Un retrato de Alan Turing, quien al morir dividió sus bienes en partes iguales entre un grupo de colegas y su madre
Un retrato de Alan Turing, quien al morir dividió sus bienes en partes iguales entre un grupo de colegas y su madre - ABC

Las últimas voluntades de Dickens, George Orwell y Alan Turing, disponibles en internet

Se encuentran entre los 41 millones de testamentos que el Gobierno británico ha puesto a disposición de los internautas

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Los testamentos de Charles Dickens, John Maynard Keynes, Winston Churchill, George Orwell o Alan Turing ya pueden consultarse en internet. Se encuentran entre los 41 millones de últimas voluntades que el Gobierno británico ha puesto a disposición de los internautas, lo que supone el acceso telemático a los archivos testamentarios de Inglaterra y Gales.

Los documentos se remontan hasta el año 1858. Conforman una base de datos abierta y online que permite a los interesados realizar una búsqueda escribiendo un apellido y el año del fallecimiento. La copia electrónica del testamento seleccionado se obtendrá en diez días, pagando por ello 10 libras (menos de 13 euros).

Los curiosos podrán constatar que Dickens dispuso ser «enterrado de una forma barata, sin ostentaciones y estrictamente en privado». Redactó su testamento en 1869, apenas un año antes de morir, y dejó 1.000 libras, una fortuna para la época, a la joven actrizNelly Ternan, su presunta amante. Alan Turing, fallecido en 1954 tras ingerir una manzana envenenada con cianuro, dividió sus bienes en partes iguales entre un grupo de colegas y su madre, mientras que Winston Churchill, legó una fortuna de 304.044 libras.

El economista John Maynard Keynes deseaba que la mayor parte de sus notas y manuscritos inéditos fuese destruida. Por el contrario, el escritor George Orwell reclamó que sus archivos fueran preservados. El pensador Ludwig Wittgenstein, que renunció a la herencia de su riquísima familia austríaca, falleció en Cambridge en 1951 y nombró al profesor Rush Rhee como albacea de las 3.247 libras de su herencia.

Sus testamentos siempre fueron públicos, pero hasta ahora no podían ser consultados en internet. Ahora pueden ser utilizados por los genealogistas aficionados y profesionales, pero también por cualquiera que sienta curiosidad por descubrir las últimas voluntades de una persona célebre. «Es un recurso fantástico para cualquiera que tenga interés en la historia social o en los personajes célebres», declaró la secretaria de Estado para la Justicia encargada de los tribunales, Shailesh Vara.