la época mencionadas por Susana Gaviña en un artículo en ABC, porque le devolvían la cartera sustraída cuando averiguaban quién era el dueño.

La biografía del artista es de película: Pío Estanislao Federico Chueca y Robres, hijo de un conserje, nació en la céntrica Plaza de la Villa en Madrid e inició sus estudios en el conservatorio a los ocho años, destacando por su talento. Por presión familiar los interrumpió para dedicarse a la medicina. Sus inicios musicales comenzaron a partir de una obra que escribió en prisión, «Lamentos de un preso», cuando estuvo detenido tres días por alborotar en manifestaciones contra el Gobierno de Narváez. La orquestó Barbieri, su padrino. Además de este, se apoyó mucho en Bretón y, sobre todo, en Joaquín Valverde. Sus composiciones alegres e irónicas lograron el enganche del gran público. «Gran Vía» estuvo cuatro años consecutivos en cartel en el Teatro Apolo.

Hasta el filósofo alemán Friedrich Nietzsche escribió sobre Chueca, según recoge Zarzuela.net: «Una importante ampliación del concepto, la opereta española La Gran Vía, que he escuchado dos veces, un acontecimiento madrileño de primer orden. Algo que simplemente no puede ser importado; se tendría que ser un pícaro y el demonio mismo, un tipo instintivo y solemne a la vez… Un trío de tres solemnes, viejos e inmensos villanos es lo más fuerte que he visto y oído… incluso en música: el genio no se puede formular».

En el día de hoy, aprovechando la efeméride, la Biblioteca Nacional está lanzando una serie de tuits desde su cuenta oficial en los que recuerda la figura del maestro del género chico y en los cuales incluso han incluido una lista de reproducción si se pincha en este enlace. Y da nombre al céntrico barrio madrileño centro neurálgico de las fiestas del Orgullo gay que se celebraran en inicio de julio.

Por último, querríamos recuperar otra pieza sobre Chueca firmada por su tocayo Federico Ayala Sörenssen en ABC, en donde toma una imagen (al final del artículo) que sirvió de ilustración para el entremés «El Maestro Chueca en la Pradera del Santo», escrito por el poeta Antonio Casero. Se trata de un homenaje al casticismo del compositor, que se prestó con amabilidad y humor a ello. Destacaremos sólo un párrafo, pero antes les pondremos en situación: el Maestro Chueca grita en la Pradera quejándose de que se ha perdido el casticismo que tenía la Romería de San Isidro. Un guardia le pide explicaciones por tantos gritos, a lo que él responde que le han robado:

«Guardia 1º.- ¿Fue mucho?

Chueca.- Sí, señor; las ilusiones de toda mi vida: yo he venido aquí hoy en busca de lo típico, de la bullanga y la flamenquería que tanto me inspiraron para hacer mi música, porque yo soy músico, aunque con este sombrerito ancho parezca un picador de toros jubilado»